Feinmann y Olivera hablan del tarambana Juan Duarte

RADAR - 4 de enero de 2004

 

CINE

Feinmann y Olivera hablan del tarambana Juan Duarte

Era hermano de Evita. Pasó de vendedor de jabones a secretario privado de Perón, y del corretaje provincial a los despachos de la Casa Rosada. Simpático y entrador, fue amante de estrellas de cine y de vedettes, tuvo palco propio en el Tabarís y tiró manteca al techo en Europa. Fue empresario cinematográfico y el símbolo cabal, para los opositores, de la corrupción del régimen peronista. Parte de esa vida desenfrenada aparece en Ay Juancito, la película escrita por José Pablo Feinmann y dirigida por Héctor Olivera. Guionista y director cuentan las intimidades del soltero más codiciado del país: Juan Duarte.

 

Por Luis Bruschtein

 

notacine-3Héctor Olivera es el director y José Pablo Feinmann el guionista de Ay Juancito, la película sobre la vida de Juan Duarte, el hermano de Evita que fue también secretario privado de Perón, amante de estrellas de cine, tarambana y gran seductor que murió en circunstancias confusas, envuelto en un caso de corrupción que sacudió al gobierno peronista. Juan Duarte murió nueve meses después que su hermana; tras el golpe que derrocó al peronismo, su cadáver fue exhumado y su cabeza cortada y exhibida en el Departamento de Policía y en el Congreso. Héctor Cámpora, amigo de Juan Duarte y asiduo concurrente a su palco en el Tabarís, fue uno de los brutalmente interrogados sobre la muerte del hermano de Evita. Así empieza la película que protagonizan Andrés Navarro, Laura Novoa, Leticia Brédice e Inés Estévez.

