Cuatro jinetes apocalípticos

"El humor permite la reflexión inmediata"

ENTREVISTA CON MAURICIO DAYUB

Vuelve con un unipersonal, "Cuatro jinetes apocalípticos", dirigido por Luis Romero, con quien reeditan la dupla de "El amateur". Aquí habla del teatro propio, de su trabajo televisivo en "Amo de casa" y el autor de la obra, José Pablo Feinmann, fundamenta su texto.

 

Por María Ana Rago

"Este es mi año", se ufana Mauricio Dayub. Uno supone que lo dice porque el 2006 lo encuentra con trabajo en teatro y TV. Pero no, no lo dice por eso. Asegura que es su año porque este vecino del barrio de Palermo puede ir de su casa al trabajo y del trabajo a su casa, todos los días, caminando. Canal 9, donde graba Amo de casa (tira que protagoniza Carlos Calvo y que saldrá al aire desde mediados de marzo), le queda a tres cuadras de su hogar; y el Chacarerean Teatre (Nicaragua 5565), donde el viernes de la semana próxima estrenará Cuatro jinetes apocalípticos —irá los viernes y sábados—, está ubicado a otras tantas. Lo que se dice, un auténtico privilegiado.

Saluda a su paso a cuanta persona se cruza en el camino. Todos lo conocen en la manzana del Chacarerean. Y en el bar en el que transcurrirá la entrevista, ni siquiera querrán cobrarle la adición. Parece que más que un cliente, lo consideran un amigo. Dayub sigue siendo uno de los cuatro dueños del Chacarerean, una sala que acaba de cumplir tres años de existencia en pleno corazón de Palermo Hollywood. "No sé cuánto más vamos a resistir acá", confiesa el actor. Y semejante declaración tiene que ver con el enorme crecimiento de la zona que alberga al teatro y con la revalorización de las propiedades de ese lugar. "Cuando nosotros vinimos, no había más que una pizzería y este bar en el que estamos conversando. El dueño del galpón que alquilamos, nos decía: ¿Están seguros de que quieren poner un teatro acá? No va a venir nadie... Pero creció el negocio de la gastronomía y Palermo Hollywood es una zona muy concurrida. Por suerte, pese a las nuevas cotizaciones, acabamos de renovar contrato de alquiler por tres años más". Habrá Chacarerean para rato.

Nació en la ciudad de Paraná. "Siempre me gustó el teatro, pero no tenía la forma de iniciarme. Mucho tiempo hice lo que pude: teatro para chicos, armé grupos con amigos, fui monaguillo y leía en silencio la Biblia para probarme como actor..., situaciones alegóricas a ser actor. Es muy difícil cuando el entorno no avala la profesión que elegís. Mi madre quería que todos sus hijos tuvieran una carrera universitaria". Y cuando terminó la escuela, tuvo que cumplir con el mandato familiar. "Fui a Santa Fe y empecé Ciencias Económicas. Cursé cuatro años, pero nunca aprobé Contabilidad ni Economía". Hasta que un día, sentado en un aula, mientras el profesor dictaba una clase a la que Mauricio no le prestaba ninguna atención, escribió en su cuaderno: Me parece que hoy es el último día que vengo a esta facultad. Y así fue. Planeó venir a Buenos Aires y en menos de un año estaba acá, gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes.

Llegó con algunos billetes en el bolsillo —que se había ganado trabajando junto a su padre, un vendedor de Gancia—, y bastantes temores. No sabía cómo se iba a insertar en el medio teatral porteño y como tenía miedo de no lograr establecer vínculos fácilmente, se trajo preparado un espectáculo unipersonal, Amarillo sol, que presentó donde pudo. "Eran monólogos y cuentos de Humberto Constantini, con los que recorrí bares. Constantini, que estaba exiliado en México, se enteró y me mandó una carta extraordinaria." Ese recuerdo le quiebra la voz, como otro que atesora con afecto: "En uno de los bares, encontré a Tejada Gómez, quien había estado exiliado con Constantini, y me hizo una presentación frente al público increíble". Esa experiencia, fruto de la necesidad, lo obligó a desafiar la soledad del escenario. "Nunca más volví a trabajar solo". Hasta ahora, que se prepara para su segundo unipersonal: Cuatro jinetes apocalípticos.

