Cuatro jinetes apocalípticos

Ultimas noticias sobre los cuatro jinetes del Apocalipsis o los callejones sin salida de la globalización

Por Lic. María Inés Grimoldi

“En el mundo apocalíptico de hoy no hay esperanzas. Tenemos que crearlas. No está mal...pocas generaciones en la historia de la humanidad tuvieron por delante una tarea tan excepcional.” José Pablo Feinmann

“ 4 jinetes apocalípticos” pieza teatral de José Pablo Feinmann fue estrenada en Buenos Aires en el Chacarerean Teatre el 13 de marzo de 2006 con la dirección de Luis Romero..

La peste. La muerte. El hambre. La guerra. Cuatro jinetes que cabalgan bajo la sombra de un inminente Apocalipsis: un padre fanático de la seguridad, el más decadente reencuentro de cinco ex –militantes, un amo en un banquete macabro y un businessman en acción el mismísimo 11 de septiembre de 2001 en una de las Torres Gemelas. La ferocidad de la condición humana llevada a su extremo. Nadie sabe si algo permanecerá. Todos saben que ya nada será como antes. Suscinta descripción de la obra representada por Mauricio Dayub, que no sólo actúa los roles enunciados anteriormente, sino todos los que acompañan a estos: la mujer del hombre fanático de la seguridad que se fue a Miami con su mejor amigo Pedro Cramer mientras él dormita en su living frente a la “caja boba”, los personajes del “zaping” televisivo, los cinco ex –militantes de los setenta, el maestro de actuación gay, el publicista y el periodista, además del amo, y finalmente el hombre de negocios que en las crisis se robotiza en “terminator”, el último de los superhéroes norteamericanos.

Apocalipsis (Revelación o Revelaciones - títulos por los cuales también es conocido en algunos círculos protestantes). Último libro del Nuevo Testamento, atribuido tradicionalmente al apóstol San Juan. Por su género literario, es considerado el único libro del Nuevo Testamento de carácter profético. El Apocalipsis quizás sea el escrito más rico en símbolos de toda la Biblia y ha sido objeto de numerosas investigaciones a lo largo de la historia. Por tradición, se atribuye el libro al apóstol San Juan (autor también del cuarto Evangelio y de tres cartas). Por esta razón las investigaciones modernas coinciden en afirmar que pertenece a una comunidad denominada joannea, que aunque no indicara necesariamente la autoría directa del apóstol Juan, sí indica que una comunidad ya sea fundada por él, o fuertemente influenciada por él, sería la que generaría estos documentos. La lectura del libro del Apocalipsis se puede hacer a varios niveles (literal, simbólico, literario, histórico) Es de común acuerdo entre varios investigadores, la necesidad de comprender todos estos niveles para entender el libro del Apocalipsis y para evitar entenderlo solamente desde la perspectiva de los movimientos apocalípticos que se centran únicamente en el terror que causaría un supuesto fin del mundo.

Los septenarios. El libro del Apocalipsis contiene series del número siete a lo largo de todo su corpus. Las más notorias se encuentran por la relación que guardan entre sí los tres septenarios de sellos, trompetas y copas. El septenario de los sellos se da conforme al Cordero va abriendo uno a uno los sellos de un libro que nadie podía abrir más que él. Antes de romper los sellos, la visión se encuentra en el cielo, con la teofanía de Dios y el Cordero y la alegría que causa que éste sea capaz de abrir el libro.

