Los usos de Feinmann

Indice del artículo
Los usos de Feinmann
La Obra
Subjetividad y Creatividad
Obra Ensayística
Los Artificios Feinmannianos
El uso del horror
Recepción de su obra
Todas las páginas

La obra de José Pablo Feinmann (JPF) es parte ineludible de la cultura argentina contemporánea.  Está presente, se nutre y abarca dimensiones muy distintas, como la literatura de ficción, el periodismo político, la filosofía, el cine y la música clásica.

Esta diversidad de aspectos están encuentran imbricados en una obra que es única y homogénea, aunque presente un múltiples dimensiones y que requiere de distintos enfoques para ser comprendida.

 

El autor

José Pablo Feinmann es un intelectual cosmopolita, políticamente comprometido.  Su vida y su obra son producto de la combinación de circunstancias personales y colectivas. Podría aseverarse que Feinmann es un pensador como los que se generaron en nuestro país, merced a circunstancias tales como la porosidad social y de la educación pública, florecientes a mediados  del siglo pasado.

Básicamente, Feinmann es un profesor de filosofía con inquietudes políticas y estéticas que -padeciendo a nivel personal y generacional los infortunios de  la historia contemporánea reciente-  no ha dejado de abocarse a múltiples tareas, tales como expresar (de manera creativa, no panfletaria) el dolor por los fracasos de la sociedad argentina, iluminando con rigor científico las variables de nuestra historia política, haciendo inteligibles las múltiples circunstancias que componen la realidad local e internacional, intentando estructurar un modelo que permita mejorar la calidad de vida de los habitantes y rastreando el eje de la identidad nacional.

Nacido en 1943, Feinmann es también el resultado de la sumatoria de identidades que con notable naturalidad se desplegaban en la Argentina de los años 50.  Criado junto a su hermano mayor en el barrio de Belgrano R, hijo de un médico judío, Abraham Feinmann y de un ama de casa de origen brasileño, Elena de Albuquerque, creció rodeados de los íconos culturales argentinos de la época: el fútbol, el cine de Hollywood, la arraigada costumbre de la lectura, la integración social del peronismo y el barrio como escenario de los primeros procesos de socialización.

Con intensa vocación para la literatura, Feinmann elige en Viamonte 430 (sede de la Facultad de Filosofía y Letras), formarse en Filosofía, considerando que eso le daría más profundidad a sus reflexiones y material para desarrollar una carrera literaria. Pronto se ve arrastrado por el espíritu de los tiempos y se incorpora al entusiasmo militante por la revolución social a través del movimiento peronista.

Feinmann termina sus estudios de filosofía en la Universidad de Buenos Aires en la década de los sesenta, en plena ebullición intelectual y política. Junto con Amelia Podetti, Horacio González y otros intelectuales participó de las Cátedras Nacionales. Obtuvo el título de Licenciado en Filosofía y fundó el Centro de Estudios del Pensamiento Latinoamericano, siendo profesor de la universidad hasta 1974.

Paralelamente, participa en los Consejos de Redacción de las revistas Envido y Aluvión, originales intentos de combinar escritos de fuerte convicción política con reflexiones de base académica.

Tenían como marco una época virulenta, en la que muchos buscaban compatibilizar las prácticas culturales nacionales con la preeminencia del enfoque marxista y la tendencia militante revolucionaria. En esas circunstancias, al igual que muchos de sus coetáneos, Feinmann asumió que el peronismo era un genuino movimiento de masas con objetivos revolucionarios. [1]

Sin embargo, desde un principio, Feinmann rechazó claramente el uso de la violencia con fines políticos y mostró distancia con los intentos de adaptaciones de experiencias ajenas a las prácticas sociales locales, tales como la teoría guevarista del foco revolucionario. Enmarcado por siempre en el relato peronista (en tanto intelectual y militante crecido durante la resistencia peronista y a la sombra de los días felices del peronista histórico), Feinmann construirá su propia identidad como la de un peronista incómodo, siempre en el borde del movimiento, más interesado en su condición de pensador independiente que de intelectual orgánico.

Y ese posicionamiento lo llevará  a definirse, ante los infortunios del peronismo en la democracia temprana, como un peronista en tránsito, identidad que abandonará formalmente en 1985 ante la incapacidad del justicialismo de comprender los beneficios de la democracia y definitivamente durante la década de los noventa, cuando el gobierno de Carlos Menem habría de vaciar el caudal político y cultural del peronismo tanto en su acervo original como en su etapa revolucionaria.

Esa condición filo-peronista lo acompañará hasta la actualidad, de tal modo que al inicio del gobierno de Néstor Kirchner, Feinmann habrá de establecer una relación de mutua simpatía con el ex mandatario y con la ahora Presidenta de la Nación.

Esa relación no estaría libre de diferencias y matices, ya que Feinmann elegirá defender ciertos aspectos de la actual administración justicialista (tales como la política en materia de Derechos Humanos, la conformación de una nueva Corte Suprema de Justicia y el manejo de algunos renglones de la economía), sin dejar de criticar otros asuntos pendientes (tales como las denuncias por corrupción, la ausencia de una política de lucha frontal contra la pobreza y la exclusión social, la relación con los caudillos políticos de la Provincia de Buenos Aires y la extrema concentración en el proceso de toma de decisiones).


[1] Ya me leí todo Hegel, todo Marx, ¿dónde está el proletariado británico aquí?”. La respuesta llegó como una chicana: “Acá no hay proletariado británico, acá están los negros peronistas”, le respondieron (26 años, 1969).