Cine y política

Página12 - 29 de septiembre de 2003

Cine y política

 

 

Por José Pablo Feinmann

Elia Kazan es un director excepcional, un hombre realmente genial, que hizo películas inolvidables y las hizo en una década –la del ‘50– en la cual Hollywood no hacía precisamente películas inolvidables. Elia Kazan hizo Pánico en las calles en 1950, que fue una adaptación de La peste de Albert Camus, había sido responsable de las puestas originales en Broadway de Un tranvía llamado Deseo, de Todos eran mis hijos y de La muerte de un viajante, todas obras de Arthur Miller (de ahí que hace poco Miller haya incurrido en una honda defensa de Elia Kazan). Luego filmó películas como Un tranvía llamado Deseo, Viva Zapata, Baby Doll, Esplendor en la hierba y una película muy especialmente inolvidable que fue Al este del paraíso, basada en la novela de John Steinbeck. Aparte fue cofundador, junto con Lee Strasberg, del Actor’s Studio, en el cual se iniciaron grandes actores como James Dean, Paul Newman y Marlon Brando. Ahora bien, este señor –con todo ese talento y haciendo películas realmente transgresoras de todo un sistema estúpido que tenía Hollywood en los ‘50, habiendo denunciado además el antisemitismo en Gentlemen Agreement con Gregory Peck– es un delator. Durante la actuación de la Comisión contra Actividades Antinorteamericanas del senador Mc Carthy, Kazan da nombres en interrogatorios que hace dicha Comisión, considerando que el cine era un enorme vehículo de propaganda ideológica. Elia Kazan entonces da nombres de seis, ocho, diez compañeros que él sabía que habían estado en el Partido Comunista y que por esta delación sabe que van a perder sus trabajos, van a formar parte de las listas negras, etc. Es tan compleja la relación entre cine y política que en la entrega de los Oscar de este año, personajes inobjetables como Martin Scorsese o Robert De Niro lo presentaron a Elia Kazan, lo respaldaron, y actores también inobjetables como Ed Harris o Nick Nolte estuvieron sentados y cruzaron sus brazos para no aplaudir, y otros como Meryl Streep –progresista y descollante actriz– aplaudieron de pie. ¿Cuáles son las relaciones entre cine y política? ¿A quién se estaba juzgando? ¿Al notable artista que había hecho notables películas como Nido de ratas, Viva Zapata, Al este del paraíso o al nefasto delator que había entregado a las listas negras a varios de sus compañeros? Esta difícil separación entre la persona y el artista siempre va a acompañar complejamente los juicios estéticos que hagamos porque la política y el cine, la política y la literatura, están indisolublemente mezclados.

* De la conferencia “Cine y política”, dictada el 26 de marzo de 1999 en Mar del Plata.