Los primeros cuatro sellos originan a los jinetes del Apocalipsis. Los sellos 5 y 6 originan cataclismos. Después del sexto sello se da una visión de esperanza y con el séptimo sello comienza el septenario de las trompetas con una visión celeste de esperanza. Así pues, los tres septenarios más importantes del Apocalipsis tienen aproximadamente la misma estructura: una visión celeste que es preludio de esperanza, una serie de cataclismos terrestres, y al finalizar el séptimo símbolo hay un triunfo total de salvación.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis que portan cada uno un color característico, llevan plagas a toda la humanidad ( recordar que el número 4 representa a toda la Creación, por lo que las plagas se extenderían por toda la Tierra). El caballo rojo representa la guerra, el caballo negro representa el hambre, el caballo amarillo representa la enfermedad o la peste. . El caballo blanco representa para algunos la muerte, por el hecho de que vence siempre, pero si se tiene en cuenta que los cristianos no creen que la muerte sea invencible, representaría más bien a Cristo (o a un jinete en su representación) montándolo y venciendo a la muerte.
Como vemos, el sentido profundo bíblico coincide con las palabras de Feinmann “...hoy no hay esperanzas. Tenemos que crearlas.” Después de que los cuatro jinetes sembraran la guerra, el hambre, la peste y la muerte por doquier, después de los cataclismos que sobrevienen con los sellos quinto y sexto, el séptimo sello apocalíptico, luego del silencio, abre con trompetas y cánticos una renovada esperanza. Quizás como la crisis que preanuncia el cambio, estos cuatro jinetes que nos presenta Feinmann nos muevan a esa catarsis de la que nos habla la Biblia, a esa purga purificadora que ocurre al tomar conciencia por el pensamiento, los sentidos y las emociones.

 

Primer Jinete: La Peste. Un padre preocupado, obsesionado por la inseguridad, encuentra en su casa el cuerpo de su hijo Fernandito de 19 años con la cabeza ensangrentada ya que ha intentado suicidarse con el revólver de su padre.

“¡Ah, mírenlo al señor! Se amasija con mi revólver. ¿Vos creés que yo compré este revólver para que se me reviente un hijo?. Al revés, lo compré para defender a mi familia.

Para defender el hogar. ¡Para hacerle frente al podrido problema de este país! ¡La delincuencia! ¡La inseguridad! ¿O no estamos hartos de la inseguridad?...En esta casa, hay un hombre. Acá. Chorro que entra, chorro que muere. Por eso lo compré. Porque ésa...¡ésa es la peste de este país! Si ya ni de tardecita podés salir. Salís y te afanan. Salís y te matan. Por dos mangos te matan. ¿Entonces? No queda otra: te comprás un buen chumbo. Y mirá vos... Mirá vos ¿las ironías de este país! Te comprás un chumbo para protegerte y, al final con el chumbo se amasija tu hijo. ¡Qué manera de gastar guita al pedo!...”

Según Slavoj Zizek en “Amor sin piedad. Hacia una política de la verdad”: El dolor de nuestras vidas cotidianas no es el resultado de nuestro pecado ( de la Caída de Adán), sino del fallo fundamental en la estructura del universo material mismo...en consecuencia el sendero de la salvación no consiste en superar nuestros pecados, sino en superar nuestra ignorancia, en trascender el mundo de nuestras apariencias materiales mediante la obtención del verdadero Conocimiento. Lo que estas dos posiciones tienen en común es la idea de que hay un hogar, un lugar natural para el hombre: o bien el mundo de la “noosfera” del que caemos a este mundo y que nuestras almas anhelan, o bien la tierra misma. Heidegger muestra como salir de este embrollo ¿qué ocurre si estamos efectivamente “arrojados” en este mundo que nunca nos sentimos del todo como en casa, que siempre estamos en él “dislocados” y qué si resulta que esta dislocación es nuestra condición constitutiva, primordial, el horizonte mismo de nuestro ser?

Además del drama de su hijo, el personaje es abandonado por su esposa que se va con su mejor amigo, Pedro Kramer, a Miami. Pero esta mujer tiene dudas. “Y de pronto, vi una imagen de Jesús. Viste esa que te sigue con los ojos, ¿viste? Que la mirás y desde donde la mirás te mira..y de pronto fue una revelación ...me dijo: “No abandones a tu marido por un hombre de esa raza maldita que me crucificó. Fue una revelación, mi amor, entendés. El Redentor me devuelve a tus brazos. “...¡Ah, qué final tan feliz! Fernandito vive, vos volviste, yo recuperé mi trabajo y voy a ser padre otra vez, sí, lo voy a criar como si fuera mío. Es tan dulce la vida.” Fin del monólogo.

La visión crística es la que devuelve a la mujer a su hogar. Una visión acompañada de un comentario visiblemente antisemita, en un intento de volver a la “normalidad”. Pero ¿todo vuelve a se como antes?

