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Notas sobre Televisión

La Nación - 2 de octubre de 1996

 

La eterna vida de un mito que se proyecta al cine

Feinmann evita una respuesta a Madonna

Precisiones: el guionista de "Eva Perón", el film de Juan Carlos Desanzo, aclara que su abordaje no es una reacción chauvinista a la película que dirigió Alan Parker.

 

En la arena política, el calendario no es inocente. "Eva Perón", el film de Juan Carlos Desanzo protagonizado por Esther Goris iba a estrenarse el próximo 17 de octubre. Sin embargo, la producción quiso ponerse a resguardo de los malos entendidos cronológicos, teniendo en cuenta que ése es el día del aniversario del nacimiento del peronismo como movimiento político. "Estrenar en esa fecha hubiera sido peronizar el film. Y la película no es peronista", dijo a La Nacion José Pablo Feinmann, autor del guión. Hace diez años, Feinmann y Desanzo comenzaron a tejer el sueño de narrar la vida de Eva Perón. Los avatares de la industria cinematográfica local hicieron que el proyecto no se concretara hasta febrero del año pasado. En aquel momento, el autor de "Ni el tiro del final" entregó al director una sinopsis de 54 páginas a partir de las cuales pensaba narrar la vida de Eva. "Ese texto junto con la pasión de Desanzo fueron la base de la película", sostiene Feinmann. Entre ellos las cosas estuvieron claras desde el principio. "Al elegirme a mí, que soy un escritor y no un autor de telenovelas, Desanzo sabía que el resultado no iba a ser la Evita santa, la abandera de los humildes, la Evita bueno o asistencialista. El tenía claro que yo le iba a presentar una Evita contradictoria y con múltiples matices", aclara el guionista.

Una mirada propia

Sabido es que frente a la Evita de Alan Parker, interpretada por Madonna, en la Argentina se encendió la polémica. La usina de la indignación se puso en marcha y produjo una serie de proyectos variopintos unidos por un hilo de dudoso valor cinematográfico: el de tratar de poner a los extranjeros en caja, contándoles en largometrajes de industria nacional la supuesta verdad sobre el personaje histórico. "Sé que sobre este film hay una expectativa condicionante: ¿será la versión patriótica de Evita? ¿Será la versión chauvinista que sale a responder a la injuria norteamericana sobre nuestra adorada virgen, santa y mártir de los trabajadores?", admite Feinmann, al tiempo que descarta esa posibilidad.

"Nosotros no salimos a responder a nada -aclara-. Hicimos nuestra propia versión. Para mí hubiera sido imposible trabajar pensando en responderles a Madonna y a Parker. En primer lugar, no sé cómo es la película de ellos. Pero si la hubiera visto, tampoco habría salido a contestarles. Filmar para responderle a alguien implica aceptar que las reglas del juego las fije ese otro, y limitarse a transformar en positivo lo que en el otro film se muestra como negativo. Estoy seguro de que eso era lo que iban a intentar hacer quienes tenían proyectos para filmar la vida de Evita. No conozco a Enrique Torres ni tengo nada contra él, pero leí en un diario que ante la pregunta sobre cómo iba a ser su versión de Evita respondió que iba a ser una biografía de sus ovarios. "Confieso que me hubiera interesado conocer ese nuevo género: la biografía ginecológica. Creo que hay respuestas que marcan un cierto estadio primario de interpretación." Pero, ¿cuál es la concepción de la ex primera dama que presentará el film a punto de estrenarse? "Para mí y para Desanzo, Evita fue una figura política, que tenía una ideología y la expresaba de un modo apasionado y violento -responde Feinmann-. Era notable su fervor en silenciar a los otros porque consideraba que eso le permitía ejercer la justicia social con más libertad personal. Estaba tan apasionadamente segura de lo que consideraba su misión, que se sentía con el derecho de ejercer la censura. La nuestra, es una película que aborda la vida de Evita desde un ángulo netamente político. Es evidente que esta Evita no es la respuesta patria a la película de Madonna".

Satisfecho con el resultado final y con "el sumo respeto con que el director trató el guión", Feinmann sostiene: "No fuimos oportunistas. Trabajamos durante mucho tiempo en este proyecto y lo hicimos seriamente: nuestra Evita no pesa 55 kilos y tiene 55 años. Esther Goris es Evita". Para la actriz, el compromiso no podría haber sido más grande. A la responsabilidad de encarnar a la mítica Eva Perón, se le sumaba el peso de tener que estar a la altura del ambicioso sueño que en los primeros tiempos del proyecto habían acariciado Desanzo y Feinmann: que la protagonista fuera Michelle Pfeiffer. "Llegamos a enviarle un treatment del guión, pero finalmente la idea no se pudo concretar -cuenta el escritor-.Después de haber visto el trabajo de Esther Goris, creo que nadie lo hubiera podido hacer mejor".

Ante el surgimiento de lo que con cierta liviandad algunos han dado en llamar la evitamanía, interesa ahondar en ese regreso al mito que en los últimos años se ha registrado en la Argentina y en el extranjero. ¿Qué tuvo Eva Perón para que el mundo siga ocupándose de ella como si no hubieran pasado más de cuatro décadas de su muerte? "Pasión, desmesura, locura, creencia en las utopías, la creencia de que era posible transformar el mundo, el apasionamiento por las causas sociales -opina Feinmann-. Evita es un personaje de lo que llamamos la modernidad, como opuesto a la posmodernidad".

