Lo histórico y lo cotidiano en operación masacre De Rodolfo Walsh: del suceso a la guerra popular

Lo histórico y lo cotidiano en operación masacre
De Rodolfo Walsh: del suceso a la guerra popular

Rita De Grandis
Simón Fraser University

 

"El peronismo es el hecho maldito de la política argentina."
(John William Cooke)1


La obra de carácter periodístico y político de Rodolfo Walsh cuenta principalmente con tres relatos: Operación masacre (1957), El Caso
Satanowsky (1958) y ¿Quién mató a Rosendo? (1969).2 Aunque esta obra parezca escasa y transitoria es un mojón en la historiografía literaria argentina porque sintetiza al extremo el aspecto polémico de esta literatura, resultado de la confluencia y colisión entre lo político y lo literario, dos variables que se oponen y se legitiman a través del periodismo.
El suceso conocido como Operación masacre ha llegado a constituir un fragmento de la historia popular de la Argentina. Relata una de las
represiones sangrientas del régimen anti-peronista de 1945. Primero rumor, luego suceso y finalmente acontecimiento político; el relato de esa oscura masacre ha conocido múltiples reactualizaciones. Operación masacre cuenta el asesinato, en el mes de junio de 1956, de una decena de trabajadores, en un baldío del distrito de José León Suárez, en la ciudad de Buenos Aires. Aparentemente, estos trabajadores habían estado implicados en una conspiración organizada al interior del ejército por los generales peronistas Valle y Tanco, contra el sector militar antiperonista que había tomado el gobierno por medio de un golpe de estado auto-denominado "Revolución Libertadora." El fracasado contragolpe, debía haber tenido lugar la noche del 6 de junio. A raíz de ese intento de insurrección militar, Valle será sentenciado a muerte y ejecutado el 12 de junio del año en curso; y los trabajadores en cuestión fusilados clandestinamente.
La narrativización de este homicidio recupera los rasgos formales que caracterizan un suceso (página de suceso, o caso) según la clasificación usada por Roland Barthes, en su estudio "Estructura del suceso."3

