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El mito del Eterno Fracaso

El mito del Eterno Fracaso

Reflexiones sobre el escepticismo

Fenomenología del Escéptico

 

La historia no se repite, pero gusta de la coherencia. A nadie extrañará, entonces, que estos largos años de desdichas argentinas hayan engendrado un personaje casi previsible: el escéptico. Al modo de los sofistas presocráticos, también él se considera un “maestro de la sabiduría” y no es infrecuente que lo proclame: Se las sabe todas-dice- y ya nada ni nadie conseguirá su adhesión, y menos aún su entusiasmo. Ante un auditorio absorto y seducido –ya que nada seduce tanto como el fracaso, pues nos libera de culpas, responsabilidades y esfuerzos-, expone una concepción cíclica de la historia en la que cada fracaso es consecuencia de uno anterior y prefigura el que vendrá.

 

Esta afirmación de fracaso, sin embargo, se transforma para el escéptico en el paradójico secreto de su éxito. Decir que la vida no tiene sentido otorga un sentido a la suya. Decir que la historia es cíclica, que transcurre de fracaso en fracaso, lo transforma de un apóstol de la desesperación, del “reviente”, figura absolutamente fascinante en estos tiempos que corren. Y, en fin, su rechazo de toda ética posible –de todo compromiso con la realidad-, le permite entregarse impunemente al goce pasatista, al amor fugaz, y al amiguismo pero nunca a la amistad.

Nada grande, entonces, nada sublime, heroico o pasional puede esperarse del escéptico. Ninguna gran causa lo reclamará, porque ha dictaminado a priori que las grandes causas no existen. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, sus  convicciones sobre la historia como repetición del fracaso, lo entregarán a la monotonía, lo volverán repetitivo a él mismo, le quitarán matices. Su renuncia al compromiso vital (a la amistad, y el amor), empobrecerá su vida. Su obstinación en repetir una única verdad volverá sospechosos sus juicios. Su renuncia a las grandes causas empequeñecerá su figura. Con el transcurso del tiempo, en suma, el escéptico, inevitablemente, terminará por aburrir. Y entonces, con total coherencia, la soledad será su irreparable destino.

Continuará…