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Notas sobre Televisión

La Nación - 20 de junio de 2007

 

El cine se pone en juego

 

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Feinmann y Mucci, entregados con entusiasmo a
las pasiones hollywoodenses Foto: Gustavo Seiguer

 

El cine por asalto , programa de debate y divulgación, conducido por Cristina Mucci y José Pablo Feinmann. Escenografía: Gabriela Anselmo. Producción ejecutiva: Fabián Roggero. Dirección: Roberto Coco Muñoz. Por Canal 7, los domingos, a las 0.30.
Nuestra opinión: bueno

En aquella "arbitrariedad deliciosa" de la que hablaba Fernando López, al comentar en las páginas del suplemento de Cultura de LA NACION, en enero de 2001, el libro Pasiones de celuloide , de José Pablo Feinmann, está la raíz, el principio y el sentido de este ciclo, que acaba de sumarse a la generosa programación sobre cine que hoy posee Canal 7.

No es extraño, pues, que El cine por asalto haya nacido casi por azar, a partir de la repercusión alcanzada por un encuentro entre Cristina Mucci y Feinmann en Los siete locos , también por Canal 7. El interés de los televidentes y la disposición de los protagonistas logró, con el tiempo, que llegara en un horario casi ideal (como apuntó Mucci) y con el mismo espíritu de las columnas periodísticas con las que Feinmann deja volar su arrebatado entusiasmo por el cine de Hollywood, más propio de la obsesión de un cinéfilo empedernido que de un académico riguroso.

Es por eso que la invitación a tomar El cine por asalto tiene mucho de juego. A imagen y semejanza de los escritos de Feinmann, el dúo se zambulle en géneros y temáticas (el elegido para la inauguración fue "el cine canta y baila") a través de una selección que tiene bastante de arbitrario.

La propuesta será bienvenida de entrada por todo aquel espectador interesado en el cine que no espere una clase magistral y se sienta capaz, en cambio, de cotejar sus puntos de vista con los de Feinmann, casi siempre apasionados y cargados de juicios de valor. La actitud lúdica que los conductores expresan desde el vamos es contagiosa, y la fogosidad que Feinmann exhibe para justificar, por ejemplo, cierta lectura ideológica que parece insinuarse detrás de Cantando bajo la lluvia se equilibra con los apuntes amables y hasta ingenuos sugeridos y aportados por Mucci, mucho menos dotada para el análisis de un film, pero con el mismo fervor de su coequiper.

Exigencias

Pero hasta el más rotundo ejercicio de libertad frente a la pantalla debe someterse a ciertas reglas básicas para que lo visto se corresponda con lo que esperamos de un programa de televisión. Y tanto Feinmann como Mucci deberían estar atentos a esos mínimos requisitos para evitar que el programa se les vaya de las manos y no deje la sensación, como ocurrió más de una vez el sábado último, de que en su lugar asistimos a una fatigosa charla de café, cuyos protagonistas se ensimisman tanto que prescinden de quienes los están viendo.

De repetirse esta actitud en las próximas semanas, se corre el riesgo de que el telespectador sienta que queda afuera de la posibilidad de contrastar sus propios juicios con los de Feinmann o, peor aún, que no encuentre en el programa las huellas que permiten compartir con los conductores un espacio común de devoción por el cine.

En rigor, El cine por asalto flaquea cuando Feinmann y Mucci llevan a su máxima expresión el libre albedrío que se impusieron para reflexionar sobre el séptimo arte. Esta suerte de autonomía entra en un terreno resbaladizo cada vez que comienzan las vacilaciones a la hora de recordar algún título o asociar alguna película o programa de TV con sus intérpretes. También a veces Feinmann juega imprecisamente con el nombre de un film en inglés -como Million Dollar Baby , de Clint Eastwood- y su despreocupación no tiene por qué coincidir con la del televidente, que en ese instante exacto reclama alguna certeza para enriquecer su propio punto de vista.

Detrás de estos desajustes, que imponen más de un llamado de atención, aparece una idea televisiva más que atrayente, criteriosamente resuelta en materia escenográfica y visual.

Marcelo Stiletano