 

Segundo Jinete: La Muerte. Compañeros de la facultad se reúnen en una cena de camaradería después de muchos años de no verse. “Hace una semana me llamó Luisito Espinosa...Qué hacés, cómo te va, tanto tiempo. Claro, porque nos dejamos de ver cuando terminamos la carrera, abogacía. Y eso fue...a ver, claro, en el 70. Cuando empezó el infinito despelote...Tantos recuerdos, carajo. Pregunto:¿Quién más viene, negrito?. Ya te dije, dice Luis. Carlitos Badalucco. Epa, viejo, digo. ¿Nadie más? ¿Y Pedrito Grasso, y Federico Ochoa? Boleta, dice Luisito. Pero cómo y ...¿Fernandito Kush? Boleta. ...Ahorremos tiempo. Los que no están acá son todos boleta. ...Nuestra generación exageró las cosas. No habíamos leído a Lipovetsky. Sí, señor, claro, dice Luisito Espinosa. ...Hay que tener imperativos livianos. Hay que vivir la era del posdber. La era del vacío. Revolución, no. Individualismo responsable, sí. Sexo no, ternura. La puta madre, no haber leído a Lipovetsky en los setenta. “

Hoy día, en esta época de continuos y veloces cambios, desde la “revolución digital” a la retirada de viejas formas sociales, el pensamiento está, más que nunca, expuesto a la tentación de abandonar precozmente las viejas coordenadas conceptuales. Los medios de comunicación nos bombardean constantemente con la necesidad de que abandonemos los “viejos paradigmas”: si queremos sobrevivir, hemos de cambiar nuestras nociones más fundamentales respecto de qué sea la identidad personal, la sociedad, el medio ambiente, etc. Las doctrinas del new age sostienen que estamos entrando en una era post-humana, el pensamiento político posmoderno nos dice que estamos entrando en las sociedades post-industriales, en las que las viejas categorías de trabajo, colectividad, clase, etc. son zombies teóricos, ya no aplicables a la dinámica de la modernización....

“Otro silencio más, entonces yo digo: “Hay que nacionalizar la banca”. ¡Y nos cagamos de risa!...Escuchen: Patria sí, colonia, no. Sí señor, esa sí que es una boludez....Reforma agraria, ya. Más Boludeces. Liberación o dependencia.... Con la democracia se cura, se come, se educa.... El peronismo es el hecho maldito del país burgués. “

El error estriba en la incapacidad de reconocer que lo nuevo está aquí para permitir que lo viejo sobreviva. Únicamente manteniéndonos fieles a lo viejo podemos generar algo efectivamente nuevo.

 

Tercer Jinete: El Hambre. Un Amo en un banquete macabro. El Amo, personaje sin nombre propio (no lo necesita ya que es “El Amo”) ofrece a su propia mujer, Cecilia Cooper, como manjar para ser degustado por sus invitados: un maestro de actuación llamado Reynaldo Mariani, que es el que narra la historia a un oficial de policía, un periodista y un publicista.

