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Ni el Tiro del final

Dos voces en una misma historia en “Ni el tiro del final” de J. P. Feinmann

II Congreso Internacional CELEHIS de Literatura. Mar del Plata. Diciembre 2004.
Título: “Dos voces en una misma historia, en “Ni el tiro del final” de J.P.Feinmann.Autora:  Marta Elena Vacchetta.        
Universidad Nacional de Córdoba

“Ni el tiro  del final”, es una novela cuya historia de sufrimientos, engaños, infidelidad y traiciones está narrada por sus dos protagonistas, Ismael Navarro y Susy Rivas. El receptor tomará conocimiento de los acontecimientos vividos por esta joven pareja desde sus respectivas voces.

Nos interesa analizar la instancia de enunciación (narración) de cada uno de los enunciadores (narradores) para dar cuenta de la relación establecida entre el enunciador y el enunciatario y los motivos particulares que conducen a aquel a producir su enunciado. Para ello tomaremos las nociones de la teoría de la enunciación y, desde la teoría literaria, los conceptos de Gerad  Genette.

Toda enunciación se desarrolla en un contexto determinado entre por lo menos dos sujetos que interactúan mutuamente – uno produce el enunciado y otro lo recepta -. Esta instancia articulada entre el sujeto enunciador (narrador) y el sujeto enunciatario (narratario), quienes como sujetos discursivos se construyen recíprocamente en el interior del relato, se denomina instancia de la enunciación.

El enunciador (el “yo” del discurso) necesita la presencia del enunciatario (el “tú”  del discurso) para construir todo enunciado. Con su discurrir se modela a sí mismo y a la vez construye una imagen del enunciatario a quien va dirigido el enunciado.

La novela presenta dos instancias de enunciación, una enmarcada en la otra y dependiente de esta aunque en lo formal - estructural no lo sea. Esto es, el enunciado de Ismael Navarro, quien desde su presente se remonta al pasado, contiene tanto la instancia enunciativa de Susy Rivas como su enunciado.

La evocación de acontecimientos difícilmente mantiene una linealidad cronológica es por ello que se observan con  frecuencia  las discordancias o anacronías bajo la forma de analepsis – “evocación de un acontecimiento anterior al punto de la historia en que nos encontramos” (G. Genette, 1972), es utilizada para brindar detalles y para enmendar un vacío en la historia, necesaria para la comprensión de la acción -  o prolespsis  - es la evocación por adelantado de un acontecimiento pasado, ésta será frecuente ya que el carácter retrospectivo del relato autoriza al narrador a hacer alusiones al futuro -. En el enunciado de Ismael son más abundantes las anacronías  que en el de Susy.

Ismael Navarro es el primero en hacer sentir su voz y lo hace dispuesto a establecer una relación dialógica con un enunciatario atento al enunciado de la historia  y  a la crítica y valoración que hace acerca de los hechos acaecidos.

El punto de partida de su discurrir será el debut de la pareja en un bar nocturno de la ciudad de Mar del Plata. En esa ocasión se dirige al público espectador  mediante un monólogo en el que no están ausentes ni la ironía ni la cruel comparación, finalizado el mismo se presenta a sí mismo y a su compañera:

“Señoras, señores, o lo que ustedes sean o crean ser, buenas noches. Comprendo que estén algo distraídos, que no se hayan dado cuenta todavía de que estoy aquí, sentado en este taburete, frente a este triste piano, dispuesto a ganarme el pan de este día prostituyendo aquello que alguna vez fue la más intensa pasión de mi vida. “  (J. P. Feinmann, 1988, pág. 9)

En relación con el siguiente suceso narrado, este hecho es posterior – presencia de prolepsis-, sin embargo con él da inicio al enunciado y desde allí, el enunciador continúa su discurrir organizando los hechos de la historia desatendiendo el orden temporal en que sucedieron los mismos. El relato en pasado finaliza en  presente, en el presente del enunciador; es por ello que podemos reconocer  un relato ulterior y un relato simultáneo pues el tiempo narrado  (tiempo del enunciado)  va desde el pasado hasta coincidir con el tiempo de la narración (tiempo de la enunciación):

“Y en el final estoy yo, solamente, para cerrar esta historia, Ismael Navarro, arrastrando una silla que va dejando su huella sobre la arena tibia del atardecer, sentándome frente al mar, no frente a Dios (...) Me pongo de pie y enciendo un cigarrillo. No sé, en verdad, qué hacer.”  (pág. 268)

El  empleo del presente verbal revela un efecto de convergencia final logrado por el hecho de que la duración de la historia disminuye progresivamente la distancia que la separa con la enunciación. La convergencia es esperada en relatos cuyo narrador utiliza la primera persona porque coincidentemente es también personaje  de la historia.

