Los usos de Feinmann - Subjetividad y Creatividad

Indice del artículo
Los usos de Feinmann
La Obra
Subjetividad y Creatividad
Obra Ensayística
Los Artificios Feinmannianos
El uso del horror
Recepción de su obra
Todas las páginas

Subjetividad y creatividad

La obra de JPF es heredera de ciertas circunstancias históricas (joven intelectual con compromiso político, formado en la militancia peronista de vanguardia, que sobrevive a la Dictadura y padece los infortunios de la política actual) y también del inestable balance que generan en su propia personalidad distintas motivaciones (al buscar nuevos horizontes de realización, bucear en su historia personal, exponiendo su historia personal y encontrando un modo particular de producción intelectual), conviviendo con su propio desconcierto como ser humano, dejando traslucir las infinitas variables de su psicología, usando los síntomas de su perplejidad para soportar los infortunios de la realidad y aprovechando la historia personal para crear sus obras de ficción o ensayo.

Lejos de resolver dolores o superar contradicciones, JPF pareciera haber generado una obra con la intención de explorar en la inmensidad del alma humana (empezando por la propia), las contradicciones políticas de su generación, el drama existencial de la vida terrena, las vocaciones estéticas y las modas artísticas, dejando que esa compleja trama de recursos coexista de un modo más o menos pacífico, sin intentar una superación dialéctica ni encontrar un sentido último en el entramado de la vida, exponiendo sus propias miserias personales para generar una obra en la que sus lectores puedan encontrar un sentido histórico y hagan inteligible la realidad bajo el fárrago de la información mediática y de la parafernalia política.

Esa exposición frente al lector del ensayo, el espectador de una película basada en su guión o el alumno de un curso de filosofía no tiene una intención espectacular, no se basa en un arrebato de fascinación pública ni busca escandalizar mediante bravatas mediáticas ni sobreactuaciones, exponiendo la catarsis de los dolores interiores.

Muy por el contrario, JPF pone su cuerpo, su psiquis y su historia personal al servicio de sí mismo, de la comunicación con los otros y del  intento ulterior de comprender las limitaciones de la existencia humana, en base a la conciencia total de las miserias y grandezas propias y ajenas, la descripción de los horrores pasados, la enunciación de los escándalos actuales y la búsqueda interminable de la verdad, por inestable que esta sea.

Años después de contraer cáncer en un testículo y esconderse de la Dictadura Militar, escribe La astucia de la razón, planteando las similitudes entre la invasiva medicina que extirpa cruelmente el mal de su cuerpo indefenso y la banda armada que controla asépticamente la Argentina y decide exterminar a los pobladores que consideraba peligrosos.

Este uso de su historia corporal como un dispositivo para dar cuenta de los horrores personales y colectivos es recurrente en su obra y es propia, sobre todo, del período más autobiográfico al que pertenece también La Crítica de las Armas, una novela política sobre los desaciertos generacionales, el horror inminente del régimen militar que asola tanto como el horror real (lo infinitamente imaginado, como un guión de un film gore) y el ajuste de cuentas con su madre, en tanto sujetos que mutuamente se consideran desilusionados.

En el caso de La Crítica de las Armas, Feinmann organiza un relato ficcional montado sobre la biografía personal de su alter ego Pablo Epstein “vampirizando”[1] su vida real, cruzando el territorio imaginario de una generación amojonada por la militancia política, la ruptura generacional, atravesando el vendaval de la retórica nacional/militarista y sazonada por la inefable formación intelectual del autor (vocación filosófica junto a la pasión por la música clásica, combinadas con la cinefilia). 

En esa obra habrá una neurótica diatriba contra el personaje de la madre, usado como referente comparativo: Alicia de Almeida será así todo lo que JPF no es o no quiere ser: aburguesado, ramplón, interesado en la vida cotidiana, indiferente a la injusticia social, tilingo, adicto al discurso político oficial y ajeno al dolor.