¿Por qué eligieron a Juan Duarte como personaje de una película?
Feinmann: Eso lo eligió Olivera. Es parte de su target de productor: saber enfocar un tema.
Olivera: Hace años que quería hacer una película sobre el peronismo de los ‘50. No hago paralelismos políticos, pero me preguntaba cómo era posible que los italianos hubieran hecho tantas maravillosas películas sobre la era de Mussolini, los españoles sobre la época de Franco, y los ‘50 no hubieran sido explotados por los argentinos, salvo por Eva Perón o Gatica y algún otro más que no trascendió.
Juan Duarte es un personaje muy fuerte, pero también es como una cara del peronismo. ¿Cómo lo enfocaron ustedes?
F: Es tomar un personaje al que el peronismo niega. Es como Camila O’Gorman con Rosas, si se quiere...
O: Susana Canales reflotó en mi memoria este personaje. Charlé con ella en Madrid: tomamos un té y me contó su “no aventura”, que la obligó a irse, enviada por su padre, a Madrid. Con José Pablo trabajamos juntos desde Ultimos días de la víctima, que dirigió Aristarain y yo produje, y ya había una gran relación. De hecho somos amigos desde hace mucho tiempo: su mujer, María Julia Bertotto, trabajó en el vestuario de La Patagonia Rebelde. Y cuando vi el guión de Eva Perón que escribió José Pablo y dirigió Desanzo me gustó esa visión desacralizada de Perón y Evita. Entonces le hablé a José Pablo...
F: A mí la idea me pareció fantástica, y acepté inmediatamente. Como anécdota: María Julia hizo el vestuario de La Patagonia Rebelde, donde actuó como extra el actual presidente Néstor Kirchner. O sea, María Julia vistió a Kirchner de obrero patagónico.
Juan Duarte era un personaje tolerado por el peronismo y divertido para los antiperonistas. Les gustaba contar sus anécdotas de tarambana...
F: Para la oposición, Duarte expresaba la corrupción del régimen, sus “negociados”, que era la palabra de la época. Juan Duarte era la cabeza más visible del negociado y la fortuna súbita.
Además se convirtió en empresario de la industria del cine.
O: Él compró el 25 por ciento de Argentina Sono Film, después gran parte del capital accionario de Melco. Le gustaba mucho el cine, el teatro y el cabaret: tenía un palco reservado en el Tabarís. Era un hombre de la noche. Pese a eso, llegaba las seis y media de la mañana a la Casa Rosada y estaba ahí, al lado del Presidente de la Nación, como su secretario privado. Tenía una situación privilegiada. Como hemos visto en más de una oportunidad, ser secretario privado del Presidente da muchas ventajas, pero además era el hermano varón, el mimado de la señora, y eso le daba una impunidad que hemos visto repetida en los últimos tiempos.
F: Al principio era vendedor de jabón Guereño, y después de jabón Federal. Y como buen vendedor, era de los que tenía una novia en cada pueblo. Les gustaba mucho a las mujeres...
O: Era el Don Juan, el hombre incapaz de mantener una relación amorosa permanente, estable y única. Tuvo dos relaciones oficiales, Elina Colomer y Fanny Navarro, que en aquella época eran la buena y la mala. Y cantidad de aventuras de todo tipo.
¿Llegó a secretario privado de Perón
sólo por Evita?
O: Fue secretario privado del coronel Perón antes de que fuera Presidente. El primer puesto que consiguió a través de Perón por intermedio de Evita fue de inspector de la ruleta de Mar del Plata.
¿Perón le tenía cierta simpatía por su carácter tan de tarambana?
F: No creo, hay un factor que es que Evita pone a su hermano al lado de Perón. Parecería un factor como de control, como de “marcámelo de cerca”, aunque Juancito, en realidad, no podía marcar a nadie. Pero informar, sí. Poner a su hermano de secretario privado de su pareja es una gran maniobra matrimonial.
Bueno, está la atracción por lo opuesto...
O: Sí, pero si uno piensa que sólo nueve meses después de la muerte de Evita, Perón se deshizo de su cuñado... Si hubiera tenido cariño por él no lo hubiera sacrificado. Como cuando dijo por radio: “Aunque sea mi propio padre irá preso, porque robar al pueblo es traicionar a la Patria”. Fueron palabras muy duras. Curiosamente, cuando el juez le lleva meses después la carta de despedida, de suicida, de Duarte a Perón, Perón habla de él como de “éste muchacho del campo que se deslumbró en la ciudad y se agarró una sífilis de la gran puta”. Yo me imagino a Juancito llegando a 25 de Mayo, a cualquiera de esos pueblos, a vender jabones, contando el último chiste al almacenero, al dueño de los ramos generales. Tenía que ser un tipo entrador, simpático.
F: Era un tipo muy simpático, un gran seductor, un galán de su época.
¿Cómo lo describió Susana Canales?
O: Me dijo que era un hombre muy encantador. Ella tenía trece años. Cuando empezaron a llegar regalos todos los días martes –bombones, flores, cadenas de oro–, la madre fue a hablar a la boletería del teatro para que no los recibieran más. El boletero le contestó: “Señora: de donde vienen estos regalos, no se pueden rechazar”. Pasó el tiempo, no llegaron más regalos y en una fiesta de Juan Gutman, productor de cine de esa época, conoció a Juan Duarte. La escena está en la película. Susana me cuenta que no era un atropellador; le gustaba el chamuyo, el verso. Era un gran versero y le gustaba regalar. Cuando conoció a Elina Colomer en la ruleta de Mar del Plata, lo primero que le dijo fue: “Pedime lo que quieras”.
Hay una parte que no es tan simpática: cuando desplazan a Niní Marshall.
F: Es que esa realidad fue dura y fue así.
O: Todo lo que ocurre en la película está basado en hechos que aparecen en varias biografías de Eva Perón. El único que reacciona el día de la muerte de Evita, esa misma noche, a los gritos, es Juan Duarte. Y de la misma manera él presidió el primer convenio cinematográfico, de donde salió el dinero del que hemos vivido José Pablo como guionista y yo. Cuando filmamos esa escena en la Casa Rosada, les dije a los extras que aplaudieran con sinceridad, porque si hoy estaban allí era por la firma de ese primer convenio. Toda mi vida he vivido del Fondo de Fomento Cinematográfico que nació allí. Además, rindo homenaje a Néstor Romano, un periodista de espectáculos que murió al tiempo de darnos esta información. Le había hecho largas entrevistas a Elina Colomer y a Maruja Montes, una vedette, también amante de Duarte. Todas esas historias de lo que pasa en el teatro cuando él la putea por lo bajo, cuando le regala un coche y se lo rompe y después le regala otro, todo eso se lo contó Elina Colomer a Romano.