Prácticamente habitual en la literatura argentina, Operación masacre adopta características del suceso: la repetición y la multiplicación del relato, además de su inserción en una serie negra.4 En esto, Rodolfo Walsh revela una constante de la literatura argentina en lo que concierne a la muerte política y su vínculo con la memoria colectiva, y con su imaginario social. Este relato veinte años más tarde se constituirá en modelo de una nueva práctica cultural relacionada también con el suceso y con el periodismo: la prensa de izquierda peronista. En un principio Operación masacre se articula como un panfleto: "un tremolar de hojitas amarillas" al margen del periodismo oficial. Semana tras semana aparecerán en forma de circulares sin firma los detalles del juicio. De pronto esas hojitas amarillas alcanzarán "millares de manos anónimas," y serán sometidas a una serie de transformaciones que culminarán en libro. Operación masacre deviene libro en un período de unos quince años, desde 1956 hasta 1971. Al distinguirse poco a poco de la crónica periodística, entra en el circuito de la literatura argentina para constituirse en un texto conflictivo y seductivo a la vez.
De esta manera nos enfrentamos a un texto que se presenta como un conjunto cambiante de formas según las circunstancias históricas de
enunciación. El relato al asumir nuevas formas, adquiere también nuevos sentidos que modifican la perspectiva enunciativa, y a su vez, ésta transforma la recepción del texto.
Antes de la primera edición aparece en revistas de carácter político: Propósitos, Revolución nacional y Mayoría? Después, el material periodístico se organiza en libro que pasará por tres ediciones: la de 1957, 1964, y la tercera de 1969. Esta, que se considera la definitiva sufrirá, no obstante, transformaciones. Al cabo de la tercera edición el relato traza la trayectoria de una serie de acontecimientos vinculados al peronismo desde la matanza de estos pobladores barriales asociados con el golpe de estado anti-peronista, hasta la ejecución del General Aramburu.
El pasaje de página de suceso periodístico a libro supone una serie de transformaciones en el cuerpo del relato, y más particularmente, en
los elementos paratextuales. Examinaremos dos de ellos: el prólogo y el apéndice de 1971 por ser indicadores de la construcción del héroe
revolucionario. También porque el prólogo y sobre todo el apéndice permiten observar la relación que existe entre el suceso como estrategia
narrativa y el peronismo. El prólogo es el que hace entrar Operación masacre en el circuito de la literatura. Como paratexto constituye uno de los lugares privilegiados de la dimensión pragmática de una obra, es decir, de su acción sobre el lector. En él observamos dos momentos del fenotexto que aparecen explicitados en la tercera edición. Primero, la historia de su propia escritura, o sea, el periplo de la redacción del relato, y segundo, la construcción del verdadero héroe del relato, que se diferencia del héroe de la relación cronística.
En el prólogo se mencionan todas las dificultades de orden político e institucional de que fuera objeto la publicación del homicidio de los
trabajadores. El narrador deja constancia de los dos momentos de la gestación del texto: primero encuesta, luego relato. Consecuentemente, dos figuras se esgrimen: la del periodista que denuncia y la del escritor que introduce el peronismo en la redefinición de lo nacional en la literatura de los argentinos. El proceso de redacción de la obra se inició como el relato de un caso judicial abierto por un sobreviviente, Livraga, y fue simultáneo al juicio. De ahí que debió incluir toda suerte de  paratextos: anejos, corolarios, desmentidas y respuestas que han hecho durar la redacción no sólo hasta 1971, sino que después de la muerte del autor la manipulación continuó con el último agregado hasta la fecha: Carta abierta de Rodolfo Walsh a la junta militar incluida por el editor en la reimpresión de 1984, después del levantamiento de la censura oficial impuesta por el gobierno de la junta militar del "Proceso de Reorganización Nacional."
En el prólogo asistimos a la construcción del héroe revolucionario: "Hay un fusilado que vive" es el oxímoron que opera la ruptura lógica
del relato. La figura del periodista, narrador y al mismo tiempo personaje, está presente a través del uso de la primera persona. Si el
cuerpo textual relata los acontecimientos políticos, el prólogo, por el contrario, relata la historia de la encuesta, centrándose en las vicisitudes del periodista. De esta manera, el periodista se constituye en el héroe que busca desenmascarar la mentira institucional. ¿Qué se sabe de él? Aprendemos que él estaba en un café de la ciudad de La Plata donde se entera del fusilamiento. A partir de ese momento, no descansará hasta reconstituir el acontecimiento. Se agrega entonces, a la odisea del fusilamiento, la del periodista en busca de la verdad. La conciencia de heroísmo se expande también a varios personajes. A los implicados que deciden denunciar el caso: "un hombre que tiene coraje," Livraga, para dejar publicar la demanda judicial que lanzara contra el jefe de policía Fernández Suárez. El heroísmo adquiere también la forma de otro hombre que tiene coraje: el editor, y de una mujer Enriqueta Muñiz — también periodista que participa con Walsh de las encuestas— que se "compromete enteramente," y que materializarán la primera edición de Operación masacre. El periodista, transformado en héroe vanguardista avanza, colocándose al frente de las gentes del barrio de Saavedra cuyo "coraje civil" alienta al periodista porque éstos no dudan en informarle con los datos necesarios sobre lo que han visto. El enunciador al exaltar sobre todo la actitud heroica de los implicados, particularmente la de Troxler y la de Lizaso, lejos de atrincherarse en la fría objetividad periodística, deja que su subjetividad impregne toda la enunciación.
Además el heroísmo se manifiesta en toda una gama jerarquizada de héroes dentro del relato. Así, Valle, el general a la cabeza del golpe
abortado que desencadena la matanza es elevado al estatuto de héroe en el segundo elemento paratextual que examinamos: el apéndice
"Aramburu y el juicio histórico." Las circunstancias de la enunciación han cambiado; las fechas inscritas en el apéndice así lo indican: 1970. En la reedición de 1971, constatamos que después del epílogo el relato continúa con un nuevo capítulo que borra toda marca de enunciación subjetiva: "Aramburu y el juicio histórico." Este microtexto destacándose por su impresión en letra cursiva sugiere una pista según la cual su pertenencia al relato se hace evidente como un desprendimiento. Este paratexto es crucial para nuestra hipótesis porque se constituye en el vínculo con las revistas de los años setenta. La estrategia enunciativa utilizada en él prefigura el estilo de una nueva práctica periodística, también centrada en los homicidios políticos contra peronistas.
Contra toda apariencia Operación masacre, lejos de ser un suceso concluido con el expediente Livraga en 1957, ha tomado tal amplitud que
continúa abierto todavía en 1970. En 'Aramburu y el juicio histórico" se relata la génesis del secuestro del general Arumburu desde el comienzo, el 29 mayo de 1970, hasta su ejecución, el primero de junio de 1970, por un comando "montonero" llamado Valle. A diferencia del prólogo, la instancia enunciativa, sujeto de la enunciación histórica y de la crónica periodística en "Aramburu y el juicio histórico," excluye toda enunciación autobiográfica. El narrador permanece fiel a su posición de enunciador y proscribe todo lo que es extraño al relato de los acontecimientos.
Aunque nadie hable aquí, si reconstruimos las circunstancias históricas, el "yo" del cronista del prólogo y su ausencia en la tercera persona noreferencial del apéndice, evocan la figura del autor empírico.