“El Mayordomo sirvió la mesa, solo. “Cordero de Afganistán”, anunció. Era una enorme fuente de plata, con una carne con aromas sorprendentes, anonadantes. Nos sentamos a la mesa. Era extraño. Cuatro hombres solos, sin hablar, comíamos, nada calma la angustia como la comida. De pronto el Amo se levantó, empezó a caminar alrededor de nosotros, y a hablar con ostentación. “...¿Querían acercarse a mí? Voy a ir al grano: No se conocen entre ustedes. No son mis amigos. Pero algo los une. Los tres me humillaron. ...Los tres se acostaron con mi mujer. ¡Qué placer habrán sentido! ...Bien, burladores, han sido burlados. Yo veo todo y sé todo. ...¿La querían tener? Ya la tienen. La tienen para siempre. Se la acaban de comer. Este blanco, tierno y dulce cordero de Afganistán, que con tanto entusiasmo se comieron, no es cordero ni es de Afganistán. Es o era Cecilia Cooper. ...Más unida a nosotros no puede estar. ¿Qué me queda sino decirles “buen provecho”? . “
La proliferación de relaciones improvisadas y negociadas tienen lugar en el marco – no sólo de la desintegración de los viejos modelos tradicionales- del exceso de goce, y de cómo resulta ser una manera de soportar ese exceso, de “aburguesarlo”. Por otra parte, considerando a Lacan, en esta relación entre los “paradigmas del goce” y las formaciones socio-históricas concretas podemos ver no sólo la lógica interna del desarrollo de Lacan, sino el reflejo de los cambios fundamentales de la sociedad de la postguerra mundial, sensible a las tendencias ideológicas hegemónicas. En el Seminario XX, Lacan presenta la economía libidinal de la actual “sociedad de consumo” posmoderna, post-revolucionaria, la cual, con un cierto retraso respecto de Estados Unidos, terminó por alcanzar también a Francia: la sociedad de la “no-relación” en el cual toda forma estable de cohesión social se desintegra, en la cual el goce de los individuos es socializado únicamente en la forma de invenciones pragmáticas frágiles y cambiantes y de nuevas costumbres negociadas (la proliferación de nuevas formas improvisadas de cohabitación sexual en lugar de la matriz básica del matrimonio, etc.). Estas paradojas proporcionan el trasfondo adecuado para la novela de Michel Houellebecq “Las partículas elementales” donde la sexualidad es reducida a una participación apática en orgías colectivas. “Las partículas”, un excelente ejemplo de lo que algunos críticos han bautizado como “conservadurismo de izquierdas” muestra el sinsentido de la sexualidad permisiva (las descripciones de las orgías entre cuarentones son absolutamente depresivas y patéticas) pero Michel se inventa una solución: un nuevo gen auto-replicante para una entidad post-humana desexualizada. La novela acaba con una visión profética: en 2040, la humanidad es sustituida por esos humanoides que no sienten realmente ninguna pasión, ninguna autoafirmación que les pueda conducir a una rabia destructora. Hace casi cuatro décadas, Michel Foucault introdujo la idea de la “muerte del hombre”. Si bien Houellebecq escenifica esta desaparición en términos más ingenuos hay una denominador común a ambos:”la desaparición de la diferencia sexual”. En sus últimos trabajos Foucault visionaba el espacio de los placeres liberados del sexo, y esa sociedad post-humana de clones de Houellebecq es la realización del sueño de Foucault de los sujetos que practican el “uso de placeres”. Aunque esta solución es fantasía pura, la confusión contra la que reacciona es real . La vía típica de salida sería la de intentar hacer resucitar la pasión erótica transgresora, proclamando en la tradición del amor cortés, que el único amor verdadero es el prohibido. Necesitamos nuevas prohibiciones. El problema es que, en nuestra permisiva sociedad actual, lo que es la norma es la transgresión. Entonces ¿cuál es el camino de salida?

 

Cuarto Jinete: La Guerra. Harrison Ford, ejecutivo brillante, yuppie inteligente y despiadado, halcón de Wall Street está en su oficina destellante de las Torres Gemelas. Tiene alrededor de 30 años. Es el 11 de septiembre del año 2001. Se escucha como música de fondo el tema “Manhattan”.
“Todos los días uno se despierta, se ducha, se afeita, se pone una camisa cara, una corbata cara, se sube a un auto carísimo y se pone a trabajar. En este mundo hay dos clases de trabajos. O uno trabaja de opresor o uno trabaja de oprimido. De Amo o de esclavo. De vivo, o de tonto. Pero nada es fácil en esta vida. No es fácil ser opresor. ¡No cualquiera puede serlo! Hay que saber golpear donde duele, humillar donde el orgullo sufre, lastimar donde hay una herida, ponerle el pie al enemigo y, cuando cae, patearlo justo, no una, varias veces, porque puede levantarse. Más fácil es ser un oprimido. Sobre todo porque ya no hay oprimidos. Se acabaron. Si no trabajan. “

El personaje tiene ese día una operación de 500 millones de dólares con la Mitsubishi, Japón. Quiere destruir a toda costa a su competidor Carson que se encuentra en la otra Torre Gemela cuando escucha el ruido de un avión que pasa y una explosión indescriptible. “¡Se estrelló un avión justo en el piso de la oficina de Carson! ¡Un avión de American Airlines! ¡Dios mío! ¡Esto es increíble! ¡Es maravilloso! ¡Un sueño hecho realidad! Un símbolo del Imperio Americano liquidó a Carson. El Imperio Americano está conmigo. ¡Dios está conmigo! ¡Dios no es neutral! “ ... “A veces el mercado se regula porque un piloto pelotudo elimina a uno de los competidores. Nunca pensé que el mercado podía regularse así. Bueno, nunca pensé que un avión iba a hacer mierda una de estas Torres.”

