Martes, 08 Junio 2010 20:15

Orden natural, valores absolutos y verdadera Democracia

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Por José Pablo Feinmann*

“En general, lo que defiende siempre la derecha es el orden natural de las cosas, porque a la derecha le conviene naturalizar la historia: al naturalizar la historia es imposible cambiarla, porque está naturalizada, y el orden natural no puede ser otro. Al no poder ser otro, no se lo puede alterar. O sea, razonamiento más conservador de este no existe, por eso todos los regímenes de fuerza han venido a restaurar el orden natural de las cosas peligrosamente acechado por las ideas disolventes.

No quiero decir con esto que el Stalinismo ruso fuera de derecha, de ninguna manera, es patrimonio de la izquierda, poderosa y paradójicamente, también lo del orden natural de las cosas. Si estamos viendo que en Marx hay un orden natural de las cosas, que en Hegel lo había, hay un devenir necesario de la historia, eso es profundamente autoritario, porque si hay un devenir necesario de la historia quien salga de ese devenir natural merece el peor de los castigos, porque, bueno, no hay más que crear un punto de vista o valor absoluto para sentirse autorizado a matar al otro. Es decir, si yo creo el partido de vanguardia o la democracia liberal o el hombre nuevo o la diosa razón, la raza de señores, la tierra, la sangre: valores absolutos, desde ahí me siento con derecho a matar al que está en contra de eso, porque se opone a un absoluto. ¿Por qué el Che Guevara fusila 1500 tipos en la fortaleza de La Cabaña?

Cuando estrenamos “Cuestiones con Ernesto Che Guevara”, una obra de teatro mía, en 1988, había debates al final, una chica se levantó y dijo: “Estoy confundida, estoy en contra de la pena de muerte y cuando veo al Che, que quiero tanto, matar a mil quinientas personas no sé qué decir”. Se quedó con la confusión pero se quedó con algo en la cabeza  que me parece importante. El régimen autoritario puede basarse en cualquier valor. El hombre nuevo es un valor peligrosísimo, todo aquel que se opone a mí está luchando por el hombre viejo, por una imagen del hombre que hay que superar y dejar atrás, o sea, lo tengo que dejar atrás a él, tengo derecho a tomar su vida.

Hay un texto de Engels que se llama De la autoridad, un texto de 1874, en el cual se burla de todos aquellos que atacan al concepto de autoridad. Y al final Engels dice riéndose: pero ¿han visto estos bastillazos, cañonazos, guillotinazos?  Eso es una revolución para Engels. O sea, una revolución quiere decir que el que gana tiene que matar al que perdió para no perder lo que conquistó, textual. Y ahí están los extravíos de la izquierda, ahí es donde se parece tanto a la derecha que uno ya no las puede distinguir. Porque ambas echan mano a criterios autoritarios de exclusión total del otro, que llevan a matarlo.

Únicamente la democracia, no esta democracia liberal de mercado, sino la democracia que alguna vez se hará, con contenidos sociales, con contenidos humanitarios, con derechos humanos, formalmente incluye la exigencia de pensar que algo de la verdad está en el otro. Entonces, si algo de la verdad hay en el otro, yo no puedo matar al otro a riesgo de cercenarme a mí mismo. Entonces ese es el valor más alto de democracia, por eso permanece desde los griegos hasta nosotros. Lo que pasa es que se ha vaciado de contenido, se la ha malbaratado, y nosotros conocemos sólo la democracia que tenemos ahora (…)”

*En ¿Qué es la filosofía? Ed. Prometeo, Bs. As. 2005

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