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Revista Envido - Envido Nro 1 - Julio 1970

Complementacion y Librecambio: El Extraño Nacionalismo de Jose Hernandez

 

1. EL PROBLEMA

Asumido por todos, respetado siempre, nada parece inquietar la serena posteridad de Hernández. Los liberales lo reconocen en el análisis literario en el minucioso cómputo de los octosílabos del Martín Fierro o en la búsqueda de sus elementos épicos. Ajenos a lo histórico, aíslan el poema de su contexto social y lo reducen a un caso de creación inconsciente o la mera narración de la vida de un oscuro cuchillero de 1870. Depositado en el mundo de la Fábula o la Belleza, el poema pierde su sentido originario de denuncia.


Partiendo de la crítica a esta maniobra se elabora el reconocimiento de los revisionistas. Devuelven el poema a la historia y reivindican su lado combativo. De este modo, Martín Fierro pasa a ser la replica a la política liberal y traidora de los masónicos doctores porteños. También la izquierda nacional asume el poema desde una perspectiva semejante: "Martín Fierro es el conflicto inconcluso del pueblo argentino contra la oligarquía" (1)

Aparte del unánime reconocimiento a Hernández, del obstinado intento de apropiárselo, existe otro punto en el que estas ideologías coinciden. Todas ellas, en efecto, comparten una afirmación ya tradicional en nuestra historia literaria: Martín Fierro es el anti-Facundo. A los liberales les es suficiente para esto, el hecho de que Hernández, contrariamente a Sarmiento, haya tratado con cariño a sus gauchos. Revisionistas y marxistas intentan fundamentar su juicio en el terreno político: Martín Fierro poseería su condición de anti-Facundo por representar una opción política opuesta a la del texto sarmientino. Así, Jorge Abelardo Ramos escribe: "Hernández representaba al federalismo genuino del interior nacional que quería constituir un país y destruir el monopolio aduanero de la europeizante Buenos Aires" (2). Y también: “...la lucha de Hernández ...se emparenta con la montonera, con los caudillos, con las masas del interior, con el gauchaje alzado ( . . . ) Lo que trataba de hacer Hernández era justamente propulsar el desarrollo de una burguesía nacional, el avance de un capitalismo argentino necesario" (3).

Inicialmente, pues, el objeto del presente trabajo consiste en elucidar esa condición de anti-Facundo que se le asigna a Martín Fierro. Para ello habremos de basarnos no sólo en el poema, sino también en los trabajos en prosa de Hernández, y marcaremos los alcances y límites de su posición política (4).

 


II. MARCO HISTORICO DEL PROBLEMA

En agosto de 1868 el diario The Standard resumía el programa presidencial de Sarmiento: "1°) Terminación de una manera o la otra, pero inmediata, de la guerra del Paraguay. 2°) Barrer con igual celeridad de la superficie de las pampas a gauchos y montoneros.” El mayor respaldo político de Sarmiento se encontraba en los sectores de la burguesía comercial. Improductiva e intermediaria, esta clase necesitaba urgentemente la creación de un mercado interno ordenado y pacificado para la penetración de la manufactura inglesa. O sea: unificar el país cuanto antes y a cualquier precio.

Con Sarmiento la eliminación del gauchaje toma rigor teórico. Esquemático y genial, inventa la gran síntesis que habrá de orientar la praxis política del liberalismo: Civilización y Barbarie El mundo bárbaro será el de la inercia, lo instintivo, lo vital y misterioso. La Naturaleza, en suma, enfrentando al mundo del Hombre, de la Ciudad, de la Razón Y si lo racional es lo humano, habremos de concluir también que lo ajeno a la Razón es ajeno al Hombre. Y lo que es todavía más grave: a sus derechos. En consecuencia, "no trate de economizar sangre de gauchos”, aconsejará Sarmiento a Mitre. Es el Progreso mismo, la Razón, la inexorable marcha de la Humanidad, la que exige la aniquilación de ese mundo irracional ante la imposibilidad de asimilarlo al país que se esta construyendo.

El vocablo gaucho adquiere un matiz infinitamente despectivo. Gaucho lo llaman a Rosas todos aquellos que desean denigrarlo. Gaucho es sinónimo de montonero indolente, borracho y bárbaro. Nada es posible hacer con ese elemento. Solo resta volverse hacia Europa y acoger buenamente los hijos que ella quiera mandarnos: he aquí la inmigración. Industriosos y aptos, con más de veinte siglos de cultura a sus espaldas, esos hombres habrán de lanzarse a lo largo y ancho del país para iniciarlo en la senda del Progreso.

El gaucho, pues, no tiene lugar en la Nueva Era que se inicia en el país. Contrariamente a esto, su única posibilidad consiste en adherirse de continuo a las luchas de las montoneras y entorpecer la acción civilizadora de Buenos Aires. No queda otro camino sino el de su exterminio.

No es  éste el lugar para hacer la historia de la exterminación del gauchaje, no es nuestro tema. Nos limitaremos a mencionar algunos hechos. 1°) La “guerra de policía" llevada por Mitre después de Pavón y la gobernación de Sarmiento en San Juan. La “Vida del Chacho" escrita por el sanjuanino es un documento inapreciable en este sentido. 2°) La guerra del Paraguay. El gauchaje no solo es consciente de que es conducido al exterminio sino que no comparte los fines de una guerra llevada adelante por Buenos Aires. Las deserciones son continuas. Elizalde, Paunero y Rawson escriben numerosas cartas a Mitre sobre el tema (5). De estas deserciones se extrae otra conclusión contra el gaucho: no es patriota.

El tercer medio de eliminación del gaucho no es ya físico sino social: el gaucho es arrancado de su terruño, de su mujer y sus hijos y es remitido al servicio de fronteras. Allí aparte de arrastrar una vida penosa, muere a mano de los indios o no regresa más a su pago.

Este habrá de ser el tema del Martín Fierro.

III. ANTES DE LA IDA

El 6 de agosto de 1869 ocurre un hecho insólito en la ciudad de Buenos Aires: aparece un periódico en el que se defiende a los gauchos. Se llama El Río de la Plata  y su director, José Hernández, es un porteño que ha hecho su formación intelectual y política en el litoral entrerriano. Había  pertenecido antes,  en 1856, al partido Federal Reformista (los chupandinos para la prensa oficial) y a la redacción de La Reforma Pacífica dirigida por Nicolás Calvo(6). Su huida de Buenos Aires se produce luego de los turbulentos comicios de marzo de 1857 donde se toparon pandilleros y chupandinos (7). Una vez en Paraná funda el diario El Argentino y a partir de 1863 comienza a escribir una violenta biografía de Peñaloza. Acusa a la barbarie unitaria y advierte a Urquiza la cercana posibilidad de su muerte. Algunos años después, en noviembre de 1868, retorna a Buenos Aires donde todavía tiene amigos. Guido Spano, Navarro Viola, Quesada Pelliza y otros, lo acompañan en la nueva empresa: fundar un diario.

El diario aparece cuando ha transcurrido apenas un año de la presidencia de Sarmiento. Su programa es claro y terminante: abolición de los contingentes de frontera, elegibilidad por el pueblo de los jueces de paz, comandantes militares y consejos escolares. El mismo Hernández se encarga de escribir los editoriales, que tratan casi siempre los siguientes temas: “el falso concepto de civilización esgrimido contra el criollo, las pésimas condiciones de los servicios de frontera, los inmigrantes y los hijos del país, los oprimidos, la oligarquía." (8)
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Hernández no oculta sus intenciones: "El Río de la Plata se ha constituido en defensor de los derechos desconocidos y violentados en el habitante de la campaña" (9). Veamos cómo se realiza esta defensa: "Los gobiernos necesitan soldados para atender el servicio de la frontera. Pues que los busquen con sus recursos propios" (10). Y algunos días después: "¿Qué se consigue con el sistema actual de los contingentes? Empieza por introducirse una perturbación profunda en el hogar del habitante de la campaña. Arrebatado a sus labores, a su familia, quitáis un miembro útil a la sociedad que lo reclama, para convertirlo en un elemento de desquicio e inmoralidad" (11).

