2005

Página12 - 26 de junio de 2005

 

El terror nuclear

Por José Pablo Feinmann

 

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Algunos voceros de Washington declararon –con total sinceridad– que hoy el mundo es menos seguro de lo que era antes de la caída del Muro de Berlín. Todo era tan sencillo entonces. Dos bloques poderosos, armados hasta los dientes, ladrándose todo el tiempo, nunca mordiéndose. Las mordidas, los tarascones de la muerte sucedían en los territorios del Tercer Mundo: Vietnam, Cambodia y las “guerras mundiales” asumidas por las dictaduras latinoamericanas. En nuestro país esa “guerra” (que los militares llamaron “tercera”) desató una masacre inédita e inaudita sobre cuyos culpables (asesinos, en rigor) acaba de caer la mala noticia de la derogación de las leyes que les daban impunidad: las de punto final y obediencia debida.

Página12 - 10 de julio de 2005

 

Las bacterias de Dios

Por José Pablo Feinmann

 

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Las naves invasoras estaban, aguardando, en las entrañas de la tierra. Como el petróleo. El petróleo aguardó durante millones de años. Con el hombre gobernando la Tierra y sometiendo la naturaleza se vuelve significante cuando un proyecto humano lo incorpora. El ser humano necesita petróleo para sus proyectos de crecimiento y el petróleo deviene una mercancía grandemente apetecible. Tanto, que se le dice “oro negro”. Entra, así, en la historia. La naturaleza se historiza cuando un proyecto humano la requiere. Ejemplo: si hay un árbol de naranjas y otro de manzanas y lo que el hombre necesita son manzanas, las naranjas quedarán insignificantes y se marchitarán en su condición de cosa natural.

Página12 - 12 de junio de 2005

 

Política y dinero

Por José Pablo Feinmann

 

Toda vez que el pueblo se aleja (malhumorado) de los políticos hay que preocuparse por la democracia. La democracia se alimenta del pueblo, de los políticos que lo representan y del Estado que ejerce las decisiones que surgen de los trámites de esa relación. Este es un momento totalitario de la historia. Difícil que, en un solo país, se realicen ideales democráticos y distributivos si el mundo se está transformando en lo que hoy es: un aparato cuasi diabólico, con mil caras, sin polos de racionalidad y con posibles surgimientos de fuerzas incontrolables en manos incontrolables, inusitadas. Busquemos algo que podríamos llamar (para entendernos y orientarnos) “polo democrático”.

Página12 - 3 de abril de 2005

 

La Primera Guerra Mundial

Por José Pablo Feinmann

 

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Ese adjetivo “Mundial” expresó –entre otras cosas– la soberbia de las naciones centrales: “Si nosotras estamos en guerra, ésa guerra es ‘Mundial’”. Porque ellas, las naciones centrales, eran “el mundo”. O, si se quiere, el mundo que importaba. La historia de Europa cubre la “Historia de la Humanidad” desde los griegos hasta las Torres Gemelas. Toda “participación” anterior de Oriente o América latina fue lateral y se expresó por medio del saqueo de Europa. Quiero decir: los territorios periféricos existían porque la metrópoli los expoliaba y, con esos recursos, “hacía” la historia. Entre la reacción estructuralista de un Lévi-Strauss, que encuentra historia y lenguaje aun en las sociedades más primitivas, a la originaria, brutal expresión de Heidegger en un curso de lógica de 1934 (“Los negros no tienen historia”) hay una diferencia, pero no se expresó ni cultural ni políticamente. El “mundo” fue Europa. Y lo que Europa hacía era “historia”. De modo que una guerra entre Alemania, Francia e Inglaterra, ¿qué otra cosa si no “Mundial” podía ser? (Hegel, en 1831, muy tranquilo, decía que América del Sur no estaba aún “completa” geográficamente. ¿Estaría surgiendo del océano? Entre tanto la borrasca europea había eliminado millones y millones de “nativos” y el capitalismo comercial –que pronto se haría “industrial”– había surgido como resultado del saqueo del oro de Indias.)

Página12 - 29 de mayo de 2005

 

Contra el lenguaje basura

Por José Pablo Feinmann

 

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1. Se sabe que el erotismo sugiere. Que, al sugerir, seduce. Que, al seducir, embriaga, juega con los sentidos por medio de la imaginación. Que nos deja librados a nuestra libertad. Que, en fin, nosotros, desde nuestro deseo, deberemos completar la imagen. La pornografía no sugiere ni seduce ni embriaga. La pornografía es directa, es brutal, abomina de la imaginación porque abomina y desdeña al receptor. No le concede la libertad de la imaginación, el juego de la fantasía. No le concede nada a su propia creatividad. No hay creatividad. Sólo hay explicitez, visibilidad infinita, o sea, obscenidad. Obsceno es lo que exhibe todo. El erotismo estructura artísticamente al sexo. La pornografía lo exhibe con tosquedad, con un pretendido realismo que sólo es ausencia de estética, negación del goce, reclamo brutal de lo primitivo, de la fiesta áspera y hormonal de lo primario.
Lo mismo con el lenguaje. No hay palabras “malas” ni hay palabras “buenas”. Hay palabras. Lo que determina que una palabra sea valiosa o sea una cloaca es la estructuración del lenguaje. Las palabras se “organizan” para transmitir. El comunicólogo transmite. Si está al servicio de una estética porno, primaria, y hasta bestial y agresiva arrojará palabras incluidas en contextos primarios, de un pretendido realismo que sólo es el pretexto de la pornografía del lenguaje. Los medios de comunicación están en manos de cultores de la estética de la basura. Se habla, sin mesura alguna, con orgullo incluso, de la televisión basura. La televisión basura está hecha por emisores basura para receptores basura, o que muy pronto lo serán.

Página12 - 15 de mayo de 2005

 

Democracia y mercado

Por José Pablo Feinmann

 

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Asombra comprobar la cantidad de falacias que es posible arrojar desde los medios de comunicación del poder. Seamos claros: medios de comunicación y poder son sinónimos. Habrá medios (pequeños, débiles) alternativos. Pero los medios son del poder y cada vez los concentra más y los arroja a la conquista de las subjetividades, su última y exquisita meta. Es –precisamente– en el juego vertiginoso que los medios dibujan con su dinámica donde el capitalismo expresa su rostro más verdadero: la concentración monopólica. El mercado miente y mienten quienes dicen que es libre. El mercado miente cuando dice: vengan todos aquí, agítense sin trabas, vibren, retocen, jugueteen, sean, en suma, libres.

Página12 - 8 de enero de 2005

 

De la vanguardia a la prehistoria

Por José Pablo Feinmann

 

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Durante algunos años (hace tiempo) se decía algo impecable en esta Buenos Aires del psicoanálisis. Era un modo de ayudar a algunos congéneres desesperados. Se solía decir: cuando uno está muy mal, cuando la desesperación lo agarró fuertemente, no tiene que perder las esperanzas. Cuanto más pronto uno se hunda, más pronto llegará al “fondo del pozo”. Una vez ahí podrá pisar suelo firmar y pegar el salto hacia la superficie. Era una esperanza. El pozo tenía un fondo. Uno se hundía, pero en busca de un piso. El infierno tenía un límite, el dolor lo tenía. Apretar los dientes, aguantar, llegar al piso (caer lo más bajo posible) y ahí estaba la solución. Ese piso permitía el salto a la superficie. O el inicio del retorno.

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