Planteará Feinmann matar a su madre como acto sartriano de separación umbilical con la naturaleza, como negación radical del orden de lo dado, como expresión de la voluntad soberana de un sujeto que se yergue frente al abuso de la biología, elevándose por encima de los dictados de la inevitable ligación familiar, ajustando cuentas, al mismo tiempo, con las limitaciones del resto de su familia biológica, mostrando una ajenidad manifiesta por su propia familia como institución burguesa predilecta y ámbito de lo previsible, enfrentando en esquizofrénica soledad el despliegue interminable de la paranoia frente al terror real y al imaginario.

Habrá en esa obra un uso recurrente del recurso de la exposición de la propia irracionalidad, como desajuste personal y político ante la verdadera irracionalidad omnipresente en el Terror Dictatorial, por medio de un buceo entusiasta en las rutinas que lo aterrorizaron, tales como escuchar noche tras noche los ruidos del ascensor de su edificio, con un registro minucioso del horror y su inminencia. Un registro que irá y vendrá del Terror Dictatorial a su cáncer testicular.

Feinmann no escribe desde su enfermedad para conjurar el síntoma ni hace un uso indiscreto del dolor, sino que convierte la historia personal y pública en ficción, pero en una ficción llena de desgarrador contenido filosófico y político, atravesando la historia de su generación y batallando contra las taras de algunos saberes, como el uso inveterado y religioso del psicoanálisis dentro de la cultura argentina.

Porque en la obra novelística (y, luego veremos, en la ensayística) habrá en JPF una fuerte apelación a la centralidad del sujeto, en el marco de un reclamo global hacia los desatinos de las estrategias política posmodernas (¿anti-modernas?) que han de-construido con militante entusiasmo al entusiasmo militante (destruyendo tanto a la vocación interpretativa hiperbólica de la racionalidad occidental, como al rol crítico que en estos paradigmas jugaba para su transformación un acto tan propio del Sujeto como la voluntad).   

Este enfoque pondrá en crisis saberes que circulan por el pensamiento contemporáneo, incluyendo como impensable aliado al psicoanálisis, como instrumento que pone el foco en los componentes irracionales de la conducta humana, desplazando su mirada hacia el inconsciente, disminuyendo todavía más las facultades y posibilidades de operar sobre la realidad de un Sujeto que ya había abandonado el centro del escenario de la vida pública (entusiasta ahora con el vértigo de las diferencias, la policromía de las identidades, el deterioro de la condición de ciudadano y su reconfiguración en la noción posmoderna de minorías), un proceso todo el tiempo atravesado por la derrota del pensamiento estructural, el abandono de la escena del relato hiperbólico dando paso a la lógica de las diferencias y los grandes procesos históricos reemplazados por la micro-política.

JPF unirá de tal modo ambos niveles del relato, lo público y lo privado, al aunar la desazón contra el psicoanálisis como instrumento útil para sanar su psique con su rol cómplice en la vocación adaptativa ante el orden burgués.  Esta marca se inscribe de modo impecable con el mapa intelectual de la obra feinminianna, en tanto lo autobiográfico y lo colectivo son dos planos que se intercalan para explicar la condición múltiple de la realidad.

Hemos señalado que los mecanismos de escritura de JPF entran y salen todo el tiempo del espacio personal y colectivo, usando su propia historia y la del país como disparador en las búsquedas que establece en su obra.  Así, cuando llega la Dictadura y se dedica a recorrer el interior del país (en un trabajo vinculado con la empresa familiar), el autor usa esa circunstancia para reflexionar sobre la distancia (geográfica, cultural, estética, ideológica) entre Buenos Aires y las provincias, material que finalmente será el punto de partida de su notable obra Filosofía y Nación.

Paralelamente, cuando intenta sobrellevar la angustia de su enfermedad y el miedo a la Dictadura abandonando provisoriamente la indagación sobre la política, se refugia en la música y en el cine, lo que le permite crear notables guiones cinematográficos que abrirán otra vez su abanico de producción intelectual.  Como señalamos repetidamente, su creación es -en cierto modo- autobiográfica, pero no busca una exposición morbosa de sus dolores privados sino que utiliza los síntomas del dolor para crear.



[1] El concepto es propio del enfoque de María José Punte sobre  la obra de JPF y está expuesto en su artículo “José Pablo Feinmann ¿Alter Ego de Pablo Epstein?, ponencia leída en el XXXV Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (IILI), Poitiers, junio/julio de 2004.