Ya hemos encontrado la raíz conceptual del antagonismo entre Hernández y la burguesía mercantil porteña. "Miembro útil a la sociedad" acaba de definir Hernández hablando de los gauchos. Irritante y curiosa frase para los porteños de 1869. Y sin embargo, es justamente eso lo que esta diciendo Hernández: la inutilidad del servicio de fronteras consiste no solo en que no cumple sus objetivos de defensa contra el indio, sino que pervierte al gaucho, en que lo arranca de su elemento natural (el trabajo de la estancia) y lo condena a una vida de miserias y perdición.

Hay que reorganizar la campana: "mientras la ley no cubra con su égida protectora las poblaciones desamparadas es excusado que nos afanemos en elaborar proyectos grandiosos” (12),

Se trata de defender al gaucho y no abandonar “esa base social para emprender conquistas imaginarias.”(13) Se trata (también) de escribir el Martín Fierro.


IV. LA IDA

Oscuro y clandestino, Martín Fierro fue la protesta de un perseguido. Aparece el 5 de diciembre de 1872 y es apenas un poema de 2.316 octosílabos apretados en un folleto que edita la imprenta La Pampa.

Aunque es tema conocido importa mucho destacar aquí la diferencia entre Hernández y los poetas gauchescos que lo procedieron. Contrariamente a lo hecho por Hidalgo, Ascasubi y Del Campo, Hernández no va a reírse del gaucho apelando a su ignorancia. Para él, el gaucho es un asunto serio y seria  debe ser la manera de tratarlo.

Al modo de Sarmiento (también el Facundo fue la obra de un perseguido), Hernández va a sostener una concepción militante de la literatura: no cantará por cantar sino que lo hará a su modo, opinando. Pero tampoco opinará sobre cualquier cosa, solamente sobre algunas muy determinadas y precisas. Lo dirá en La Vuelta: Procuren, si son cantores/ el cantar con sentimiento/ no tiemplen el estrumento/ por el sólo gusto de hablar/ y acostúmbrense a cantar/ en cosas de fundamento" (Vuelta, 4763/~38). Y las cosas de jundamento que canta Hernández son las siguientes: en el comienzo era el gaucho peón de estancia, vivía feliz, era amigo del patrón y trabajaba en paz. Pero un día, a causa de un sistema absurdo de medidas de gobierno, lo pierde todo: rancho, trabajo, mujer. Veamos como ocurre esto.

No se sabe con exactitud en que momento histórico fijar esa descripción de la edad dorada del gauchaje que hace Hernández al comienzo del poema. Tampoco se sabe si corresponde realmente a algún momento histórico o sólo se trata del transitado tema literario del paraíso perdido. Nada de esto nos importa a nosotros. Lo que hay que destacar aquí es que esa descripción nos muestra cuál era el ideal de vida que Hernández concebía para el gaucho: "Ricuerdo ¡que maravilla!/ cómo andaba la gauchada/ siempre alegre y bien montada/ y dispuesta pa el trabajo/ pero hoy en el día... ¡barajo! / no se le ve de aporriada" (Ida, 205/210). La nostalgia invade a Fierro cuando recuerda ese pasado. "¡Ah tiempos ...pero si en él/ se ha visto tanto primor" (Ida, 220). El siguiente verso elabora una concepción del trabajo y visualiza la figura del patrón: "Aquello no era trabajo/ más bien era una junción,/ y después de un güen tirón/ en que uno se daba maña/ pa darle un trago de cana/ solía llamarlo el patrón" (Ida, 225). En consecuencia: "y ansi, pues, muy grandemente/ pasaba siempre el gauchaje" (Ida, 245).

"Pero ha querido el destino que todo aquello acabara" (Ida, 251). E1 destino se personaliza en la figura trágica del Juez. Es un tema constante en las historias de gauchos: ya estaba en Mansilla (historia de Miguelito en Una Excursión a los Indios Ranqueles) y lo seguirá utilizando Eduardo Gutiérrez.

El Juez, ya sea porque quiere poseer a la mujer del héroe gaucho, o porque éste no se ha presentado a votar, (volviéndose sospechoso de servir a “los de la oposición”), o por ambas cosas, termina por instrumentar el poder que la Justicia ha puesto en sus manos y transforma al gaucho en un perseguido (matrero) o lo manda a servir a la frontera. Allí va Martín Fierro.

Los siguientes versos describen la desolada vida de la frontera. Las ideas centrales que desarrolla Hernández son las siguientes: 1) La frontera está mal defendida. “Aquello no era servicio/ ni defender la frontera” (Ida, 805); 2) La mano de obra gaucha es usada por el coronel de servicio; 3) No hay pago de jornal; 4) Negocios turbios que el gaucho adivina a pesar de su ignorancia; 5) Crítica al gringaje. Este punto hay que analizarlo con más detenimiento.

El verso 850 narra el encuentro de Martín Fierro con un gringo: “Era un gringo tan bozal / que nada se le entendía / ¡Quien sabe de ande sería! / Tal vez no juera cristiano/ pues lo único que decía/ es que era pa-po-litano” De ahí en adelante, Hernández describe con pasión y esmero la radical ineptitud de estos hombres. Los gringos no saben ensillar, ni carnear, ni mirar en la noche, ni acercarse a las reses aún cuando estén volteadas. Delicados como hijos de rico, afeminados, sufren el calor, tiritan cuando hay frío, se asustan con los truenos. Y Hernández-Fierro concluye: “Yo no sé por qué el gobierno / nos manda aquí a la frontera/ gringada que ni siquiera/ se sabe atracar a un pingo”. (Ida 890)

A partir del verso 1315 Hernández hace la defensa del gaucho. Comenta su miserable situación, su orfandad, su falta de derechos. Son los versos de mayor contenido polémico y social y constituyen verdaderamente una denuncia a la política de la burguesía porteña.

Luego del episodio en la frontera, Fierro vuelve a su pago. Pero ya no queda nada allí: ni casa, ni mujer, ni hacienda. “Yo juré en esa ocasión/ ser mas malo que una fiera" (Ida, 1013). Se vuelve gaucho matrero, se junta con el sargento Cruz y termina por no encontrar otra posibilidad más que irse vivir entre los pampas. Finaliza el poema. Hernández considera que ha contado "males que conocen todos/ pero que naides contó" (Ida, 2315).



V. DESPUES DE LA IDA

La ida de Martín Fierro es el desarrollo poético de los artículos de Hernández en El Río de la Plata (14) O sea: el gaucho es arrancado de la está para ir a servir a la frontera, la estancia pierde un elemento utilísimo (irremplazable) y la frontera sigue tan desguarnecida como antes. La vida del gaucho se revela imposible: debe volverse matrero y finalmente hundirse en la barbarie pampa.

No concluyamos nada aún. Es necesario estudiar antes los escritos en prosa que publica Hernández después de la Ida. Su pensamiento político se revela allí con toda traslucidez.

Como pensador político, Hernández ha tenido un maestro. Un gran maestro sin duda. En uno de sus discursos parlamentarios se declara “adepto de la escuela y de los ideales del Dr. Alberdi" (15), También solía llamarlo Platón argentino.

Vamos a caracterizar el pensamiento político de Alberdi partiendo de su polémica con Sarmiento. La crítica central que constantemente le formula Alberdi al sanjuanino es la siguiente: Sarmiento no comprende la importancia de los factores económicos dentro de los procesos históricos. Esto lo lleva a confundir la civilización con las ideas, las escuelas y los libros. Ha perdido el sentido de lo concreto. ¿Y que es lo concreto para Alberdi? Lo concreto es lo económico. En consecuencia, Alberdi habrá de transformar la antinomia sarmientina. La civilización no esta en las ciudades sino en la campaña. Y nada más, porque su interés no radica en afirmar que la barbarie se encuentra en las ciudades (cosa que por otra parte no creía) sino en mostrar donde se encuentra la civilización. Ahora bien, ¿por qué la civilización se encuentra en las campañas? Responde Alberdi: "Son las campañas las que tienen los puntos de contacto y mancomunidad con la Europa industrial, comercial y marítima, que fue la promotora de la revolución, porque son ellas las que producen las materias primas, es decir la riqueza, en cambio de la cual Europa suministra a la America las manufacturas de su industria. Las campañas rurales representan lo que Sudamérica tiene de mas serio para Europa" (16), La civilización es, entonces, lo económicamente valioso. Y más concretamente aun: lo económicamente valioso para Europa. O sea, la campaña.

