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Sobre la obra en general de JPF

Tragedia, deshonra y profilaxis moral en la cultura argentina

Por Eduardo R. Saguier

En este escrito quisiera extenderme sobre una tema de la sociologia del conocimiento, especificamente las diferentes secuelas y/o traumas politico-psicologicas provocadas en el campo cultural como resultado de la tragedia desatada por el terrorismo de estado, tales como el exilio intelectual, la indiferencia moral, y el colaboracionismo, asi como la posterior necesidad de generar una profilaxis o saneamiento moral en el seno de las instituciones culturales que cale hondo en todas aquellas lacras que vienen socabando las libertades academicas.

1. El Exilio Intelectual como Resistencia Politica contra el Terrorismo de Estado

Con respecto al exilio, sabido es que este es tan antiguo como la historia humana, pues se dio en toda época y lugar, y en Argentina en especial, se dio en tiempos de Rosas (1836-52), muy luego en tiempos de Quintana (1905), de Uriburu (1930-1931), y en tiempos de la Revolución de 1943 y su prolongación durante el gobierno de Perón (1946-55), también a partir de la revolución que lo derrocara en 1955, así como en tiempos de la autodenominada Revolución Argentina (1966-72). [1] Pero tambien es cierto que no todos los exilios fueron de igual entidad o ponderacion, pues en la historia de la humanidad se dieron diversos tipos de exilios, los internos y los externos, los puramente económicos conocidos como mera emigración, y los exclusivamente políticos y también los estrictamente intelectuales.

Con referencia al exilio externo experimentado durante el régimen autoritario-terrorista argentino (1976-1983), prolongación aumentada de un previo exilio puramente académico (1966-72), desde hace tiempo me vengo preguntando ¿por qué no se ha continuado una investigación a propósito del mismo ? Saúl Sosnowski, quien organizara en diciembre de 1984 un Coloquio de intelectuales argentinos en la Universidad de Maryland (EE.UU.), del que participaron, entre otros, León Rozitchner, Tomás Eloy Martínez, Noé Jitrik, Tulio Halperín Donghi, Beatriz Sarlo, José Pablo Feinmann, Liliana Hecker, Luis Gregorich, Kive Staiff y Juan Carlos Martini, relató más luego —en la compilación publicada en 1988— sus recuerdos de dicha reunion : "El clima fue tenso ya, antes de la inauguración. Se perfilaban estrategias de enfrentamiento y distensión ; acusaciones por denuncias y silencios, por permanencias y desplazamientos geográficos...". [2] La misma distribución de los invitados y su diferente composición y contenidos en cinco mesas distintas reveló las amistades y las rivalidades existentes. Halperín aceptó integrar la mesa I denominada "Contextos" solo con Solari Yrigoyen y con Peralta Ramos. Y Kive Staiff y Kovadloff aceptaron integrar la mesa V titulada "Proceso de debate y reconstruccion" solo con Luis Gregorich y con Solari Yrigoyen. Solo en las otras tres mesas hubo algun asomo de debate teniendo en cuenta la rivalidad ideológica de sus integrantes.

No obstante los esfuerzos de aquel Coloquio por iniciar una discusión enriquecedora, Sosnowski se lamentó que en los años que siguieron a esa reunión "...no hubo, no se pudo o no se quiso hacer" un análisis riguroso de lo acaecido en el campo intelectual. "Más bien parecía que se anhelara que el `tema’ -como tantos otros- cubriera una fugaz trayectoria y `desapareciera’ entre las constelaciones retóricas de las tareas por realizar `para una plena reconstrucción nacional’. No parecía haber tiempo para reflexionar.". [3]

A los fines de responder al desafío formulado hace un par de décadas por Sosnowski, y a semejanza de los numerosos debates y discusiones ocurridos en Francia y Alemania después de la Guerra acerca de la responsabilidad de los intelectuales por la ocupacion y el genocidio (Kampe, 1985 ; y Lottman, 1998), e ignorando si algún otro colega haya hecho alguna contribución con referencia al caso argentino, cabría entonces preguntarse, ¿cuales fueron esas denuncias y esos silencios ?, ¿cuales las permanencias y cuales los desplazamientos geográficos cuestionados ? El texto de León Rozitchner se destacó por su crítica a Rodolfo Puiggrós y la interpretación de la "desaparición" de su hijo. En cuanto al texto de Hecker, era harto conocido por su polémica con Cortázar. El de Gregorich, para ese entonces Director de EUDEBA, se destacó también por lo que significó haber dirigido durante la dictadura el semanario cultural del diario La Opinión. [4] Pero es más patético aún por culpa de un artículo suyo que se volvió amargamente célebre, titulado "La literatura dividida", publicado en el diario Clarín cuando dirigía la página internacional del mismo, donde establecía con una impronta entre irónica y satírica una mera distinción geográfica en­tre los escritores que se quedaron, pertenecientes al llamado exilio interno, y aquellos otros que se fueron de la Argentina durante la dictadura militar. [5] A diferencia de la distinción meramente espacial formulada por Gregorich, el historiador Osvaldo Bayer ensayó en dicho Coloquio una divisoria de aguas fundada en las "marcas dejadas por la dictadura". En su cruda ponencia, Bayer rememora los grados de preferencia, la esquizofrenia, las formas de represión cultural, la interpretación de la violencia, la campaña publicitaria dictatorial, los slogans televisivos, etc..