¿En la película es más fuerte la intención de contar un personaje o la de explicar el peronismo?
O: Para explicar el peronismo necesitaríamos varios tomos...
F: La intención no fue explicar el peronismo, fue contar la historia de un personaje excepcional. Pero yo creo, de todos modos, que el personaje encarna desde una visión muy actual una tendencia de la política argentina de ciertos personajes que llegan al poder, viven del poder, lucran con el poder, se acomodan con el poder y bueno... Pero éste es de los más encantadores, y si se trata de comparar, para mí Antonito de la Rúa es un personaje muy antipático.
Menem también era simpático.
O: Pero él no era un cuñado. Podríamos haber hecho los Yoma, por ejemplo.
F: Pero no vamos a hacer a los Yoma, ni El Padrino IV, me parece.
O: Una de las cosas que hablamos con José Pablo cuando empezamos este trabajo es que podríamos haber hecho la historia de un canalla, buscando las facetas más negativas. Pero confieso que lo hemos querido a Juancito.
F: Vamos a decir la verdad: la primera decisión fue quererlo, fue casi lo primero que dijimos...
O: Hay que ponerse en su lugar. Imaginemos un muchacho que nace en un puesto en Los Toldos, en el campo, que se cría en el campo, que se traslada a una casa de dos ambientes, donde vivía doña Juana con sus cinco hijos, que después va a Junín y trabaja de repartidor de una farmacia, después de viajante de comercio, y que en un año se transforma en un ser omnipotente, que sabe que gusta. Lo llamaban el soltero más codiciado del país. Era un gran buen mozo de la época, un gran simpaticón, y tenía mucho poder. Era el hermano de la señora, cuñado del general Perón y su secretario privado. Y al mismo tiempo tenía mucho dinero, y dinero que no escondía, lo repartía. Era generoso.
Sobre todo su muerte se convirtió en materia de polémica. Los antiperonistas decían que lo había mandado a matar Perón y la explicación oficial fue que se había suicidado...
F: El final lo discutimos mucho, obviamente. Pero no podemos contarlo. Cuando nos preguntan sobre este tema, les decimos a todos que vayan a ver la película para enterarse.
O: Yo empecé a trabajar en esto hace casi tres años. El 90 por ciento de la gente con la que hablé aseguraba que lo habían matado.
Bueno la versión conspirativa siempre es la más atractiva, la más novelesca...
O: Apold tuvo mucho que ver con esto, porque la versión periodística oficial hablaba de la “imprevista” muerte de Juan Duarte. Tres días antes, Perón lo había condenado por radio. La versión que circuló era que lo habían pescado en Ezeiza escapándose con Elina Colomer, que lo habían agarrado, lo habían matado y habían llevado el cadáver a la casa. Otra versión decía que se había suicidado y que sus últimas palabras habían sido “¡No tiren, no tiren, carajo!”.
F: Yo era chiquito, pero recuerdo a mi familia, a mis viejos, a todos diciendo que lo habían matado así, en Ezeiza, huyendo con Elina Colomer, y que lo había matado Bengoa, el jefe de control de Estado.
¿Cámpora era muy amigo de Juan Duarte?
F: De Cámpora teníamos la anécdota de la cabeza. Narrativamente, la decisión de empezar y cerrar la película con la cabeza cortada, cuando se la muestran a Cámpora para presionarlo, fue importante para nosotros.
O: Éste es un país tan necrófilo. La gente no sabe que exhumaron el cadáver de Juan Duarte y le cortaron la cabeza, que el loco del capitán Ghandi la paseó por el Departamento de Policía, por el Congreso de la Nación. Cámpora y Juancito habían viajado a Europa en noviembre. Parece ser que allí le confirmaron a Duarte que tenía una sífilis incurable. Eran muy amigos, por eso lo buscan para interrogarlo. Camporita era un hombre de la noche, un gran milonguero, y muchas veces iba al palco de Juan Duarte en el Tabarís.
F: Su locura es absolutamente ficcional. Que él se vuelva loco tiene cierta lógica por la sífilis. Esa locura creciente lleva a la película en un crescendo.
O: Al Capone, cuyas andanzas amorosas debían coincidir en el tiempo con las de Juan Duarte, salió de Alcatraz a los 53 años, pero con seis años de edad mental por la sífilis. Estamos hablando de dos omnipotentes. Pero cuando llegó la penicilina ya era tarde.¿Cuántos años tiene desde que empieza hasta que termina la película?
O: Va de los 33 años a los 38.
F: Evita muere en julio y Juan en abril: son casi nueve meses. Es impresionante, porque apenas dura nueve meses después de la muerte de Evita.
Pero Juan Duarte no tenía demasiada intervención en la toma de decisiones políticas...
F: Yo creo que no: Evita lo quería y lo protegía. Perón lo toleraba y él era un tarambana.
O: Evita lo protegía, pero también lo controlaba. En la gira por Europa lo mandó de vuelta porque hacía sus escándalos. En Granada lo sacó de un colmao. Evita lo llamó por teléfono y literalmente lo puteó delante del canciller español, que estaba junto a ella.
F: Evita le dice algo así como: “Nos estás haciendo quedar como el culo. ¿Qué van a pensar estos gallegos? ¿Que somos unos bárbaros?” Y el canciller español estaba a su lado.
Para un guionista debe ser un desafío inventar diálogos entre personajes tan famosos y de alguna manera recientes...
F: Siempre me preguntan eso. Con Evita, alguna gente se enojaba y me preguntaba si yo había estado abajo de la cama cuando ellos hablaban. Y yo les decía que sí, que la misión nuestra es estar abajo de la cama de los protagonistas. Y estar abajo de la cama de Juancito fue muy interesante. Debe haber quedado una especie de soft porno.
O: No para tanto, pero más o menos.
F: Leticia (Brédice) tiene un personaje muy fogoso. En realidad ella hace del tipo de militante que era Evita, que en la película está tomada en un momento crepuscular de su vida, casi moribunda, de modo que no tiene ese fuego pasionario que tenía. La que lo tiene en la película es Leticia con su personaje de Fanny, o Ivonne.
O: Laura Novoa es una Evita más familiar, que participa de reuniones con su madre, con sus hermanas. No es la Evita del balcón. Volviendo a donde comenzó la charla, lo interesante es rescatar una época de la que los jóvenes no tienen la menor idea. El cine argentino y la televisión se detuvo en el 70, y del 50 se sabe muy poco. Y nosotros en toda la primera parte mostramos esa época de Buenos Aires, una época de lujo, dorada, donde la gente vivía contenta y feliz, pensando que todo eso era eterno.