Hernández nunca ignoró esta brillante tesis. Antes de la Ida, en agosto de 1869, escribía: “Es la campaña, pues, fuente de nuestra riqueza y de nuestro porvenir económico y social, la que necesita de garantías, de medidas liberales y protectoras (17). Tanto como el de Alberdi, todo el anti-facundismo de Hernández se reduce a la formulación de esta tesis: la civilización esta en las campañas.

En agosto de 1874, Hernández escribe desde Montevideo una carta a los editores de la octava edición del Martín Fierro. En esas breves páginas expone la totalidad de su pensamiento político, social y económico. '”Para mi (escribe), la cuestión de mejorar la condición social de nuestros gauchos no es solo una cuestión de detalles de buena administración, sino que penetra algo más profundamente en la organización definitiva y en los destinos futuros de la sociedad" (18). El gauchaje (la barbarie), lejos de representar ahora un impedimento para el desarrollo del país, se convierte en condición de posibilidad de todo progreso. Veamos por que: “Mientras que la ganadería constituya las fuentes principales de nuestra riqueza publica, el hijo de los campos, designado por la sociedad con el nombre de gaucho, será un elemento, un agente indispensable para la industria rural, un motor sin el cual se entorpecerla sensiblemente la marcha y el desarrollo de esa misma industria que es la base de un bienestar permanente y en que se cifran todas 1as esperanzas  de riqueza para el provenir.(19)  Pero antes de todo esto y como necesario punto de arranque “este gaucho tiene que ser ciudadano y no paria. Debe tener deberes y también derechos” (20) En La Vuelta de Martín Fierro Hernández continuará insistiendo sobre este punto “Es el pobre en su orfandad/ de la fortuna el deshecho/ porque naides toma a pechos/ el defender a su raza/  debe el gaucho tener casa/ escuela, iglesia y derechos” (Vuelta, 4823)

Ocho años más tarde Hernández habrá de retomar los temas centrales de la carta de Montevideo. Será en la más extensa y menos conocida de sus obras: Instrucción del Estanciero,  Tratado completo para la planteación y manejo de un establecimiento de campo destinado a la cría de hacienda vacuna, lanar y caballar. La edita Casavalle en 1882 y el titulo de su introducción ya dice mucho: Carácter moderno de la industria pastoril. (21)

Hernández comienza por constatar lo que él llama una verdad histórica: “la marcha de las sociedades en la senda de su progreso ha ido recorriendo penosa y lentamente la escala de pueblo cazador a pastor, de pastor a agricultor y de agricultor a fabril, como último término de la civilización. (22) Pero esta verdad histórica tiene un alcance restringido: sólo es aplicable a los pueblos antiguos. "Hoy (continua Hernández) la industria pastori1 representa también, civilización, empleo de medios científicos, inteligencia esmerada y en nuestra época el estado de cultura industrial de una sociedad se prueba lo mismo por una obra de arte, por una máquina, por un tejido ó por un vellón” (23). Eso se ha conseguido gracias al grado de unión y comunicación que mantienen los pueblos entre sí, lo que permite a los más atrasados adquirir de inmediato las conquistas de los que marchan al frente. Pues eso es la Historia: una marcha continua, un indefinido progreso.

Hernández expone luego con entusiasmo la teoría liberal del comercio exterior: "Como país productor, tenemos asignado un rol importante en el concurso de la industria universal. Por muchísimos años todavía, hemos de continuar enviando a Europa nuestros frutos naturales para recibir en cambio los productos de sus fabricas, que satisfagan nuestras necesidades, nuestros gustos o nuestros caprichos". Y mas adelante estampa esta delicia: “América es para Europa la colonia rural. Europa es para America la colonia fabril" (24), Se trata, en suma, de la división del trabajo a escala internacional y de la concepción del mundo como un vasto taller (25), Ideología no muy apropiada para quien, según Ramos, propulsaba el desarrollo de un "capitalismo argentino necesario.” Pero ya volveremos sobre esto.

Resumiendo, el pensamiento político de Hernández se estructura a través de los siguientes momentos: 1°) Nuestra riqueza está en la campaña. Es ella 1a que habría de permitirnos entablar el dialogo universal de las naciones. En ella está lo que Europa quiere de nosotros a cambio de sus manufacturas y sus luces. 2°) La campaña debe ser cuidadosamente atendida. 3°) Los gringos inmigrantes no conocen las tareas rurales. 4°) E1 único conocedor de esas tareas y capaz de llevarlas adelante es el gaucho. Conclusión: si exterminamos al gaucho exterminamos con él nuestra riqueza y nuestro futuro desarrollo económico. Conclusión de conclusión: si cuidamos al gaucho nos enriquecemos. Y Hernández habrá de resumir magníficamente todo en el siguiente texto: "Necesitamos, ciertamente del elemento extranjero Pero necesitamos cuidar con mucho empeño la condición, la suerte de nuestros paisanos; porque es un axioma en los pueblos modernos que las sociedades que olvidan la suerte de sus pobres están condenadas a ser siempre pobres”. Y concluye entregándonos esta otra delicia: "El medio de enriquecerse es cuidar de los pobres” (26).

Claro esta que Hernández no habla en su único nombre: concretos intereses de clase se evidencian en su protesta. El Martín Fierro plantea el enfrentamiento entre los sectores ganaderiles del litoral y la política de la burguesía comercial porteña (27).

Ya hemos puntua1izado más arriba el carácter mediador e improductivo de esta clase, su necesidad de entregar a Inglaterra un mercado interno pacificado, su obstinado odio al gauchaje y la planificación de su exterminio. La burguesía porteña se identifica con los ganaderos del litoral en la mutua necesidad de entregarse al comercio de exportación. Pero la clase ganaderil no es intermediaria sino esencialmente productora, y en su condición de tal menesterosa de mano de obra barata. Necesita, pues, conchabar en sus estancias a esos mismos gauchos que la burguesía porteña desea exterminar. Estos oscuros gauchos, en efecto, son un elemento excepcional para la clase ganaderil: constituyen una mano de obra no sólo barata sino también calificada. Nacidos en la pampa, aprendieron con pasión la totalidad de sus secretos. No hay inmigración que pueda reemplazarlos, no hay pa-po-litano que se les pueda comparar.

¿Qué debe hacer entonces la burguesía sarmientina? Muy simple: cumplir con los reclamos de un libro que le está dedicado, Martín Fierro. Crear un ejército de 1inea para defender adecuadamente las fronteras, abandonar la búsqueda de contingente en el gauchaje, dotar de derechos al gaucho y tratarlo como a cualquier ciudadano, impedir los abusos de los jueces haciéndolos elegir en comicios legales, etc.

Con mayor lucidez política, lentamente, la burguesía porteña comienza a realizar lo exigido por Hernández en la Ida. Por eso La Vuelta del Gaucho Martín Fierro ya no le está dirigida. Su destinatario directo es ahora el habitante de la campaña bonaerense y litoralense. Los puebleros ya escucharon y están haciendo lo correcto. Ahora hay que dirigirse a los gauchos y enseñarles con qué deberes habrán de pagar sus derechos: ha llegado la hora del consejo.


VI. ANTES DE LA VUELTA

En 1879 Hernández vive tranquilo en Buenos Aires. Avellaneda es presidente y la política es controlada por el Partido Autonomista Nacional de Alsina. Hernández, junto con Aristóbulo del Valle y Alem, es hombre del autonomismo. "Nuevos horizontes y perspectivas de acción política se avizoran en el país, desligadas las provincias de la absorbente política de Sarmiento" (28).