Pero sin duda, la ponencia que más intrigas y suspicacias despertaba era la de Gregorich, debido a los rencores y resquemores que su artículo en Clarín habían sembrado. En su ponencia y participación, Gregorich buscó afanosamente aclarar el "malentendido" aduciendo cínicamente que esa división estaba pensada para "desorientar" a los censores, pero que en realidad encubría el deseo de resaltar la presencia de escritores en el exilio (o desa­parecidos), tales como Puig, Viñas, Constantini, Conti, Walsh, Di Benedetto, y Tizón. En réplica indirecta al novelista Juan Carlos Martini, presente en el Coloquio, Gregorich argumentó : "...nadie parece haber descifrado su sentido obvio y ostensi­ble : la reinvindicación de la tradición crítica de la literatura argentina, la recuperacion de un espacio en que la literatura se compromete con la realidad política y social". [6] Pero la pretendida "aclaración" sonaba a excusa tardía y no hizo mas que ahondar las sospechas y los recelos hacia la conciencia moral de cierto "exilio interno" por parte de los demás colegas del Coloquio.

Era difícil descifrar el sentido de un texto, cuando el mismo estaba preñado de una ironía agraviante hacia quienes habían optado por el camino del exilio. También era difícil percibir la supuesta "reivindicación de la tradición crítica" argentina en un pasaje contaminado de una socarrona mordacidad hacia los proscriptos.

"...¿Qué será ahora, qué está siendo ya de los que se fueron ? Separados de las fuentes de su arte, cada vez menos protegidos por ideologías omnicomprensivas, enfrentados a un mundo que ofrece pocas esperanzas heroicas, ¿qué harán, cómo escribirán los que no escuchan las voces de su pueblo ni respiran sus penas y alivios ? Puede pronosticarse que pasarán de la indignación a la melancolía, de la desesperación a la nostalgia, y que sus libros sufrirán inexorablemente, una vez agotado el tesoro de la memoria, por un alejamiento cada vez menos tolerable. Sus textos, desprovistos de lectores y de sentido, recorrerán un arco que empezará elevándose en el orgullo y la certeza y que terminará abatido en la insignificancia y la duda". [7]

Cuesta entonces poder dar crédito a la íronía de este párrafo, producto de una conciencia moral envenenada, lindante al más bajo de los colaboracionismos con el terrorismo de estado, máxime cuando las expatriaciones fueron forzadas por las amenazas y los peligros de cárcel o muerte, distando por mucho de ser meras emigraciones. Son correctas, de acuerdo con Sloterdijk (2003), "...las huidas, pues con ellas se rechaza un ánimo estúpido y porque solamente los locos se consumen en luchas sin esperanza". [8] Si bien a diferencia de la antigüedad remota, en que el destierro era considerado una de las máximas desdichas, al extremo que Sócrates prefirió beber de la cicuta, en la modernidad tardía fue estimado como una bendición —no solo por los aires de libertad que garantizaban, sino esencialmente por la seguridad que significaban para la propia vida— aunque pese a ello la experiencia no dejaba de ser dolorosa. El gran poeta Heine emigró a París en 1831 "...para respirar el aire ciudadano que hacia libre ’Me fui porque tenía que irme’". [9] Conozco el caso de muchos colegas que carecían de "ideologías omnicomprensivas", por su conocida militancia social-demócrata, pero cuya permanencia en Argentina se había hecho insostenible, por cuanto sus prontuarios policiales y sus amistades en la izquierda los habían marcado inevitablemente. Como consecuencia de ello sufrieron amenazas y en algunos casos simulacros de secuestro a partir de los cuales aceleraron su partida al exilio.

