Los usos de Feinmann - El uso del horror

Indice del artículo
Los usos de Feinmann
La Obra
Subjetividad y Creatividad
Obra Ensayística
Los Artificios Feinmannianos
El uso del horror
Recepción de su obra
Todas las páginas

El uso del horror

El cadáver imposible aparece como un recreo literario luego del horror vacui generado por La Astucia de la Razón. Este relato descabelladamente gore, rebalsando horror en un complot inverosímilmente macabro, salpicado con humor kitsch y una referencia a los infortunios de la relación entre editor y escritor, sobrevuela una historia de terror llena de guiños y homenajes a la cultura pop.

Es una historia visiblemente folletinesca, con personajes desquiciados, que galopa sobre una suerte de guión cinematográfico y hace de la intertextualidad una verdadera religión, poniendo la escritura en inmediata disponibilidad con el lenguaje cinematográfico en un visible registro de pulp-fiction.

Feinmann tomará así  un recreo luego del buceo en las profundidades de la reflexión filosófica, tomando íconos y lugares comunes de la industria del entretenimiento, una práctica literaria vinculada a su propia formación intelectual, ávida de las más complejas reflexiones metafísicas pero lista para entusiasmarse con el cine de Hollywood.

El cadáver imposible es una parodia simultánea de varios géneros literarios y cinematográficos, deteniéndose en los tópicos más inverosímiles de estos contornos, empujando al lector a compartir una broma conjunta sobre la neurótica relación entre el escritor y el editor.

Entre los ajustes de cuenta sobre el mundo literario, Feinmann usa también este relato para ironizar abiertamente sobre el realismo mágico y la expectativa europea del colorido latinoamericano, con la provisión de un tornasolado exagerado, una proliferación de cadáveres, una sucesión de masacres y la explosión de conductas “alborotadas” que expresamente remitirán al rol de Gabriel García Márquez en el boom literario latinoamericano, basado en el uso exhaustivo de la exuberancia como marca referencial de la vida cotidiana en la región.

El escabroso argumento, que escala desde una escena inicial fulgurante y estrepitosa, abunda en todos los guiños del relato escandaloso, coronando el clímax argumental con un lugar algo recurrente en la literatura feinminniana: la reconstrucción de un cadáver mediante la operación mecánica de coserlo. Este final está presente en el relato breve Dieguito y también en la escena final de El cadáver imposible.

Además de la inevitable referencia a la gran obra de Mary Shelly, la solución Frankestein de este relato no pareciera intentar poner en funcionamiento un moderno Prometeo, sino más bien expresar la incapacidad de algunos argentinos de asumir que lo que está muerto, muerto está. Sin mencionar la obvia referencia al trashumante cadáver de Eva Perón, ícono por excelencia de la generación de la Resistencia Peronista.

Habría, entonces, en esta salida recurrente a coser lo roto y pegar lo podrido, quizás dimensión inconciente, forma expresiva de una generación que parece resistirse a asumir todavía que la Revolución de los años Sesenta y el Peronismo Histórico son cadáveres, tal como también lo es Eva Duarte y el resto de los íconos de los Años Felices, por más operaciones políticas de camuflaje  y vudúes literarios que uno intente.