Escritos por José Pablo Feinmann (ver recuadro), cuatro monólogos recrean situaciones que ponen de relieve las equivocaciones de la humanidad. Dayub les pondrá el cuerpo y la voz, y Luis Romero será el responsable de la dirección. La peste, la muerte, el hambre y la guerra se alternarán en escena. La obra se iba a estrenar en septiembre, pero el afán de ensayarla hasta que no hiciera falta más, la postergó, primero hasta enero (fecha que también hubo que correr) y finalmente, hasta el 10 de marzo. Pero la historia de esta puesta, tiene una historia. El material le llegó a Dayub junto con la propuesta de que él la dirigiera y que fuera otro actor (estuvo en juego el nombre de Goity) el que la interpretara. "Pero me sorprendió la complejidad del texto y quise trasladar ese impacto que me generó al leerlo, al espectador. Y decidí actuar yo", explica Dayub, un actor que, a veces, también escribe.

La llegada de "Cuatro jinetes apocalípticos" a tus manos, ¿interrumpió algún proceso de escritura?

Sí, estaba escribiendo, pero interrumpí ese trabajo. Me encontraba en la primera etapa del proceso creativo, acumulando papelitos en una caja, esos que después se transforman en una obra.

¿Es literal o metafórico eso de "acumular papelitos en una caja"?

Literal. Voy anotando ideas, diálogos, imágenes, y guardo los papelitos en una caja. Cuando tengo unos cuantos, empiezo la rutina de levantarme a las 6, ir sacando los papeles y escribir una obra a partir de ellos. Pongo la caja a la izquierda y el cuaderno a la derecha. Después, en algún momento del día, me siento en la computadora y paso lo que escribí.

Interrumpió la escritura de esa obra que todavía no tiene título y que ni siquiera se adueñó de una historia, para asumir un proyecto que, ahora, asegura, vale la pena. "No siempre creí eso. En la mitad del proceso de ensayos de Cuatro jinetes..., estuve a punto de abandonar todo", dice. "Era demasiada la exigencia y si no lograba conformar al autor, no iba a seguir. Estaba desacostumbrado a trabajar con un texto de otro". Desde Compañero del alma que no actuaba palabras ajenas. Después de esa pieza sobre el poeta español Miguel Hernández, pasó bastante tiempo hasta que volvió a las tablas. "Me habían confundido; había recibido demasiados elogios y no entendía cómo después de tanto halago, me llamaban para hacer cosas que no estaban a la altura de la repercusión de aquello. Hasta que me di cuenta de que si lo que yo esperaba no venía, lo tenía que generar", relata. Así fue que hizo A lo loco, una puesta de creación colectiva, con supervisación de Francisco Javier. Después, El amateur.

En el primer monólogo de Cuatro jinetes..., aparece un hombre al que acaban de echar del trabajo; llega a su casa y se encuentra con su hijo muerto. Y ese mismo día, lo había dejado su mujer. A pesar del dramatismo de esas imágenes, hay humor. "La idea fue hacer un espectáculo para todo público, que divierta y entretenga, a pesar de que habla de las últimas noticias de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Queremos que la gente salga bien. El humor permite la reflexión inmediata", asegura Dayub. "Y el último monólogo, sobre las Torres Gemelas, es conmovedor".

En el texto, en general, hay muchas referencias a temas de actualidad.

Sí, pero no las dejamos en todos los monólogos, porque la última verdad es la del escenario. Y el escenario rechazó algunas de las cosas del texto.

La referencia a Cromañón, en el primer monólogo, ¿la dejaron?

No. Sacamos muchas referencias actuales a películas argentinas, a empresarios de nuestro país, etc. Son datos que en el escenario se ponen viejos enseguida. Y Fein mann fue muy generoso en dejarnos trabajar con libertad. Le propusimos cambios y los aceptó.

Si bien los monólogos son cuatro, los personajes son seis. Y para cada uno de ellos hay un vestuario; algunos cambios son en escena y para otros, hay brevísimos intervalos. "Son como cuatro pequeñas obras de teatro distintas, con sus códigos; todas diferentes".

¿Qué es lo que le da unidad a la obra?

Que todos los monólogos advierten que así como vamos, vamos mal. En la puesta, los unimos con unos cielos que se van poniendo cada vez más apocalípticos. Como cita el programa de mano: En el mundo de hoy no hay esperanzas, tenemos que crearlas.