"En la posmodernidad -explica- se registra el fin de los relatos utópicos, del sentido de la historia, de la militancia política, de las éticas fuertes. Evita representa todo lo contrario. Evita es el Che Guevara con polleras. Ella es el Che Guevara que emergió del peronismo. No es casual que ambos sean tan míticos. Evita tiene los mismos valores y adhiere a las mismas características históricas del Che: transformación de la sociedad, odio a los poderosos, posible instrumentación de la violencia para generar el cambio. En eso coinciden. Pero en Evita hay algo aún más fascinante: su pasado oscuro. El origen aristocrático del Che es menos interesante que el de esa mujer bastarda que usó su cuerpo para trepar. Si Evita hubiera sido una santa no habría trascendido cómo lo hizo, porque los santos son muy aburridos. Lo fascinante de Evita es que en 1935, cuando viene a Buenos Aires, era una hija ilegítima, pobre y provinciana, pero linda. Tenía todo el derecho del mundo de usar su belleza."

Entre dos lenguajes

Filósofo, escritor de novelas tan exitosas como "Ni el tiro del final" -que acaba de ser filmado por Juan José Campanella en los Estados Unidos- y "Ultimos días de la víctima" y autor de ensayos como "El mito del eterno fracaso" y "Filosofía y Nación", José Pablo Feinmann acepta de buen grado ejercer el oficio de hacer guiones. ¿Qué le da el cine que no pueda encontrar en la literatura?, quiso saber La Nacion. "Dinero -contestó Feinmann-. Los guiones se pagan bien. La literatura, en cambio, me da la posibilidad de manejar absolutamente mi proyecto. Una novela es un proyecto personal, secreto y solitario. Uno no tiene que pensar en nada más que en el lenguaje y en la trama. En el cine uno es parte de un equipo y está obligado a pensar en la cámara, en los actores y en lo que piden el director y el productor. Al escribir una novela me ubico en la patria del lenguaje. Los guiones, en cambio, exigen que me instale en la patria de la imagen y de los proyectos colectivos."

Las escenas clave en boca de su autor

¿Desde qué lugar cuenta la película la vida de Evita?, preguntó La Nacion a Feinmann, guionista del film de Desanzo. "Esa fue exactamente la pregunta que yo me hice -responde-. Hubo un hecho de su vida en el que me pareció que se cruzaban todos los hilos de la posible narración: el renunciamiento a la candidatura a vicepresidenta, en 1951."Con esa elección como punto de partida, Feinmann tejió la trama de "Eva Perón" y, cerca del estreno del film (el 24 del actual), aceptó adelantar las escenas que considera claves: "La película comienza con una pegatina de carteles donde la CGT propone su candidatura. De allí se pasa a una reunión de Evita con los dirigentes gremiales, a quienes les pregunta si el Ejército y la oligarquía van a permitir que ella integre la fórmula. A su vez, los sindicalistas le preguntan a Evita qué va a hacer Perón. Ella dice que no lo sabe, porque él es un militar.

"De allí en adelante, el film se remonta a los días previos al renunciamiento: Evita, apoyada por los sindicalistas, quiere ser vicepresidenta. Los militares -tanto los antiperonistas como los leales a Perón- se oponen. El general Menéndez, junto con otros políticos, está preparando un golpe para impedir la candidatura de Evita. Y Perón, como habitualmente lo hacía, se mantiene en una posición ambigua. Ahí hay un núcleo narrativo dramático muy poderoso. Desde ese lugar hago algunos raccontos. El fundamental es la muerte del padre de Evita, porque a mí me interesa mucho narrar a Evita bastarda para mostrar que ella quiere ocupar la vicepresidencia para dejar de ser ilegítima. Esa fue la gran lucha de su vida. Obtener un lugar en el Estado era para ella como conseguir un lugar en el mundo. El camino hacia la vicepresidencia es la lucha de Evita por dejar de ser una bastarda.

"El tramo final de la película está armado sobre la base de los intentos de Evita por acentuar el carácter revolucionario del peronismo -revela Feinmann-. Frente a eso, la actitud de Perón es ambivalente."

Dos escenas conmovedoras

Entusiasmado, el filósofo y escritor imagina la posible reacción del público frente a dos escenas que a él lo conmueven particularmente. "Muchos se van a sorprender al ver a Evita y a John William Cooke dialogando en el restaurante Pedemonte, y al verla conversando con Discépolo cuando los dos están moribundos -conjetura-. Todo eso es absolutamente ficcional. No sé si verdaderamente Evita habló con Cooke, pero me parece posible, porque él defendió en el Congreso la clausura del diario La Prensa y ella estaba muy interesada en que eso sucediera. De todos modos, no hay documentos que prueben la reunión que yo inventé para la película. "El diálogo que escribí para ese encuentro me parece fundamental desde el punto de vista ideológico. El le dice claramente: «Señora, yo quiero la clausura de La Prensa y Apold también. Pero Apold quiere el cierre de ese diario porque quiere que el peronismo sea una dictadura; yo quiero que el peronismo sea una revolución. Si una dictadura es una revolución, se justifica. Si no es una revolución, no es más que una dictadura». Evita se queda pasmada ante ese razonamiento-advertencia de Cooke, y no le responde. El guión no ofrece una respuesta a ese diálogo. Está clarísimo que Evita fue una dictadora, pero queda por saber si además fue una revolucionaria. Sus características autoritarias y su afán antidemocrático quedan expuestos en la película. Pero la duda es si además ella no fue una revolucionaria, es decir, una mujer que hizo callar a los otros para poder socorrer a los pobres. La respuesta la tendrá que dar el espectador."

Adriana Schettini
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