Cuatro jinetes apocalípticos

Apocalipsis Now

La pluma feroz del escritor y ensayista José Pablo Feinmann, la destreza actoral de Mauricio Dayub y el oficio probado de Luis Romero al servicio de un tratado sobre la inseguridad, la militancia de los años ’70, la opresión, el atentado a las Torres Gemelas y la voracidad del poder. Y mucho más en una puesta que provoca e incomoda. Imposible quedar indiferente.

 

Por Cecilia Sosa

El hambre, la peste, la muerte y la guerra. Cuatro jinetes que cabalgan bajo la sombra de un inminente Apocalipsis: un padre fanático de la seguridad; el más decadente reencuentro de cinco viejos militantes; un amo y un banquete macabro; y un broker en acción el mismísimo 11 de septiembre de 2001. Cuatro Jinetes Apocalípticos, cuatro monólogos que reúnen la escritura lúcida, incorrecta, desgarrada y zumbona del multifacético escritor y ensayista José Pablo Feinmann (que se atreve casi a todo), la asombrosa ductilidad actoral de Mauricio Dayub (bien entrenado en el tour de force de El amateur) y la certera dirección de Luis Romero. Aquí, un anticipo de lo que se podrá ver en el Chacarerean Teatre antes de que sobrevenga la Catástrofe.

El hambre. Casi una reescritura de La dialéctica del amo y del esclavo hegeliana en clave localista y policial. La confesión por portero eléctrico de un Dayub en bata, pantuflas y toalla en mano, que recompone una terrorífica cena organizada por el Amo para cuatro invitados: el Periodista, el Creativo, el Maestro de Actores Gay y la Bella/Cordero de Afganistán. Una fábula moral, compleja y caníbal, con guiños para las minorías. La frase: “Muerto, ya no parecía el Amo”.

La muerte. O digamos boludeces. Un texto originalmente escrito por Feinmann para Teatro por la Identidad e interpretado entonces por El Puma Goity. Incomodísimo, acaso el más terrible del cuarteto. La grotesca caída de una generación vista en la más decadente fiestita de reencuentro de cinco viejos compañeros de militancia y facultad. Los que no fueron boleta. Un repugnante in crescendo alcohólico de los que se abocan a embrutecer y bastardean su pasado. Una frase: “De haber leído a Lipovetsky en los ‘70...”.

La guerra. Acaso el primer texto teatral escrito sobre la caída de las Torres Gemelas, pergeñado inicialmente por Feinmann en el ‘96 y devenido en el cuentito más redondo de la jineteada apocalíptica. Coinciden máxima agudeza paranoico-conspirativa del autor con la ductilidad escénica de Dayub. El broker más conectado de Manhattan, ávido lector de Adam Smith y de Marx, a punto de concretar un negocio hipermillonario. Capaz de hacer bailar toda la sensualidad del capital sobre un sillón y de mantener, contra el cielo estallado del 11 de septiembre, el más desopilante diálogo con el conductor del avión intentando detener la embestida de la segunda torre: “¡Las remakes, exceptuando El Padrino, nunca fueron buenas!”.

La peste. O pobre Fernandito. El esquema de la guerra contra la inseguridad mirado con lupa en un padre violento que llega a casa y se encuentra que su hijo se ha disparado con su .38, la misma que compró para proteger a su familia del peor fantasma. Una frase: “Este es un hogar normal, Fernandito: un padre, una madre, un revólver”. Gran ocasión para que Dayub se luzca en un camaleónico devenir padre/mujer-leopardo para un oscurísimo final.

 

Fuente:  RADAR -  19 de febrero de 2006