Hernández decide reconstruir la economía de su hogar: con la colaboración de su hermano Rafael, agrimensor muy acreditado y estimado, se dedica a asesorar a los compradores de campo, recibiendo comisión (29). Así consigue juntar bastante dinero y se compra una quinta en Belgrano. A principios de 1879 funda la librería del Plata y allí escribe la Vuelta. E1 30 de marzo de ese año es elegido diputado provincial y se incorpora a la legislatura bonaerense. Es reelecto el 30 de abril de 1880: "en ese carácter, le tocó defender, durante las sesiones de noviembre de ese año, la causa de la federalización de la ciudad de Buenos Aires" (30).

Hernández defiende esta causa con afirmaciones como la siguiente: (no se trata de ceder Buenos Aires a la Nación) "sino recuperar en favor de Buenos Aires el derecho que le asiste por ser la capital de la Republica" (31). ¿Se ha vuelto porteño? Sí y no. Sólo ocurre que son los tiempos de Roca y el liberalismo triunfa a nivel nacional. Volveremos sobre esto.

Veamos que exigencias de la Ida se han cumplido o están por cumplirse cuando Hernández emprende la tarea de escribir la Vuela. 1°) 5 de octubre 1878: Avellaneda promulga la Ley 947 para financiar la expedición contra el indio. 2°) Mayo de 1879: Roca concluye la expedición al desierto. 3) Organización del ejército regular. Esto habrá de cumplirse definitivamente con la Ley 4031 del 6 de diciembre de 1901: servicio militar obligatorio. Concluimos entonces que cuando Hernández comienza a escribir la Vuelta, la mayoría de las medidas que en la Ida había exigido a la burguesía porteña se han cumplido, se están cumpliendo o por cumplir. Por eso la Vuelta se dirige a otro auditorio.

Hernández no ignora el ascendiente moral que tiene entre sus paisanos. Los gauchos han leído con avidez la Ida y aunque Buenos Aires hace lo posible para ignorar el libro, éste tiene un éxito abrumador en la campaña. No hay boliche que deje de solicitar un ejemplar a su proveedor porteño. Piden así: 50 gruesas de fósforos, dos quesos de bola, 10 tercios de yerba, 2 pipas de vino Carlón, una barrica de cerveza, 50 Martín Fierro.

Mas de cuarenta mil ejemplares en seis años, once ediciones, Hernández sabe de la vastedad de su auditorio. Ahora bien, ¿como dirigirse a ellos? E1 prólogo de la Vuelta lo explica con claridad: "Un libro destinado a ... servir de provechoso recreo después de las fatigosas tareas a millares de personas que jamás han leído, debe ajustarse estrictamente a los usos y costumbres de esos mismos lectores... Sólo así se pasa sin violencia del trabajo al libro". Se pregunta luego cómo educar a esos hombres rudos y desamparados, y contesta: “Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar... aconsejando la perseverancia en el bien y la resignación en los trabajos... Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es debido a los superiores y magistrados".

En resumen: la Ida se proponía mostrarle a la burguesía portuaria cual era el sistema más apropiado y progresista para estructurar el país. La Vuelta se propone proveer al gaucho de todos los elementos necesarios para incorporarse a ese sistema.


VII. LA VUELTA

Muerto Cruz, Fierro intuye como insoportable su vida entre los indios. Mata a uno de ellos por defender a una cautiva y escapa con la mujer. Luego la abandona: “Me voy, le dije ande quiera / aunque me agarre el gobierno/ pues infierno por infierno/ prefiero el de la frontera” (Vuelta, 1545). Retorna con algunas esperanzas: “a ver si puedo vivir/ y me dejan trabajar" (Vuelta, 135). Y enumera entonces sus habilidades como todo aquello que tiene para ofrecer a cambio de una vida con derechos: “Sé dirigir la mansera/ y también echar un pial;/ sé correr en un rodeo,/ trabajar en un corral;/ me sé sentar en un pértigo/ lo mesmo que en un bagual (Vuelta, 140). El gaucho sabe tantas cosas como los gringos ignoran.

Dan comienzo luego los relatos de los hijos de Fierro. La estructura es siempre semejante a la que se sigue repitiendo desde los relatos de Mansilla en Una Excursión: Juez irracional y arbitrario impone justicia amparado en un sistema absurdo y el gaucho es su victima.

El primero de los hijos de Fierro ha pasado su vida en la cárcel, de aquí la brevedad de su historia: "quien ha vivido encerrado,/ tiene poco que contar" (Vuelta, 2080). Pero advierte: "Manéjense como buenos / no olviden esto jamás/ y si atienden mis palabras/ no habrá calabozos llenos" (Vuelta, 2075). Importa destacar esto porque es el primer consejo de mansedumbre que aparece en la Vuelta: manéjense como buenos.

En el relato del segundo hijo hace su aparición el Viejo Vizcacha. Sucio, avaro, ratero, borracho, también sabe dar consejos. Pero el moralismo de Hernández impugna sutilmente las palabras de este sombrío personaje: son esos consejos los que no deben seguirse. Quizás algunos de ellos hubieran podido servirle al Fierro perseguido y matrero de la Ida. Pero ahora las cosas han cambiado, son otros los consejos que hay que saber escuchar.

Hace luego su aparición un hijo del sargento Cruz: Picardía. Su relato se desarrolla también por los carriles tradicionales: comicios fraudulentos, el gaucho no quiere votar, lo mandan al cepo y a la frontera. Hernández aprovecha para hacer una nueva descripción de ese mundo y la comienza con estos versos: "No repetiré las quejas/ de lo que se sufre allá,/ son cosas muy dichas ya/ y hasta olvidadas de viejas" (Vuelta, 3601). Todo parece indicar que ya han comenzado a producirse algunos cambios.

Pero Picardía hace una nueva descripción de la vida en la frontera y Hernández un repaso de las tesis centrales de la Ida: "De este modo es el pastel/ porque el gaucho... ya es un hecho,/ no tiene ningún derecho/ ni naides vuelve por él" (Vuelta, 3655). Y concluye: "Y ya es tiempo pienso yo/ de no dar más contingente;/ si el Gobierno quiere gente/ que la pague y se acabó" (Vuelta, 3705).

Si bien en la payada con el Moreno es el tema metafísico el que predomina, Hernández vuelve también aquí a retomar el tono de la Ida. ¿Que cs la ley?, pregunta Fierro. Y contesta el Moreno: “la ley se hace para todos/ mas sólo al pobre le rige" (Vuelta, 4233). Y luego "no la tema el hombre rico,/ nunca la tema el que mande'”(Vuelta, 4237). Pregunta Fierro cuál es la ley que se aplica en el país. Contesta el Moreno: "Y aunque de esto poco entiendo/ estoy diariamente viendo/ que aplican la del embudo" (Vuelta, 4256)

Pero será en los consejos de Martín Fierro a sus hijos donde habrá de aparecer con mayor claridad el verdadero espíritu de la Vuelta. Dice Fierro: “es mejor que aprender mucho,/ aprender cosas buenas” (Vuelta, 4610). Veamos pues, cuáles son esas cosas pocas pero buenas que enseña Hernández por boca de su personaje.

“Bien lo pasa hasta entre pampas/el que respeta a la gente/ el hombre ha de ser prudente/ para librarse de enojos/  cauteloso entre los flojos/ moderado entre valientes” (Vuelta, 4645). El hombre, pues, ha de ser respetuoso, prudente, cauteloso, moderado. Continuemos: “El trabajar es la 1ey/ poruqe es preciso adquirir/ no se espongan a sufrir/ una triste situación:/ sangra mucho el corazón/ del que tiene que pedir” (Vuelta, 4650) Otra exhortación al trabajo: “Debe trabajar el hombre,/ para ganarse su pan/ pues la miseria en su afán/ de perseguir de mil modos/ llama a la puerta de todos/ y entra en la del haragán" (Vuelta, 4666). Y luego advierte: “Si la vergüenza se pierde/ jamás se vuelve a encontrar” (Vuelta, 4690). Son tan conocidos estos versos, hasta tal punto se ha hecho uso de ellos en textos escolares, en cuadritos, maderitas para colgar en el living o en afiches coloreados para los boliches de campaña, que basta con recordar el primero para que los demás vayan brotando solos, como aguas del manantial ideológico de nuestro liberalismo.