Pero también debo señalar que los exilios difieren mucho entre sí, no solo por la condición social y profesional del exilado, sino también por su pertenencia o no a un aparato político solidario con su desgracia, por el lugar geográfico donde tuvo en suerte recalar, y por la intensidad de la resistencia político-cultural practicada durante el mismo. Una cosa es exilarse con un diploma y un curriculum en su haber, y otra muy distinta hacerlo con una mano atrás y otra adelante. Y una cosa es exilarse con el apoyo de una estructura partidaria nacional y/o internacional y otra muy distinta es hacerlo individualmente a lo líbero. En su primer y breve exilio en Chile, durante la dictadura de Ongania, en su condicion de meros estudiantes sin beca, los exilados de marras pasaron las mil y una. Pero en su segundo exilio, con Videla y Cia., al contar con ciertos antecedentes y recomendaciones académicas pudieron zarpar con becas en sus alforjas. En cuanto al lugar geográfico, para un sudamericano, en especial uno del Cono Sur, el exilio en Europa o Mexico es una bendicion comparado con uno en Australia, en el Medio Oeste norteamericano, o en los países escandinavos. [10]

Y, por ultimo, una cosa es exilarse y luego hundirse en el mutismo y la contemplación, y otra muy distinta es exilarse preservando un espíritu contestatario y solidario para con los que se quedaron sufriendo en el solar nativo. [11] ¿Cuál es la responsabilidad y las virtudes ëticas de una elite intelectual exilada en tiempos sombríos ? ¿no es acaso ser fiel al mandato de su conciencia moral, sin el cual "...no se podría resistir el poder corruptor de las instituciones" ? [12]

2.- Colaboracionismo con el Terrorismo de Estado Golpista en Argentina

En este segundo apartado quisiera explayarme sobre las connotaciones y naturaleza de aquellas conductas criminalmente deshonrosas, tales como el colaboracionismo, o complicidad con los gobiernos de facto que practican el terrorismo de estado.

Sabido es que el colaboracionismo con los regimenes despoticos se dio ya en tiempos de los faraones egipcios, los emperadores romanos, los papados medievales, las monarquias absolutas, las dictaduras decimononicas, y los totalitarismos modernos (fascismos, nazismos, stalinismos). Pero tambien es cierto que no todos los colaboracionismos fueron de igual entidad o ponderacion, pues en la historia de la humanidad se dieron diversos tipos de colaboracionismos, comenzando con el colaboracionismo obtenido a instancias de la tortura, pasando por el colaboracionismo venal o tactico-economico, y por los colaboracionismos institucionales e ideologicos, hasta alcanzar el grado maximo con el colaboracionismo de estado, categoria esta ultima que se dio durante las guerras mundiales por parte de aquellos estados vasallos o amenazados por la conquista o la invasion (e.g. : la Francia de Vichy, la Hungria de Horthy, la Noruega de Quisling).

Entre los mas bajos en la escala, los colaboracionismos venales o tactico-economicos fueron los mas hipocritas, pues estuvieron orientados por el mero interes economico, de los cuales nuestra historia ofrece innumerables ejemplos tanto en nuestro pasado reciente como asi tambien en el mas remoto. Como olvidarnos de la conducta politica del Partido Comunista en tiempos de Videla a los efectos de garantir la venta de trigo a la Union Sovietica. Ni que hablar de la conducta de la Union Industrial, de la Sociedad Rural, y de nuestros grandes periodicos, vorazmente interesados en la licitacion publica de Papel Prensa, la cual fuera violentamente confiscada de manos de la familia Graiver-Papaleo.

En cuanto a los colaboracionismos institucionales cabe establecer una nueva desagregacion, pues se dieron colaboracionismos sindicales, eclesiasticos, educativos y culturales, los cuales tampoco fueron gratuitos, pues en el caso de nuestra burocracia sindical estaba seducida con el control de las obras sociales, en el caso de la burocracia educativa con la habilitacion de los titulos profesionales, en el caso de la burocracia eclesiastica con el mantenimiento del vicariato castrense y el encubrimiento de la pedofilia clerical, y en el caso del colaboracionismo cultural, como el de las Academias Nacionales, fueron compradas con un plato de lentejas (subsidios para congresos internacionales con consiguientes besamanos presidenciales publicamente publicitados).

Y en cuanto a los colaboracionismos ideologicos, los mas elevados en la escala de responsabilidades, han sido los mas deletereos y perversos, pues cuentan en su haber con la responsabilidad de haber legitimado intelectualmente, de una forma activa o pasiva, tacita o expresa, la opresion y el genocidio, los cuales tambien cuentan en la historia universal con innumerables precedentes, unanimemente condenados por el juicio historico. Este colaboracionismo ideologico puede asimismo desagregarse en colaboracionismos periodisticos, universitarios y cientificos, cada uno de los cuales contaba tambien con un alcance muy desigual en la masa de la poblacion. Por cierto, de todos ellos el que cuenta con la dosis mas alta de responsabilidad es el colaboracionismo periodistico, pues fue el que se encargo durante la ultima y genocida dictadura, de alimentar un ciego odio irracional contra los llamados "subversivos", y luego de dicha dictadura, procuro curiosamente asumir un rol apaciguador clamando por la paz y el olvido, difundiendo hasta el hartazgo la Teoria de los Dos Demonios. Asimismo, este colaboracionismo periodistico debe tambien desagregarse en los colaboracionismos escritos, radiales y televisivos, contando los mismos con muy diversa penetracion, donde el colaboracionismo escrito llegaba a las clases superiores y los colaboracionismos de los medios radio-televisivos (e.g. : Neustadt-Grondona) inundaba al comun de la poblacion. [13]