El personaje sigue haciendo sus operaciones millonarias por teléfono, contento porque ha sido eliminado su competidor cuando empieza a oír un ruido atronador. Ford entra en pánico. Intenta convencer al piloto del segundo avión que desvíe su rumbo pero siente que sus argumentos ya no sirven para nada.

unca leyó “La riqueza de las naciones” de Adam Smith?. Escuche la conclusión fundamental: el capitalismo es el sistema de la libertad perfecta. ¡Desvíe ya mismo ese avión y hágalo mierda contra la Estatua de la Libertad! ..¿Me entiende? ¿Qué idioma habla? ¿Usted no habla inglés?.”( De pronto un enorme, gigantesco estallido.) Final del monólogo y final de la pieza.

Las tres formas de legitimar el ejercicio de la autoridad (la autoritaria, la totalitaria y la liberal) no son sino las tres formas de encubrir, de enceguecernos frente al poder seductor, frente al abismo de este reclamo vacío. En cierto modo, el liberalismo es el peor de los tres, ya que naturaliza las razones por las que se obedece, convirtiéndolas en la estructura psicológica interna del sujeto. Así pues, la paradoja es que los sujetos liberales son, en cierto sentido, los menos libres: cambian la propia opinión/ percepción que tienen de sí mismos aceptando lo que se les ha impuesto como algo que tiene su origen en su propia naturaleza, ya ni siquiera son conscientes de su propia subordinación. La verdadera elección libre es una elección en la que no escojo meramente entre dos o más opciones dentro de un conjunto de coordenadas previamente dado, sino que elijo cambiar el propio conjunto de coordenadas. Pero los intentos de emancipación necesariamente dan lugar a nuevas formas de dominación. Casi se podría describir esta tensión como la que hay entre la comedia y la tragedia, clima que atraviesa toda esta pieza teatral de Feinmann.
En la sociedad capitalista, las relaciones intersubjetivas están mediadas por el dinero. En este punto radica la economía libidinal del consumo capitalista: en la producción de objetos que no sólo encuentran, satisfacen una necesidad ya dada, sino que crean la necesidad que afirman satisfacer, dando la vuelta de tuerca definitiva a la vieja afirmación de Marx de que la producción crea la necesidad para el consumo, para los objetos que produce.

Habría que recordar aquí la afirmación de Lacan de que el rol original del dinero es el de funcionar como el equivalente imposible de aquello que no tiene precio, “del deseo mismo”. De modo que la compensación económica no nos libera de la culpa, más bien nos permite reconocer esa culpa como indeleble. El capitalismo, en su dinámica inexorable, socava toda forma tradicional estable de interacción humana. El último obstáculo del capitalismo es el propio capitalismo. Esta afirmación parece ganar hoy actualidad en los cada vez más numerosos callejones sin salida de la globalización. La universalización apunta hacia una incertidumbre radical de toda posición subjetiva. Hoy no existen modelos rígidos predeterminados, todo tiene que ser una y otra vez renegociado. La universalización pasa también por la lengua. La última frase de la pieza, antes del estallido final es:” ¿Qué idioma habla? ¿Usted no habla inglés? “ La aparición del otro, distinto, como presencia amenazante. En realidad no hay lugar para el otro, no hay una aceptación de la diferencia sino una anulación de la misma, una homogeneización aplastante.

Y finalmente, el problema sigue siendo el siguiente: ¿Es aún posible imaginar el comunismo u otra forma de sociedad post-capitalista como una formación libre de estas limitaciones internas? Se podría responder con una frase del mismo Feinmann: “En el mundo apocalíptico de hoy no hay esperanzas. Tenemos que crearlas. No está mal...pocas generaciones en la historia de la humanidad tuvieron por delante una tarea tan excepcional.”

Fuente: Inés Grimoldi teatro