Recordamos algunos otros. Obediencia al patrón: "El que obedeciendo vive/ nunca tiene suerte blanda/ mas con su soberbia agranda/ el rigor en que padece,/ obedezca el que obedece/ y será bueno el que manda" (Vuelta 4715). No robar: "el hombre de razón/ no roba jamás un cobre/ pues no es vergüenza ser pobre/ y es vergüenza ser ladrón" (Vuelta, 4730). No matar: (porque) “la sangre que se redama/ no se olvida hasta la muerte" (Vuelta, 4740).        

Se trata, en suma, de trabajar fuerte, no perder la vergüenza, ser siempre derecho ni buscar rencillas, reconocer que la suerte del sometido no es blanda, pero condenar la soberbia porque vuelve más dura esa suerte. Los que mandan son buenos al bajo precio de obedecerlos. Y el final: "y si canto de este modo/ por encontrarlo oportuno/ no es para mal de ninguno / sino para el bien de todos" (Vuelta, 4890).

Optimista y conciliatorio, el final de la Vuelta no hace más que reflejar la fraternal unión de Buenos Aires, el litoral y los grupos liberales del interior mediterráneo, bajo la presidencia de Roca.



VII. DESPUES DE LA VUELTA

La organización nacional, el ferrocarril, la inmigración, el intercambio comercial con Europa, constituyen un vasto movimiento histórico que la ideología 1iberal encierra en una de sus más amadas palabras: el Progreso. Todos los países del planeta se encuentran comprometidos en esa única empresa. Los más poderosos marchan al frente mientras los más débiles, al relacionarse con ellos por medio del comercio, conquistan inexorablemente su misma grandeza. Siendo el orden la condición necesaria de este proceso, los liberales argentinos festejan el fin de las montoneras y la sumisión del gauchaje.

Segura de su poderío y de su triunfo, la burguesía porteña deja de insultar al gaucho para cantar su elegía. Aparece el tema del gaucho que se va. Rafael Obligado, en 1885, le escribe su epitafio '^Era el grito poderoso/ del progreso, dado al viento/ el solemne llamamiento/ al combate más glorioso./ Era, en medio del reposo/ de la pampa ayer dormida,/ la visión ennoblecida/ del trabajo antes no honrado/ la promesa del arado^/ que abre cauces a la vida”. Se trata de la lucha entre Juan Sin Ropa (el Progreso) y Santos Vega. “Como en mágico espejismo/ al compás de ese concierto/ mil ciudades el desierto,/ levantaba de sí mismo/ y a la par que en el abismo/ una edad se desmorona/ al conjuro de ancha zona/ derramábase la Europa/ que sin duda Juan Sin Ropa/ era la ciencia en persona” Y concluye: “Santos Vega se va a hundir/ en lo inmenso de los llanos/ ¡Lo han vencido!/ ¡Llegó, hermanos, el momento de morir (82). Implacable y ciega, es la Ciencia misma la que decreta la muerte del gaucho. Su tiempo, su historia y su escenario, comienzan a ser profundamente transformados. Sicardi, en Libro Extraño, hablará de los acordeones gringos enmudeciendo a las guitarras, de los edificios y las fábricas que surgen para ganarle terreno a la pampa. Cambaceres mostrará en Sin Rumbo al gaucho resentido, sufriendo con odio su desplazamiento y humillación.

Todas estas melancólicas evocaciones del gaucho que se va, respondían, sin embargo, a la imagen que del gaucho tenía la burguesía mercantil y urbana. Fueron ellos los que no vieron en el gaucho sino al ser improductivo y errante, arisco al trabajo, afectado a su guitarra y su libertad. La burguesía mercantil elaboró entonces dos modos de interpretación del gaucho que, si bien coincidían en considerarlo como un ser esencialmente improductivo, diferían en otros aspectos. 1°) La interpretación sarmientina que ya hemos estudiado. 2|) La interpretación de Ricardo Gutiérrez y Rafael Obligado. El gaucho, para estos autores, vive su improductividad al modo del poeta y no ya como bárbaro montonero. Se transforma así en poeta enamorado y en esa nueva condición pasa sus horas cantando, tocando hermosas melodías en su guitarra y enamorado de su prienda. También suele pelear pero lo hace por defender su honra, su amor o la Independencia de su País. (Obligado: El Himno del Payador). De este modo, el gaucho se transforma en un héroe al estilo de los de Byron en Gutiérrez o en un payador enamorado y soñador que es vencido por la dura, material e inevitable marcha del progreso en Obligado. Una variante interesante dentro de ésta interpretación es la de Eduardo Gutiérrez (Juan Moreira). Aquí el gaucho es improductivo en tanto héroe castigado por un injusto sistema policial; es el fuera de la ley que tiene nobles sentimientos y hace la justicia a su modo. Una especie de Robin Hood o Dick Turpin. Pero todas estas interpretaciones coinciden en marcar la imposibilidad total que padece el gaucho para adaptarse a los nuevos tiempos. Por eso lo que se canta es su muerte.

Lo que diferencia a Hernández de todos estos autores es su lucidez para advertir que el gaucho no muere, y que si no muere es porque precisamente no es un ser improductivo y ajeno a la época de progreso que se inicia sino, muy por el contrario, condición de posibilitar de esa misma época. Con otros elementos, con mayor experiencia histórica Güiraldes habrá de pertenecer a esta misma línea interpretativa.


IX. DON SEGUNDO SOMBRA COMO REALIZACION DEL IDEAL HERNANDIANO

Al modo del Emilio, Wilhem Meister o la Fenomenología del Espíritu, Don Segundo Sombra narra la historia de un aprendizaje. La lenta, dura y heroica tarea de hacerse gaucho. La vida pampeana es concebida como un universo moral hecho de austeridad, coraje, desprendimiento, sinceridad y resignación.

Güiraldes realiza la síntesis acabada del mundo del gaucho productivo con el del gaucho improductivo. A1 modo de Hernández considera al gaucho como parte esencial en el desarrollo del país. O sea, como peón de estancia que de estancia que trabaja, obedece y cobra su sueldo de manos del patrón amigo. Pero esta concepción del gaucho, como ser productivo y útil,  no le impide conservarle todas esas bellas cualidades de indolente soñador improductivo que le habían endilgado los poetas de la burguesía porteña. Don Segundo Sombra habrá de ser así lo que todos saben: la poetización de la explotación campesina

Obligado y Gutierrez encontraban en la libertad, en la vida errante, la razón de la felicidad del gaucho. No concebían un gaucho trabajando a precio de dejar de serlo.   Güiraldes verá en el oficio del tropero que ejercía Don Segundo Sombra la realización productiva de esa libertad. Así al moedo de Hegel y Sartre, termina encontrando la libertad en el trabajo.

Sin embargo, en Güiraldes, el elemento poético se va imponiendo al real y nuevamente la definición de gaucho se da más por lo subjetivo, por lo espiritualm, que por las circunstancias concretas de su vida. De este modo, Fabio Cáceres, el protagonista, terminará siendo estanciero y potentado, sin dejar por eso de ser gaucho. Don Segundo le dice: “Si sos gaucho en de veras, no has de mudar, porque andequiera que vayas, irás con tu alma or delante como madrina e’ tropilla”(33) Ser gaucho, pues, es un estado de alma.

Importa estudiar también la descripción que hace Güiraldes de la figura del patron.