Ismael  mantiene un diálogo ameno y fluido con el narratario,  hasta lo hace partícipe de su historia. Con su particular manera de organizar los acontecimientos, mantiene concentrada la atención del narratario; y para contar con su complicidad, colaboración y comprensión, constantemente apela a él mediante preguntas, expresiones impersonales o apelaciones indirectas:

“Un motivo para vivir, caballeros. ¿Es esto pedir demasiado?” (pág. 240)

“...reían, hablaban y –atención; ahora sí una metáfora: -chisporroteaban como leños recién encendidos, qué tal. “ (pág. 217).

En el último capítulo de la novela, Ismael ha llegado al momento culminante de la historia y tras un breve comentario acerca del aspecto físico de Susy, acalla sus palabras para dejar oír las de la joven. Es así como se revela el contexto de la enunciación de ella; y  lo que hasta en ese momento parecía  un enunciado paralelo  e independiente al de Ismael, queda develado que, en realidad, está enmarcado por el enunciado de este. El presente de la enunciación de la muchacha no coincide con el de su pareja ya que tanto la enunciación como el enunciado corresponden al pasado. Formalmente, las intervenciones de cada uno se reconocen sin dificultad puesto que un espacio en blanco las delimita.

“... posando para la eternidad en ese instante, éste, en que yo abría mis ojos, y a través de infinitos nubarrones, regresando desde muy lejos, buscaba los suyos.

__ Te quiero, Ismael __ dijo entonces __. Te quiero porque me duele verte así. Porque me duele tener que dejarte. Y porque aunque no lo creas, me va a partir el alma contarte todo lo que  te pienso  contar.”  (Pág. 235).

Si bien en la última parte de la historia  conocemos el contexto  donde se pronuncian las palabras de Susy; desde el primer capítulo ella se instala como enunciadora, esto debido a las anacronías del enunciado de Ismael, quien maneja a su antojo los hilos de la historia.

La voz de Susy  se escucha desde el primer capítulo y se irá intercalando a la de Ismael  hasta el penúltimo capítulo donde termina su extenso monólogo dirigido a un único interlocutor, a quien fuera hasta ese entonces su pareja. Su enunciado, carente de apelaciones al enunciatario pero de tono intimista  y crítico, es un racconto de su propia vida: su niñez, su adolescencia  marcada por el padre, los solitarios y difíciles años junto a Ismael y la decisión final que cambiará la vida de la pareja. Se remonta al pasado, conserva una linealidad cronológica, es bastante descriptivo y evaluativo  y  son frecuentes las comparaciones. Compara  sus propias experiencias de vida o actitudes con escenas de películas protagonizadas por importantes actrices, compara el comportamiento de Ismael con el de Alejandro Salas, un acaudalado arquitecto.  Por medio de este recurso logra ser crítica, aunque sin alcanzar el tono ácido y cruel  logrado por las palabras de su pareja. Es ella  quien deja al descubierto la personalidad orgullosa, egoísta, rebelde, cobarde de Ismael,  quien en muy pocas oportunidades habla de sí mismo.

Será  ella quien saque a la luz al verdadero Ismael, al hombre altanero y mediocre  incapaz de asumir su responsabilidad, su parte de culpa por tanta frustración.    Ella es el espejo que refleja una imagen que Ismael no desea ni puede aceptar porque para hacerlo debiera, previamente,  viajar a su interior  para encontrarse a sí mismo.

En esta novela las dos instancias de enunciación son diferentes tanto en su forma cuanto en   su contenido,  pero motivadas por el mismo objetivo: la necesidad de  explicar porqué sus actos traicionaron convicciones y sentimientos tan arraigados en ellos; actos que aparecen como la única  e inevitable alternativa para una vida presuntamente feliz.  Tanto Susy como Ismael no rechazan la posibilidad que se les ofrece para lograr un nuevo estilo de vida; ellos mismos lo confiesan abiertamente. La aceptación de la propuesta y todo lo que implica esa determinación genera en ellos la necesidad de justificarse consigo mismo y con el otro:

“... lo confieso sin pudor – apenas me la propusieron me gustó. Qué joder: ya era hora de salir de perdedor y empezar a reventar a los demás, en lugar de que los demás lo revienten a uno...” (Dice Ismael).  (pág. 12).