El analisis del colaboracionismo escrito viene precisamente a cuento, no con motivo de la prensa terrorista y sus periodistas lacayos (e.g. : diario Conviccion), o de la prensa confiscada (e.g. : La Opinion), sino por cuanto el Sabado 16 de agosto, esa Tribuna de Doctrina, que es el diario La Nacion, publico sendas notas de los periodistas Felix Luna y Santiago Kovadloff, en las cuales dichos intelectuales confunden adrede la verdad historica al no diferenciar el terrorismo de estado practicado por gobiernos legitimos (Triple A) de aquel otro practicado por gobiernos ilegitimos, dando asi rienda suelta a una conocida teogonia demoniaca, metamorfoseada con un barniz ilustrado de factura jesuitica. ¿Cómo es posible que Felix Luna, quien ademas de periodista oficia justamente de historiador y correligionario, pueda mostrarse "triste" y "confundido" porque un gobierno legitimo pretenda juzgar el pasado tenebroso de un gobierno ilegitimo que permanece aun impune ? ¿Cómo es posible que el historiador Luna evoque elogiosamente el ejemplo del fusilamiento de Cuitiño, Badia, Alen y otros sicarios Mazorqueros, y supongo que tambien la condena a muerte del Edecan Antonino Reyes, practicado por las autoridades del Estado de Buenos Aires, para simultaneamente desacreditar dicho elogio al sostener que ello fue un "blanqueo" de la propia sociedad porteña, complice del terrorismo Rosista ; y en cambio, cuando se refiere a nuestra propia actualidad, donde prevalece una mayoria de golpistas terroristas de estado aun impunes (que no han sido siquiera debidamente procesados, ni soñar debidamente ejecutados), nos viene a insinuar la conveniencia de una contradictoria, cinica y eterna amnesia ? ¿Cómo es posible que el historiador Luna llame a clausurar una Caja de Pandora cuando su propia persona, desde su tribuna de Todo es Historia, firmo en Noviembre de 1978 un editorial complaciente con la campaña oficial contra la Comision Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, y se canso de ejercitar durante el Proceso una autocensura internalizada e institucionalizada, a cambio de una interesada publicidad oficial —semejante a la que Pedro de Angelis practicaba en el Buenos Aires Rosista— al extremo de que nunca su publicacion fuera prohibida ni censurada ? [14]

¿Cómo es posible que un periodista lucido como Santiago Kovadloff caiga en la implementacion de la teoria del Demonio Bicefalo igualando a los terroristas de estado con aquellos otros que mal o bien procuraron inutil y temerariamente resistir al terrorismo de estado ? ¿de que otra forma puede interpretarse su caracterizacion de igual "inflexibilidad", "intolerancia", "intransigencia", y "repugnancia", formulada justamente desde un periodico (La Nacion) que en tiempos del Proceso guardo un prudente y complice silencio con el Terrorismo de Estado ? ¿O no sera acaso que estos periodicos buscan valerse de plumas alquiladas para evitar que se investigue su propio colaboracionismo venal con el Terrorismo de Estado ?

Debo concluir entonces que para que el terrorismo de estado sea definitivamente erradicado de los justificados miedos del pueblo y la sociedad civil se debera no solo procesar y condenar a aquellos autores materiales de crimenes de lesa humanidad sino tambien identificar y castigar a los colaboracionistas intelectuales del terrorismo de estado.

3.- La Indiferencia Moral con respecto a los Desaparecidos por parte de una Elite Intelectual Argentina. El caso Halperín Donghi.

En cada sociedad se da la existencia de intelectuales paradigmaticos cuya ejemplaridad suele marcar a las mismas de por vida. En ese sentido, intelectuales como Tulio Halperín Donghi, tenia por su celebridad la obligación moral de haber formulado durante el Proceso "...públicas denuncias y conferencias de prensa en Washington en defensa de los derechos humanos y de sus propios colegas compatriotas presos o desaparecidos". [15] En este preciso caso, el prudente silencio y autocensura de Halperin "...obedecían en realidad al mezquino afán de poder conservar su pasaporte, visitar asiduamente a su familia y hegemonizar vinculos con instituciones tales como los Institutos Di Tella y CEDES/CISEA".

Debo aclarar que no es esta la primera vez que menciono dicha capitulación moral, pues anteriormente había hecho referencia a la misma, aunque sin nombrarlo. Como mi crítica fue reprochada por algunos colegas como que expresaban ingratitud, rencor personal, o un afán parricida y de ensañamiento en las miserias ajenas, preferí no insistir en la cuestión. Pero hoy, frente a la gran crisis moral que padecemos, y frente a la nueva instancia política de esperanza justiciera y reparadora que pareciera querer reabrirse con la caída del modelo neoliberal, también la ciencia y las humanidades deben dejar de vivir de rodillas y deben ponerse de pie, y por eso me decidí a volver sobre dicha agria controversia, con todos los riesgos profesionales que ello pueda significar, y en la certeza de que el apotegma del Viejo Vizcacha sobre "que entre bueyes no hay cornadas", solo puede ser aplicable a intelectuales moralmente colapsados, castrados de toda dignidad personal.