Escribe: “El patrón es joven. Andaba bien montado y su trato con el paisanaje daba confianza” (34) Y más adelante: "El patrón, aunque es medio mandón pa’l trabajo, es servicial cuando quiere… Sabe abrir la mano grandota y es fácil que se refalen unos patacones” (35) Es la misma imagen que había pintado Hernández: el patrón gaucho, generoso, amigo del gauchaje, severo cuando hay que serlo, duro para hacer trabajar, pero trabajador también él. Por esos mismos años, en Los Caranchos de la Florida, el naturalismo de Benito Lynch supo mostrar con mayor veracidad la vida de los gauchos que el espiritualismo de Güiraldes.

Los panegiristas del Martín Fierro gustan oponer la obra de Hernández a la de Güiraldes. Don Segundo Sombra sería así una especie de anti Martín Fierro. Tratado hasta el hartazgo, revisionistas, peronistas y marxistas han coincidido en este tema. Los términos de la oposición serían los siguientes: a) Martín Fierro, gaucho matrero y rebelde; b) Don Segundo Sombra, gaucho amansado por la oligarquia, atado a la estancia y sometido al patrón.

Lamentablemente, sin embargo, Hernández escribió Don Segundo Sombra mucho antes que Güiraldes. El Don Segundo de Hernández es, en efecto, esa visión idílica de la estancia antes de la irrupción irracional del sistema de los contingentes. Ahí ya estaban todos los elementos que desarrollara luego mistificador Güiraldes: el patrón paternal y gaucho, la alegría del trabajo diario, la sencillez de la vida campesina, la doma, el placer del descanso, la guitarra, la china y el cimarrón. Por eso Don Segundo, lejos de ser el anti-Martín Fierro, es su mas acabada figura.

E1 mundo de Güiraldes se ha enriquecido con los aportes de Obligado y Ricardo Gutiérrez, pero en él aparece realizado no solo lo que Hernández imaginó al describir la edad dorada del gauchaje, sino también todo lo que había pedido en sus editoriales para El Río de la Plata. Ningún episodio muestra esto con mayor claridad que aquel en que Don Segundo es conducido a prisión. La actitud irónica del gaucho contrasta con la blandura policial. Sombra es reintegrado de inmediato a s u libertad y se aleja dejando caer una frase burlona sobre el cabo que lo detuvo: "Güen cabo. . . pero no pa' rebenq^ue (36)



X. CONCLUSIONES TEORICAS

Debemos ahora volver a las interpretaciones que la corriente nacional ha realizado sobre la figura política y literaria de Hernández. Intentaremos a través de la crítica de las mismas, la enumeración de determinados elementos teóricos que, en nuestra opinión, son condición fundante de toda interpretación nacional del proceso histérico argentino.

Uno de los primeros juicios que marcamos fue el de Hernández Arregui. Según este autor Martín Fierro constituía "el inconcluso conflicto del pueblo argentino contra la oligarquía”. Y tiene razón y no la tiene. Porque si bien es cierto que el Martín Fierro describe un conflicto (y no el conflicto) del pueblo contra la oligarquía, y que en cuanto tal (y ya lo marcamos) constituye una defensa de los desheredados, también es cierto que para evaluar una defensa de este tipo es necesario cuestionar antes desde qué perspectiva política está realizada.

Algunos revisionistas se equivocan por la misma razón por la que se equivocan siempre: reducen la historia al conflicto de las grandes individualidades (teoría del grande hombre histórico) y la cosa no pasa de allí. E1 tremendo odio que sienten por el masón Sarmiento, los lleva entonces a absolutizar la figura de José Hernández (que desgraciadamente también era masón) y a considerarlo la encarnación viviente de su propio personaje. (Cfr. De Sadi) De este modo ven en Hernández esa figura gaucha, macha, estancieril y amante de la tierra que tanto los fascina.

Los errores de Jorge A. Ramos son los que mas nos interesan. Ramos, al menos, se maneja con ciertos principios metodológicos. Pero, desgraciadamente, aquí se encuentran los profundos orígenes de sus mayores descalabros teóricos. Vemos cómo ocurre esto.

Ramos reduce el drama de nuestra historia al enfrentamiento de Buenos Aires centralista y absolutista contra el Interior nacionalista. El elemento en discordia seria la posesión de la jugosa renta aduanera. Para un autor que se basa en Alberdi, las cosas no podían ser de otro modo.

E1 primer error de una interpretación de este tipo, consiste en distinguir muy someramente las distintas fuerzas políticas existentes en el Interior. De este modo no se destacan suficientemente las diferencias entre el interior mediterráneo y el litoraleño; como así tampoco se evalúa la importancia de los grupos liberales actuantes en las ciudades del interior. La categoría Interior queda entonces en total indeterminación y ese vasto territorio es rotulado como nacionalista de una vez para siempre. He aquí el origen de la importancia que otorga Ramos a las figuras provincianas que llegan al poder. A1 no ver que esas figuras pertenecían a los grupos liberales de sus provincias, y que era esa pertenencia lo que las llevaba a ser aceptadas por la burguesía porteña, Ramos verá en las presidencias de Sarmiento, Avellaneda y Roca una ilusoria contraofensiva provinciana.

Consideradas así las cosas, el Martín Fierro aparece como una protesta del Interior contra el centralismo y el despotismo de la oligarquía portuaria. Y como para Ramos el Interior es nacionalista por principio, resulta que el Martín Fierro es un alegato nacionalista. De aquí a decir que el texto hernandiano propugna una política nacional burguesa tendiente al desarrollo de un capitalismo autónomo hay un paso. Y Ramos lo da y formula una serie de juicios muy alentadores (transcriptos por nosotros al comienzo) que, desafortunadamente, no encuentran un solo pasaje en la obra de Hernández donde ir a fundarse.

Las primeras fijaciones teóricas que es necesario hacer para ubicar políticamente al Martín Fierro, son las siguientes: 1°) Advertir que si bien el poema constituye una protesta del Interior contra Buenos Aires, ese Interior está circunscripto a la zona del litoral entrerriano. 2°) Realizando un análisis de clases, determinar que las clases dominantes de esa zona del país, pertenecían al sector agropecuario sin intereses suficientes en la creación de un mercado interno. 3°) Que esos intereses económicos eran expresados por una política que proponía una estructuración liberal-democrática del país, orientándolo a la complementación con el mercado mundial.

El problema principal a resolver en el conflicto Buenos Aires-Litoral, es el de si esas opciones eran realmente opuestas en lo que respecta a la posición política del país como apéndice del imperialismo. La praxis histórica del litoral es bastante explicita en este aspecto. Todas las alianzas que realizó para enfrentar a Buenos Aires culminaron con una traición. Ramírez traicionó a Artigas, López traicionó a Ramírez y a Quiroga después, Urquiza se hartó de traicionar. Esas uniones, pues, no pasaron nunca de ser maniobras tácticas para fortalecerse en el enfrentamiento con Buenas Aires (37). Llegado el momento de la verdad, su producción exportable arrojó siempre al Litoral en brazos de Buenos Aires y el librecambio.