 

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

El sueño de actuar en casa

"Abrir un teatro fue la excusa para estrenar Adentro", es la síntesis que encuentra Mauricio Dayub para contar la historia de esta sala de Palermo Hollywood que cuatro socios (Luis Sartor, Martín Cortés, Gabriel Goity y Dayub, responsables de la productora Sin contactos) inauguraron hace tres años, a pesar de que los contadores a los que consultaban les decían que no les convenía abrir un teatro, que no les resultaría rentable.


Había escrito su segunda obra (la primera fue El amateur), y Mauricio tenía como idea hacer algo grande. "No quería sólo estrenar mi segunda obra; quería, además, producirla e inaugurar un espacio en el cual hacerla", repasa. El y Goity fueron los protagonistas de Adentro, una divertida y reflexiva comedia sobre el ser nacional, que hizo varias temporadas tanto en Buenos Aires como en Mar del Plata, y hasta una gira nacional. En ese marco nació el Chacarerean, sobre la calle Nicaragua, a metros de Juan B. Justo. "Elegí ese lugar en función de mi comodidad: me quedaba cerca de casa".

Y Chacareran Teatre ("un nombre que parece de acá, pero suena de afuera"), quiso ser —y ahora lo sostiene esa pretensión—, un refugio de nuestra identidad, un lugar donde sentirse a salvo. "Es un teatro bar, en el que los espectadores se sientan en mesitas y pueden probar comidas típicas", cuenta. En una sociedad en crisis, en la que se veía "demasiada mentira e hipocresía", Dayub se planteó rescatar aquello por lo que vale la pena sentirse de esta tierra; y fue ése el eje de Adentro.

La programación del Chacarerean de este año incluye, además de Cuatro jinetes apocalípticos, Shangay, Tan modositas y la banda Puente celeste.

 

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

Una dirección con historia


El vínculo entre Mauricio Dayub y Luis Romero nació cuando ambos eran estudiantes de actuación en la escuela de Carlos Gandolfo. De compañeros pasaron a ser "muy amigos" y más tarde, compartieron trabajos.

Cuando Dayub decidió llevar a la escena su primer texto dramático, El amateur, llamó a Romero para que dirigiera la puesta. "Antes habíamos hecho cosas menores; pero lo primero importante que hicimos juntos fue El amateur —luego llevada al cine—. Funcionamos bien, hay un entendimiento tácito entre nosotros, nos permitimos hacer volar la imaginación, hablamos el mismo lenguaje, nos divertimos", resume Romero, ahora al frente de la dirección de Cuatro jinetes apocalípticos, la obra de José Pablo Feinmann que protagonizará Dayub. "Este fue un trabajo largo. Sobre el original, hicimos cierta dramaturgia", relata. "Si bien son monólogos escritos para teatro, buscamos correrlos todo lo posible de la literatura".

Se trata de monólogos independientes. "Pero la tragedia que vive cada personaje los unifica —dice el director—; en los cuatro textos se infiere que hicimos del mundo una confusión gigantesca. La condición humana está llevando todo al extremo. La idea es, desde el humor, vislumbrar lo dramático que es el asunto".

 

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

El desafío de una sola certeza
José Pablo Feinmann


En un mundo en que todos están enfrentados, donde los valores que podían dar sentido a la existencia fueron reemplazados por el odio, los jinetes del Apocalipsis se desplazan con sus banderas de un lado a otro: la guerra, el hambre, la peste y la muerte. Un padre fanático de la seguridad que le dice a su hijo que tiene la familia perfecta: una madre, un padre, un revólver. Un amo opulento que invita a tres sorprendidos amantes a una cena macabra en honor de su esposa ausente. Una reunión de viejos militantes, quebrados y cínicos hasta la náusea. Y un broker haciendo negocios al borde del abismo, de la destrucción del 11 de septiembre.

La esperanza pareciera quedar en manos de un silencioso que, finalmente, estalla y dice: "¡Basta!" Pero se queda solo para pagar la cuenta dolorosa. En ese punto reside, como conteniendo la respiración, la dignidad en un mundo recorrido por los jinetes del Mal. Un humor negro y desgarrado recorre las tramas. Nos reímos a carcajadas y, de pronto, nos preguntamos de qué. Pero seguimos riendo. El humor áspero acaso sea una primera punta de la necesaria lucidez. La obra propone al espectador —a partir de la exhibición de los extremos oscuros de la condición humana— ir en busca de certezas luminosas que abran un camino. Pocas generaciones tuvieron un desafío tan excepcional.
Fuente: Clarín