Aramburu había sido miembro del gobierno militar que había derrocado a Perón. El enunciador hace asumir a éste la responsabilidad
de la ejecución del general Valle, o sea, se mata a Arumburu como un acto simbólico para restablecer la justicia por la muerte de Valle. Este apéndice es novedoso porque inscribe el discurso de la guerrilla urbana peronista, indicando así la trayectoria ideológica del peronismo, desde 1956 a los años setenta, incluyendo la trayectoria ideológica de Walsh mismo.
En este apéndice el tratamiento de la muerte nos remite no sólo al pasado sino al futuro porque anticipa las eventuales transformaciones
del peronismo, específicamente, la lectura socialista que la juventud peronista hace en la década del setenta. Su novedad también reside en
el hecho que la literatura sirve como punto de referencia, entrando en la disputa ideológica. La muerte de Aramburu está vinculada con otra muerte célebre, la de Evita Perón. Debemos señalar que el comando montonero "Valle" ejecuta a Aramburu como resultado de una respuesta negativa al pedido de rescate del cadáver de Evita. En efecto, el comando exigía el regreso al país de este cadáver, que había sido arrancado del país por los instigadores de la "Revolución Libertadora." El mismo se había transformado rápidamente en objeto simbólico del peronismo prohibido.
El estrecho lazo entre lo político y lo literario apunta a cuestionar lo que se entiende por nacional en relación al peronismo. En el apéndice se elige a Ernesto Sábato y su novela Sobre héroes y tumbas para establecer la sustitución siguiente: Aramburu, asesino de Valle como "Lavalle, asesino de Dorrego." Y aún otra sustitución es posible: la virulencia extrema del conflicto político presente por la del siglo XIX (tiranía de Rosas, acción de los caudillos). En este sentido, las ejecuciones de Operación masacre refuerzan una práctica política fundadora de uno de los rasgos de la identidad literaria argentina: la del caudillo asesinado.
En este panteón necrofílico, la figura potente del caudillo Facundo sigue ensombreciendo el imaginario argentino, sugiere Enriqueta Ribé.6 Cabe entonces preguntarnos cómo es posible que el homicidio político se haya convertido en uno de los rasgos de identidad nacional literaria. No olvidemos tampoco que el primer relato nacional, El matadero (1837) evoca por su título mismo muertes sangrientas. En otras palabras, esta productividad textual nos lleva a interrogarnos acerca de la seducción de un texto artístico construido sobre la repetición de un suceso sangriento.