Muchos se preguntarán ¿porqué Halperín y no algún otro de los muchos que como él, que residían en el extranjero, y que también callaron ? Simplemente, porqué a diferencia de otros colegas que avivaron oportunisticamente los fuegos de una aventura sin destino [16], Halperín no exhibía flanco de culpabilidad o reproche político alguno, así como tampoco nadie podía en buena fe poner en duda que ya entonces Halperín personificaba la cumbre de la elite intelectual argentina y latinoamericana, que su obra en dicha historiografía no tiene parangón, y que su contenido perdurará seguramente por siempre en los anales continentales. Pero entonces, si quien monta en la cumbre "calla y otorga", ¿qué se puede esperar de aquellos otros que cabalgan en las laderas ? Ni hablar siquiera de aquellos que pastorean en los valles profundos. ¿Cuán imponente habrá sido el espejo halperiniano y cuántos habrán así justificado sus silencios ?

Ahora bien ¿cómo ha sido posible que un intelectual tan sensible y conciente del pasado y de las consecuencias de una repetición infausta pudo haberse mantenido en silencio en ocasión de una tragedia tan aciaga y tenebrosa ? Una tragedia que incluso el propio Halperín la había vaticinado en alguno de sus escritos [17], y cuya antesala la había caracterizado premonitoriamente como de "guerra civil larvada" [18]. Se nos dirá que el terror enmudece, acalambra el teclado y paraliza la voluntad mas temeraria [19], y que su síndrome se autotraslada, aún a los exilios más apartados, por mas que se goce con garantías y aparatos de prensa libre [20]. Si, por cierto, no cabe duda, el terror tiene la facultad de quebrar las conciencias y es capaz de tornar a un héroe en un cobarde, y hasta incluso en un traidor, como en efecto ocurrió históricamente en muchas oportunidades [21]. Por cierto, el de Halperín no es un caso de traición, ni tampoco se le puede atribuir ignorancia de la cruel realidad que acontecía. Pero entonces ¿a que se debió tanta omisión y autocensura, y tanto olvido, tanto desdén o menosprecio por la derrota y la tragedia ajena (políticamente ajena) ? ¿Se puede ser un hombre de ciencia, un artista o un intelectual reconocido internacionalmente, y hacer la vista gorda y los oídos sordos a un secreto a voces como el del holocausto argentino ? ¿Se trata acaso de una actitud egoísta, narcisista y/o cínica, fruto de una crisis de identidad psicológica, social y/o nacional, de alguien a quien ya no le interesaba volver a su tierra, o de quien como el aprendiz de brujo sentía "...haber perdido el control de su propio producto y herencia" ; o de quien no era conciente del peso internacional de su propia opinión política ? [22]. O más bien ¿no se trataría de un pesimismo irónico, el mismo pensamiento que algunos autores practican para primero entender el terror y la guerra y más luego condenarla [23], estrategia mental que sin embargo ha llevado a cierta intelectualidad norteamericana actual (Richard Rorty, Michael Walzer, Bernard Lewis, etc.) a alentar la Guerra de Irak ? ¿O simplemente nos hallamos frente a un caso de daño moral infligido a sí mismo, una suerte de lento y prolongado suicidio por quien nunca tuvo una militancia política activa ni pretendió ser ejemplo ni emblema moral alguno ?

El caso es complejo, por cuanto Halperín no permaneció quieto en USA, viajaba asiduamente a Buenos Aires, estuvo en México compartiendo eventos académicos con intelectuales argentinos exilados, se telefoneaba con la elite cultural del Di Tella y del CEDES/CISEA, y seguramente intervino "off the record" para recuperar a Emilio de Ipola del secuestro sufrido. Nos preguntamos entonces : ¿Nadie del Di Tella (Botana, Gallo, Cortés Conde), del CEDES/CISEA (Romero hijo, O’Donell, J. Sábato, Caputo) o de los exilios en México (Puiggrós, Jitrik, Aricó, Assadourian, Chiaramonte, Portantiero, Pucciarelli, Constantini, Giardinelli, Borón, etc.), Canadá (Nun, Murmis), Francia (Saer, Garavaglia), Inglaterra (Tandeter, H. Sábato, Míguez), Brasil (Pomer, González), Ecuador (Roig), o Venezuela (Plá, Calello), le reclamaron entonces que asumiera en USA una actitud pública consecuente con su ideario liberal y humanista y con su anterior digna renuncia a la UBA (1966) ? ¿Nadie le reprochó su silencio ni le insinuó lo que su maestro José Luis Romero (fallecido en enero de 1976) habría hecho en tales circunstancias ? ¿Por qué razón o razones estas insinuaciones no ocurrieron ? Se dirá entonces que en el exilio no existía unidad alguna ni sus integrantes se conocían o frecuentaban. ¿Pero porqué sus íntimos colegas ocultaron o consintieron sus debilidades morales ? ¿Porqué muy luego ninguno de sus críticos más notorios, entre ellos Carlos Altamirano y Jorge Myers, han hecho mención alguna de estas dolorosas ausencias ?