Hombre del Litoral, discípulo de Alberdi, ¿cómo no iba a confiar Hernández en las bondades del comercio exterior? No había para él otra salida más que intensificar el desarrollo de la producción primaria. De este modo, el país debía estructurarse mirando hacia afuera, porque era afuera donde estaba la riqueza. Materias primas y manufacturas habrían de mantener siempre relaciones de igualdad a través del comercio. No alcanzó a sospechar que el comienzo del desarrollo de las relaciones comerciales con los países avanzados, constituiría para los países nuevos el comienzo de su proceso de subdesarrollo. No sospechó que el comercio exterior, lejos de dar impulso a las estructuras dinámicas, iba a significar el fortalecimiento las estáticas. Tampoco sospechó que desde los años de su Martín Fierro hasta hoy la relación entre los precios de mercado de la producción fabril y la primaria habría de resultar siempre desfavorable a esta última. No sospechó que los avances de la industria y de la técnica, lejos de unir cada vez más a los países nuevos con los avanzados, habrían de concentrarse en estos últimos creando grandes centros industriales a través de los cuales se ejercería un sofocante dominio. Tampoco sospechó, en fin, que toda economía de exportación termina por ser una economía débil, deforme, unilateral, monoproductora, monoexportadora y siempre dependiente de mercados exteriores en los cuales, a causa de su esencial debilidad, nada puede influir. O quizás si lo sospechó, pero su militancia en la política del Litoral, sus intereses de clase, o sus prejuicios ideológicos, le impidieron confesarlo.(38)

Coincidentes, entonces, Buenos Aires y el Litoral en cuanto a la estructuración política del país, los trabajos en prosa de Hernández y el Martín Fierro no podían tener otra cosa sino ese profundo sabor reformista que los caracteriza. Hernández, en efecto, discute cuestiones de detalle. Su diferencia con Sarmiento no consiste en una mayor lucidez política sino en una mayor sabiduría práctica. Hombre de estancia, acostumbrado a tratar desde siempre con el gauchaje, conocía como pocos esa clase y los beneficios que podía brindar. Superaba así con mucho toda esa charla sarmientina de las escuelas, las maestras yankis y la inmigración calificada e industriosa. Pero nada más.

Ahora bien, ¿es Martín Fierro el anti-Facundo? La respuesta a esta pregunta depende de la concepción que se tenga del Facundo. Si reducimos el texto sarmientino a un mero ataque al gauchaje, indudablemente Martín Fierro se le enfrenta con furia. Pero si consideramos al Facundo como la expresión ideológica más acabada y poderosa de todos aquellos sectores que lucharon por constituir el país como apéndice del mercado europeo, ni el Martín Fierro ni los restantes escritos de Hernández se le oponen en este plano. Martín Fierro sería, a lo sumo, el anti-Facundo de los ganaderos del Litoral interesados en salvar a1 gaucho del exterminio de la burguesía mercantil para conchabarlo en sus estancias (39). Pero esto no le alcanza para nada. Porque si Facundo es la planificación y la lucha por nuestra dependencia, el verdadero anti-Facundo habrá de buscarse en aquellas fuerzas históricas que pugnaron por estructurar el país desde otra perspectiva política a la de Sarmiento (40)

No es tema de este trabajo investigar cuáles fueron esas fuerzas. Solamente nos ocuparemos de refutar el principal argumento que se les opone: el de su imposibilidad histórica. Para los liberales, en efecto, no había otro camino, sino el del Facundo. Un anti-Facundo a lo sumo sólo podía elaborarse a partir de la discusión de ciertas cuestiones parciales: si los gauchos servían o no servían. Pero nada más. La posibilidad fundante (es decir, la complementación con el mercado europeo) no podía discutirse porque era única. Solamente a través de ella, estos territorios habrían de dispararse hacia el Progreso. Todo lo demás conducía al estancamiento y la barbarie. O al quedantismo, como gusta todavía decir el diario de Mitre. Y. en última instancia, todo lo demás era irracionalismo puro, pues se oponía al espíritu de los tiempos, al camino ejemplar del librecambio pregonado por los países de Europa.

También el marxismo dogmático comparte esta posición. A partir de ciertos textos de Marx elabora un esquema del desarrollo universal y necesario de las sociedades que, transformándose en una filosofía de la historia, habrá de aplicarse mecánicamente a todas las regiones del planeta. Considerando al capitalismo como paso previo y necesario para el socialismo, acompañará con simpatía todas las conquistas de aquél. De este modo, apoyará la praxis política del liberalismo porteño conceptuando como progresistas sus contactos con la Europa capitalista. A las artesanías del interior, los caudillos y las montoneras, no las calificará como bárbaras sino como precapitalistas. Y la época feudal será en la Argentina extensa y dilatada como un enorme bostezo.

La refutación de Alonso Aguilar a las teorías desarrollistas que encuentran un obstáculo en el carácter dual de las economías subdesarrolladas, se aplica magníficamente al marxismo dogmático. "Tal punto de vista, escribe Aguilar, adolece de graves limitaciones; supone en primer lugar, de una manera artificial y apologética, que el capitalismo sólo ha penetrado en los sectores mas modernos de las economías subdesarrolladas; identifica tendenciosamente el progreso de esos sectores con la expansión del capitalismo y, en consecuencia, divorcia a este del atraso y del abandono de las zonas más pobres tiende a considerar, en el fondo de una manera mecanicista, que si el capitalismo jugó un papel progresivo al irrumpir en las viejas sociedades de los países hoy industrializados tal papel habrá de repetirse en las naciones subdesarrolladas; no examina el desenvolvimiento del capitalismo en un plano histórico realista, ni por tanto la medida en que tal sistema ha penetrado en las viejas estructuras y, por último, exagera la supuesta resistencia al cambio social y económico de las estructuras" (41)

La justificación liberal de nuestra dependencia habrá de encontrar otro aliado en una segunda forma del mecanicismo marxista: el economismo. La maniobra se estructura del siguiente modo: a) se caracterizan primeramente los sectores económicos existentes en el país; b) se realiza un análisis de clases; c) se descubren dos clases las que mantienen relaciones de importación y exportación con los mercados europeos: burguesía comercial y estancieros saladeristas y las que producen para el mercado interno: industrias del interior; d) se le asigna a cada clase una determinada posibilidad objetiva; e) como toda posibilidad estructura de inmediato un vasto campo de imposibilidades, toda clase pasa a poseer también una determinada imposibilidad objetiva; f) se descubre entonces que la posibilidad objetiva de las clases ligadas al comercio de exportación es precisamente más objetiva que la de las clases productoras para el mercado interno; g) se concluye demostrando que era forzoso (necesario, lógico, racional) que el librecambio de las primeras se impusiese sobre el proteccionismo de las segundas. Lo que conduce a la siguiente afirmación: “El proceso histórico … conducía al país a su destino nacional, es decir a hacer de él un apéndice agropecuario de Inglaterra" (42).

E1 liberalismo, el marxismo dogmático y el economicista, realizan así la justificación teórica de nuestro desarrollo dependiente. Se reducen, en última instancia, a predecir el pasado. A través del estudio de lo ocurrido, fundamentan esta razón fáctica demostrando que nada distinto hubiera podido ocurrir. O nos incorporábamos a Europa o vegetábamos eternamente fuera de la historia. Generalmente son muy convincentes porque la posibilidad histórica que pretenden fundar, se ha fundado a sí misma a través de su realización, en la misma medida en que parece haberse negado la otra a través de su fracaso. Y si siempre coinciden con los hechos, es porque han partido desde el comienzo de una coincidencia con estos. En resumen, no hacen sino postular la siguiente tautología: si tuvimos un desarrollo dependiente fue porque tuvimos un desarrollo dependiente.

No pretendemos avanzar más. Sólo queríamos mostrar los preconceptos que vician la estructura se estas formulaciones. Criticarlas a través de la demostración de cuál hubiera podido y debido ser nuestro desarrollo autónomo, nos parece también un absurdo teórico. Se terminaría haciendo una especie de poesía de la liberación. Lo único que hay que puntualizar sobre este tema, es que cualquiera que hubiera podido y pueda ser nuestro desarrollo autónomo, es más correcto  pensarlo al modo del desarrollo europeo clásico, pues nosotros no tuvimos ni tenemos colonias que explotar para realizar nuestro despegue.



XI. MARTIN FIERRO Y LA MONTONERA

Es inexacta la afirmación de Ramos sobre la relación entre Martín Fierro, la montonera, los caudillos y las masas del interior. Montonera significa gauchos que andan en montón. Y el gaucho de Hernández anda solo: “yo abriré con mi cuchillo/ el camino pa’ seguir (Ida, 1389). Individualista, anárquico, no concibe la acción en grupo ni nunca asoma en el poema la posibilidad de una revuelta social contra el sistema. Cuando Fierro se junta con alguien (con Cruz), es para huir y desaparecer entre la barbarie pampa.