“Por eso acepté tu propuesta. Siempre es mejor jugar a dos puntas. Más aún cuando una llega a cierta altura de la vida en que o gana de una buena vez o pierde para siempre.”  (Dice Susy). (pág. 98).

La justificación de cada uno muestra  a las claras el interior  de  su persona, sus conflictos personales y la postura adoptada frente a la vida.

La personalidad de Ismael se configura por oposición al ser y al hacer de los otros. Si bien él no habla de sí mismo se compara, fundamentalmente, con sus amigos  y la imagen resultante de esa comparación es la de un hombre víctima de las circunstancias;  incomprendido ideológicamente; fracasado profesionalmente a pesar de los  reiterados, aunque inútiles, intentos de superación. Su denigración personal es tarjeta de presentación ante las personas que lo rodean, inclusive ante el mismo enunciatario. Pero en su autodestrucción, y en una postura totalmente egoísta, subestima a su fiel e incondicional compañera dejando de manifiesto la imposibilidad que tiene de aceptar sus propias limitaciones.

“Me acompaña una cantante, por decirlo de alguna manera. Es rubia, espigada, bonita, ignoro si muy inteligente pero magníficamente tostada por el sol (...) Susy siempre empieza cantando la misma canción: `Entró el amor´. Es una canción de Gershwin, la última que escribió, exactamente un día antes de morir.

Bueno siempre pensé que si Gershwin llegara a escuchar a Susy cantar esta canción, no esperaría ni siquiera un día para morirse”.  (pág. 11).

En cambio Susy se erige con una personalidad fuerte, decidida y segura de sí misma; dispuesta a luchar, a enfrentar sus miedos  y a afrontar los riesgos para obtener su cometido. Su verdad, que es también la verdad oculta de Ismael, no necesita la aprobación ni la complicidad del enunciatario porque no duda acerca de su hacer, como Ismael. Tal vez por ello su enunciación adopta  una forma diferente – el monólogo – .

En el monólogo el enunciatario está ausente puesto que el sujeto enunciador se desdobla y se habla a sí mismo reuniendo en sí los dos papeles: enunciador y enunciatario. En esta instancia, Ismael  no tiene posibilidad de hacer uso de la palabra, además que anímicamente tampoco está en condiciones de hacerlo. Si bien Susy  dirige sus palabras a Ismael, no entabla un diálogo con él; sólo le ofrece la posibilidad de enfrentarse duramente con una realidad  que siempre negó y que sólo él puede modificar.

Mientras que la instancia dialógica instaurada por Ismael permite conocer el hacer y el decir de los personajes; la instancia monológica de Susy revela el ser y el sentir de los dos protagonistas masculinos, pero fundamentalmente de Ismael.

Finalmente diremos que en los enunciados de ambos, el enunciatario responde tanto a las necesidades discursivas del enunciador como a los procesos psicológicos de cada enunciador. A través de estos se puede entender el comportamiento y la actitud asumida por ellos ante un acontecimiento puntual en sus vidas. A pesar de las diferencias, en mayor o en menor medida, ambos manifiestan una personalidad contradictoria, con complejos y temores, deseosos de libertad “en el sentido positivo de la realización de su ser individual, esto es, la expresión de su potencialidad intelectual, emocional y sensitiva” (E. Fromm, 1998). Sin embargo cuando tienen la posibilidad de alcanzar aquello tan deseado, el temor los paraliza y  se apartan de la tan anhelada libertad, precipitándose en formas nuevas de dependencia y sumisión.

 

Bibliografía.

BENVENISTE, Emile: Problemas de lingüística general. Tomo I y II , Ed.Siglo XXI, México, 1974.

FILINICH,  Ma. Isabel:  Enunciación. Ed. Eudeba,  Bs. As. 1999.

FROMM, Erich: El miedo a la libertad. Ed. Piados, Bs. As., Barcelona, México, 1998.

GENETTE, Gerad: Discurso del relato – Ensayo de método-. Ed. Du Seuil, parís 1972. traducción del francés: José M. García., 1979. UNC.

KERBRAT – ORECCHIONI, Catherine: La enunciación de la subjetividad en el lenguaje. Ed. Edicial. Bs. As. 1993.