En cuanto a la conducta política de Halperín ¿Porqué razón no fue consecuente con el compromiso desplegado en ocasión de la luchacontraelPeronismo anterior al 55 (Contorno, Sur), o en ocasión de la Revolución Argentina, oportunidaden la cual renunció a su cátedra y optó por el exilio ? ¿O acaso las peripecias despóticas que padecimos durante el Proceso fueron menos crueles y sangrientas que las que se sufrieron en épocas de Lombilla, Amoresano y los hermanos Cardozo (1954), o en tiempos de la Revolución Argentina (1966) ? ¿O acaso las víctimas del Proceso (1976-82) no merecían una defensa semejante a la de quienes fueron torturados y asesinados en el primer Peronismo (Bravo, Ingalinella) ? Si con motivo de la Noche de los Bastones Largos (1966), Halperín renunció a su cátedra, e inútilmente buscó la protección y el amparo de nuestro Premio Nobel y Presidente del CONICET Bernardo Houssay ¿que actitud debió haber protagonizado diez (10) años después, cuando estando largamente exilado ocurrieron el Golpe de Videla (1976) y las sucesivas "desapariciones" de colegas y ex discípulos ? ¿corresponde que haya juzgado estos crímenes de lesa humanidad con la Teoría de los Dos Demonios o con la doctrina Guariglia (1987) ? [24] Se nos dirá entonces que este Halperín no era el mismo de antes, que las circunstancias habían cambiado, que los veinte (20) años transcurridos desde la caída de Perón (1955) -a diferencia de lo que nos porfía Discepolín- cambian a cualquiera, y que Halperín nunca alegó estar exilado ni buscó volver ni ser emblema o paradigma moral alguno, pero que ya no soportaba los inviernos y las soledades del norte, y estaba escéptico, inconciente de su propio poder moral, nostálgico y cansado. Ese mismo repetido cansancio que agobió a nuestro Premio de Asturias Ernesto Sábato cuando rehusó exilarse y en cambio visitó a Videla para suplicarle por los poetas "desaparecidos" (Urondo, Bustos, Santoro, etc.) ; o a nuestro Premio Nóbel Houssay cuando aceptó continuar la Presidencia del CONICET durante la Dictadura de Onganía (1966-71) ; quien a su vez había emulado con su claudicación el "cansancio moral" de Mariano R. Castex, cuando aceptó el Vice-Rectorado de la UBA en tiempos de Uriburu (1930) ; y este último imitara los agotamientos del autor de Juvenilia Senador Miguel Cané y del autor de Mis Montañas y Ministro del Interior Joaquín V. González, cuando impusieron la Ley de Residencia o de expulsión de extranjeros "indeseables" (1902) ; y estos últimos a su vez copiaran las jóvenes agachadas practicadas en tiempos de Rosas (1849) por el luego célebre codificador Dalmacio Vélez Sársfield. ¿Pero puede acaso el cansancio moral reproducirse en las elites intelectuales cuál un patrón cultural mas y se puede aceptar la resignación espiritual que esto significa sin que se deba exigir beneficio de inventario alguno ? ¿puede aceptarse este mecanismo reflejo, de un "eterno retorno", en quien paradójicamente dedicó su vida a hurgar el comportamiento y las "patéticas miserabilidades" de las elites patricias ?

¿Cuál es la responsabilidad y las virtudes éticas de una elite intelectual moderna en tiempos sombríos ? ¿No son acaso la justicia, la verdad y la veracidad, sin las cuales "...no se podría resistir el poder corruptor de las instituciones" ? [25] ¿Cuáles son los roles que deben desarrollar los integrantes de una elite en circunstancias macabras ? ¿No son acaso esos mismos roles de "tábano o aguijón" [26], o de "legislador y guía" a los que el propio Halperín alude permanentemente en su obra ? [27] ¿No fue ésta acaso la actitud que adoptaron durante el Proceso David Viñas, Osvaldo Bayer y Gregorio Selser ; y en tiempos de la amenaza nazi María Rosa Oliver, Victoria Ocampo y Renata Donghi de Halperín (madre de Tulio Halperín) ; y más remotamente aún Echeverría, Mármol y Varela (Generación de 1837), temas sobre los cuales Halperín abundó hace más de una década [28], y sobre los que también narró una de las páginas más bellas y memorables de la historiografía argentina (Una nación para el desierto argentino) ? ¿Puede una elite intelectual abdicar responsabilidades morales ? ¿puede dejar de decir la verdad a todos y en todo momento ? ¿puede mantenerse indiferente, inerte y disciplinada ante la tragedia, del signo ideológico que fuere ? ¿Puede dicha dirigencia intelectual, en caso de defeccionar, pretender seguir erigiéndose en elite y demandar el reconocimiento de tal ? ¿No debiera acaso brindar alguna explicación o autocrítica ?