El más alto momento histórico del gaucho, el de mayor profundidad social, el más heroico, el más hondamente unido a las luchas populares de nuestra época, lo dio la montonera. Quejumbroso y solitario, nada tuvo que ver con ella Martín Fierro.


Notas:
1) Hernández Arregui, J. J., Imperialismo y Cultura, Buenos Aires, Amerindia, 1957, p. 178.
2) Ramos, Jorge Abelardo, Crisis y Resurrecci6n de la Literatura Argentina, Buenos Aire, Coyoacán 1961, p. 30
3) Ob. cit. p. 38.
4) Para los trabajos en prosa de Hernández (excepto Instrucción del Estanciero, 1882) habremos de utilizar la recopilación de Pagés Larraya, Antonio, en Prosas del Martín Fierro, Buenos Aires, Raigal 1952.
5) Archivo del General Mitre, Guerra del Paraguay, Buenos Aires, Biblioteca de la Nación, 1911
6) Chávez, Fermín, José Hernández, Periodista, Político y Poeta, Buenos Aires. Ediciones Culturales Argentinas, 1959, pags. 15 y l6.                       7) A estas elecciones hace referencia la celebre carta de Sarmiento a Domingo de Oro (Buenos Aires, 17/6/1857): “ Los gauchos que se resistieron a vota por los candidatos del gobierno fueron encarcelados, puestos en el cepo, enviados por el ejército para que sirviesen en la frontera con los indios, y muchos perdieron el rancho, sus escaso bienes y a mujer".
8) Cháves, ob cit, p 52
9) Prosas, p. 192.
10) Prosas, p. 192.
11) Prosas, p. 197
12) Prosas, p. 190
13) Prosas p. 191. Tratando de ser breves, apenas si ha sido posible mencionar los temas centrales de los artículos de Hernández antes del Martín Fierro. Importa, sin embargo, hacer referencia al editorial el 3/10/1869, la Ciudad y la Campaña. Hernández presenta a la campaña como el reino de la violencia y la arbitrariedad "se hallaba entonces entregada al estado primitivo de la barbarie' (Prosas, p. 187). Acudían a ella los caudillos y extraían de allí la fuerza necesaria para dominar a la ciudad. "La dictadura de Rosas cumpli6 ese plan, y sabemos cual fue su resultado. Una tiranía de veinte anos se desplom6 sobre la Republica Argentina" (Prosas, p. 189). Hernández fue un invariable enemigo de Rosas. Lo acusó siempre de unitario, centralista, y jamás le perdonó la clausura de los ríos. Pero lo que por sobre todo nos interesa destacar de estos textos es el empleo y aceptación que hace Hernández del aparato categorial sarmientino: Campana—violencia, arbitrariedad, primitivismo, barbarie, caudillismo; Rosas = instrumentación racional de esas fuerzas ciegas para conquistar la ciudad. La diferencia con Sarmiento la da el siguiente texto: "La civilización había sufrido un eclipse de muerte, y su brazo sólo se extendía a la campaña para estrangular su vida" (Prosas, p. 187). O sea, el tema de casi toda la obra de Hernández.
14) No se nos escapa todo lo que hay de reduccionismo en una afirmación de este tipo.  Por supuesto que si Martín Fierro se limitara a desarrollar los editoriales de El Río de la Plata no habría en él más de lo que había en aquellos: afirmaciones de orden político y administrativo. Sabemos que las cosas no son así, que a lo largo del poema se da no solo la transcripción sino también la creación de un lenguaje, que los versos que narran la vida en la frontera constituyen por momentos una sorprendente reflexión sobre el dolor humano, que la payada con el moreno presenta una sorprendente metafísica, que las costumbres y modos del gaucho están allí como realmente fueron y que fragmentos como la descripción de la cárcel poseen una espeluznante grandeza. Simplemente ocurre que no es ese nuestro tema. Tomamos el Martín Fierre como lo que fue: un texto militante. Y buscamos en él la filosofía política de Hernández. Pero no pretendemos que eso sea lo único que hay ahí.
15) Prosas, p. 75.
16) Alberdi, Juan B., Facundo y su biógrafo (Póstumo V) en Proceso a Sarmiento, Buenos Aires, Caldén, 1967, p. 1B. Subrayado nuestro
17) Prosas, p. 199. Esta mezcla rara de proteccionismo y liberalismo se traduce así: proteger al gaucho incorporándolo al sistema liberal democrático, darle derechos y trabajo.
18) Prosas, p. 230.
19) Prosas, p. 230. Subrayado nuestro.
20) Prosas, p. 230.
21) Habremos de utilizar la edición apógrafa de la obra publicada por Casavallle en 1t882 de Editorial Sopeña Argentina, 1964.
22) Instrucción, ed. cit. p 18
23) Instrucción, ed. cit. p. 18.
24) Instruccion, ed. cit. P. 19
25) Escribe tambien Hernández "Hay cange de ideas y de productos y el globo se convierte en un vasto taller, donde se produce – se elabora- y se consume (...) La Europa civilizada es el centro de ese activomovimiento; allá van los frutos naturales de todas las regiones y de todos los climas; ella los clasifica, los prepara, les dá nuevas formaa por una elaboración adecuada y los hace circular en el mudo con arreglo a las necesidades de cada país” (instrucción ed cit, p. 20)
26) Prosas, p. 106.
27) “Martín Fierro encarna al gaucho del litoral, que enfrenta al régimen político imperante entre 1860 y 1870 (…) La misma geografía del poema está sujeta a esas circunstancias históricas y por eso sus personajes plantean problemas que no son particulares de la llanura pampeana ni del gaucho bonaerense. Ex-profeso en fondo psicológico histórico esta corrido hacia el norte, un poco hacia Entro Ríos y otro poco hacia Corrientes". (Chávez, ob. cit. P. 106).
28) De Paoli, Pedro, Los Motivos del Martín Fierro en la vida de José Hernández. Buenos Aires, Ediciones La Posta, 1957, p. 278.
29) De Paoli, ob. cit. p. 278.
30) Chávez, ob. cit. p. 94.
31) Prosas, p. 124.
32) Obligado, Rafael, Santos Vega en Poesías, Buenos Aires, Espasa Calpe, Colección Austral, 1965, págs. 184/185.
33 ) Guirades,  Ricardo, Don Segundo Sombra, Buenos Aires, Losada, 1967, p. 176
34) Guiraides, ob. cit. p 153.
35) Guiraldes, ob. cit. p 158
36) Guiraldes, ob. cit. p. 90
37) Es en este contexto que hay que ubicar la apasionada Vida del Chacho que escribió Hernández.
38) Para la critica de la teoría del comercio exterior, puede consultarse el trabajo de Alonso Aguilar “Refutación a teorías sobre subdesarrollo" en Desarrollo y Desarrollismo, Buenos Aires, Galerna, 1969.
39) Este aspecto de la cuestión Hernández, el aspecto clasista, es el que desarrolla especialmente Peña Milciades en De Mitre a Roca, Buenos Aires, 1968. Hasta donde conocemos, Peña es el único autor que impugna a Hern6ndez desde una perspectiva nacional. Esas breves y brillantes páginas poseen, sin embargo, la limitación de casi todos sus escritos: una escasa sensibilidad para los factores políticos y la aplicación de un marxismo furiosamente económico.
40) Buscamos el auténtico anti-Facundo en el terreno de la praxis social y no en el de la literatura, pues ha sido allí donde (casi necesariamente) se expresó. Sin un Adam Smith ni un Ricardo a sus espaldas, los hombres que lucharon por nuestra autonomía histórica no lograron formulaciones teóricas tan claras como las de Alberdi o Hernández. El Manifiesto de Felipe Varela sea quizás lo más importante en este sentido.
41) Aguilar, ob. cit. p. 62, subrayado nuestro.
42) Peña, ob. cit. p. 100. "Marx consideraba progresiva esa subordinación", escribe también Peña (Ob. cit, p. 17). Afirmación ampliamente discutible que,  claro está, corre por su exclusiva cuenta.