Esa es ahora la cuestión que deberíamos tratar. Quienes le sirven y han servido a Halperín de corte complaciente y obsecuente, e incluso han reproducido a su sombra una suerte de red de poder patrón-clientelar a escala internacional, pretenden seguir detentando el poder académico, como si nada hubiere ocurrido en el país, como si las claudicaciones del pasado -incluidas las acontecidas durante el Alfonsinismo, el Menemismo, el Delaruismo y el Duhaldismo- hubieren sido gratuitas, y nadie tuviere que pagar un precio por ellas, como si estos disciplinamientos fueren un título de honor a imitar, cuando en realidad merecerían el duro tratamiento de una crítica hasta hoy ausente, y ¿porqué no también de algún tribunal moral ?.

4.- La Depuración como instrumento de profilaxis moral sobre las supervivencias del Terrorismo de Estado en la cultura Argentina.

En los tres apartados anteriores me circunscribi a las figuras emblematicas del exilio, y del colaboracionismo y la indiferencia moral para con el terrorismo de estado. [29] En este ultimo apartado quisiera extenderme sobre la figura de la depuración, como necesario instrumento politico destinado a purgar las instituciones civiles argentinas que colaboraron activamente en pro del prolongado Regimen autoritario- terrorista (1966-1983).

Es conocido como a instancias del actual Poder Ejecutivo Nacional (PEN) el saneamiento o depuracion de las reminiscencias del Proceso -interrumpido a partir de la sancion de las Leyes del Perdon (1987)- se ha reiniciado con nuevo ahinco en las organismos del aparato militar y de seguridad. Sin embargo, es llamativa y doblemente sugestiva la ausencia de instrumentos semejantes para con otras esferas de la labor publica duramente golpeada por el terror, tales como el periodismo, la educacion, la religion y sus Iglesias, los colegios profesionales, las editoriales y las instituciones culturales en general. En Francia, durante la posguerra, para eliminar los rastros de las experiencias colaboracionistas en el plano cultural se instrumentaron numerosas medidas, que rayaron desde los simples traslados administrativos, pasando por las interdicciones y suspensiones en actividades profesionales, las exoneraciones, la privacion de derechos civicos, llegando incluso hasta los encarcelamientos (Maurras), las condenas a muerte (Drieu de la Rochelle, Rebatet), y los juicios sumarisimos (Robert Brasillach, Paul Chack, Georges Suarez). [30]

En nuestro pais, por el contrario, los colaboracionistas en el plano de la cultura resultaron totalmente impunes, al extremo de haber sido algunos de ellos paradojalmente invitados a eventos internacionales para debatir el terrorismo de estado justamente con los exilados que lo sufrieron en carne propia, como ocurrio en el Coloquio de Maryland (1984), implicando esta inmunidad ser mucho mas negativo haber resistido a los regimenes autoritario-terroristas que el haberlos combatido. [31] Desde el advenimiento de esa larga etapa de "noche y niebla" -que fue primero la Revolucion Argentina (1966), seguida tras el interregno primaveral del Camporismo (1973-1974) por la gestion presidencial de Isabel Martinez de Peron, con la Mision Ivanissevich en el Ministerio de Educacion y la Intervencion Otalagano en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y mas luego por la gestion del denominado Proceso (1976-83)- el regimen autoritario-terrorista fue induciendo la concrecion de diferentes practicas colaboracionistas a multiples instituciones culturales, entre ellas las iglesias, las universidades publicas y privadas, las Academias Nacionales, las editoriales y los colegios profesionales. [32] Por cierto, la prensa diaria y semanal fue la gran victima. [33] Con relacion a la gran prensa, cabe especificar el criminal mutismo guardado y nunca indemnizado acerca de los numerosisimos Habeas Corpus presentados y rechazados, cuando es bien sabido que dichos diarios siempre contaron con cronistas judiciales de guardia permanente en los Tribunales. Asimismo, debe destacarse el ferviente rol colaboracionista -aunque no el unico- desplegado por ciertos diarios como Nueva Provincia y Conviccion. [34]

Y en cuanto a las Academias Nacionales, entre todas ellas se destaco el activo rol cumplido por la Academia Nacional de la Historia. A pedido del entonces Ministro de Educacion Juan Llerena Amadeo, la Academia Nacional de la Historia -en su afan totalitario de pretender imponer una historia oficial- emitio en mayo de 1980 un dictamen acerca de cómo debe ser la enseñanza de la historia en la educacion argentina. El contenido de dicho Dictamen, a juzgar por un numeroso grupo de historiadores democraticos (Viñas, Pomer, Bayer, Chavez, Teran, Bonaudo, etc.) entraba "...en contradiccion con los principios de la Constitucion, constituye una resignacion colectiva de los principios mas primordiales de toda vida academica, agravia nuestras libertades de pensamiento y de catedra, atenta contra la integridad de la ciencia, menoscaba el prestigio y vulnera la representatividad de esa corporacion, desborda su competencia, expone su autonomia, su inmunidad y pluralismo y compromete a sus futuros miembros". [35]

Amen de dicho cuestionado Dictamen, la Academia Nacional de la Historia colaboro tambien en la operación de maquillaje del regimen autoritario-terrorista, al ofrecerle reiteradamente tribuna a sus lideres mas notorios, habiendo invitado en septiembre de 1977 al entonces Comandante en Jefe de la Armada Almte. Eduardo Emilio Massera, para inaugurar una exposición historica en su sede central ; en Noviembre de 1979 al entonces Ministro del Interior Gral. Albano Harguindeguy para pronunciar el discurso inauguratorio del Congreso Nacional de la Historia de la Conquista del Desierto celebrado en Gral. Roca (Rio Negro) ; y el 13 de Octubre de 1980 al entonces Intendente Municipal Brig, Osvaldo Cacciatore, para presidir la inauguracion del VI Congreso Internacional de Historia de America. No conformes con esta ultima invitacion, la Mesa Directiva de la Academia Nacional de la Historia, su Presidente Enrique Barba y numerosos academicos de numero decidieron visitar colectivamente al entonces Presidente de facto Gral. Jorge Rafael Videla, con la excusa de acompañar a los invitados extranjeros pertenecientes a distintas Academias Nacionales de Historia del continente, evento profusamente publicitado por la prensa diaria.

Frente a tan activa colaboracion cosmetica con el regimen autoritario-terrorista, por parte de una intelectualidad publica y estatalmente laureada, cabe preguntarse ¿acaso el talento y la ilustracion canonizados excusan de sus responsabilidades politicas a los historiadores que colaboraron con dicho Regimen ? En el caso de Francia, durante la Posguerra, el Gral. De Gaulle estimo que "...cuanto mas grande era el artista, mas poderosa se suponia que era su influencia". [36] Por ende, para De Gaulle, ser escritor no podia convertirse en excusa, "...porque en las letras como en todo, el talento es un titulo de responsabilidad". [37]

Sin embargo, debemos señalar que hasta el momento ninguna de las instituciones culturales detalladas en la nota [32], complicadas en acciones u omisiones reñidas con el respeto a los Derechos Humanos y con la profesion de fe democratica ha verificado contricion alguna ni ha manifestado voluntad de contraerla. Tampoco la Academia Nacional de la Historia se dio por aludida cuando publicamente se le recrimino su complicidad con el Proceso. [38] Ni los nuevos miembros incorporados con posterioridad (Botana, Gallo, Luna, Cortes Conde, Amaral, Mayo) se manifestaron al respecto. Y tampoco el estado nacional, la Secretaria de Derechos Humanos ni las autoridades de la Secretaria de Cultura de la Nacion, de la cual dependen las Academias Nacionales, iniciaron sumario o expediente administrativo alguno. Si bien es de esperar que el actual Secretario de Derechos Humanos Dr. Eduardo L. Duhalde tome cartas en el asunto, en vano podriamos esperar algun desagravio publico por parte del Ing. Torcuato Di Tella, actual Secretario de Cultura de la Nacion, cuando el propio Instituto Di Tella, de su propiedad, eligio durante el Proceso a un Coronel del Ejercito (Cnel. Beltran) para presidir su institucion. En ese preciso sentido, en Francia durante la posguerra, cada sociedad de autores, publica o privada, realizo su propia depuracion, creandose a esos efectos los Comites Nacionales de Depuracion de Escritores y Literatos. [39] De cualquier modo, señala Lottman (1998), "...todas las sociedades estaban obligadas a hacerlo". [40]

Finalmente, debo concluir que para que un regimen politico democratico se consolide definitivamente y las libertades de pensamiento, de catedra y de critica sean una realidad tangible -como lo son en Francia y Europa en general- y no una pusilanime expresion de deseos, es preciso que el poder politico (Secretarias de Cultura y de Derechos Humanos) intervenga para que las instituciones culturales y profesionales se depuren, para que los colaboracionistas del regimen autoritario-terrorista paguen o indemnizen sus culpas y omisiones, y para que aquellos que supieron resistir a los regimenes dictatoriales no continuen siendo injustamente discriminados.

Fuentes

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