Operación masacre retoma así la serie necrofílica apoyándose en los rasgos formales del suceso al dramatizar el homicidio de una manera
espectacular.


Las revistas de la izquierda peronista. Del suceso a la guerra popular


El recuerdo de aquel "tremolar de hojitas amarillas" sigue presente prácticamente 35 años más tarde y se instituye en el modelo de revistas
tales como El descamisado, Militancia, Causa peronista, El mundo, Ya y Hombre Nuevo. El homicidio descrito en Operación masacre permanece en la memoria colectiva como uno de los primeros asesinatos antiperonistas.
Estas revistas que proliferan entre 1973 y 1975 hacen una glorificación y mistificación de la muerte. Peter Waldmann sostiene que
en ellas se cultiva el culto a la violencia semejante al modelo nazista o estalinista. La mayor parte de los casos de asesinatos que ilustran se
reducen al tipo de simulacro terrorista de estado. Estas revistas son importantes por su valor documental y testimonial; incorporan además sectores sociales desfavorables y relegados hasta entonces por la prensa institucional.7 Ellas retoman como su modelo implícito: Operación masacre, la estructura del suceso. Las víctimas son elevadas al estatuto de héroes y es frecuente leer "El fue matado por peronista." Estos homicidios están también vinculados al peronismo.
Frente a la objetividad metodológica del enfoque sociológico del ensayista Waldmann, la verdad científica a la que apunta tiende a
eliminar todo misterio y a no ofrecer una explicación sobre el porqué de determinadas figuras de identidad en la construcción del imaginario colectivo. Al contrario, desde la perspectiva del suceso, obtenemos una interpretación que en lugar de evacuar el misterio lo restablece en toda su ambigüedad, manteniendo la indeterminación entre lo inteligible y lo irracional. Estos relatos de muertes de gente ordinaria transformados en héroes nacionales, al igual que otros gestos simbólicos tales como el robo del cadáver de Evita Perón, la mutilación del cuerpo de Perón (sus manos cortadas), el retorno desde Inglaterra, después de más de un siglo, de las cenizas del cadáver de Rosas en 1989, por decisión del presidente Saúl Menem, por no mencionar sino los actos más sobresalientes y recientes,8 ilustran claramente la función social de ciertas prácticas culturales y políticas alimentadas por el suceso.
Ángel Rama, siguiendo los estudios de Antonio Gramcsi sobre la cultura nacional, se interesa en la obra de Walsh como producto cultural
de la "subcultura dominada" que penetra y entra en conflicto con la cultura hegemónica.9 En este sentido Operación masacre, al igual que los dramas policiales del siglo XIX, cuya manifestación más elocuente, comenta Ángel Rama, es la producción folletinesca de Eduardo Podestá, particularmente Juan Moreira, satisfaría los reclamos de justicia de los sectores populares frente al aparato judicial y policial. Consecuentemente, señalamos la relación que existe entre Operación masacre y las revistas mencionadas con el suceso como forma narrativa privilegiada de prácticas subculturales. El homicidio político al adoptar rasgos del suceso refuerza su naturaleza subcultural.
El suceso como relato ocupa un espacio peligroso: entre la prohibición y la sumisión. Con el anonimato del héroe, la infamia
alcanza la eternidad, nos sugiere Foucault.10 Los muertos de Operación masacre como los de estas revistas refuerzan el deseo de justicia de los sectores populares. Los valores invocados por los peronistas, de justicia social, coraje y lealtad, pasan a ser incorporados en el imaginario. El deseo de justicia no satisfecho inconscientemente rechaza estas muertes como irrevocables. La glorificación y mistificación de los homicidios políticos se instituye como una modalidad que enfrenta la prohibición y la represión política. Este rechazo en el plano simbólico dentro de las construcciones imaginarias, transforma a estos muertos en elementos de identidad incorporados al imaginario. Los muertos de Operación masacre y los de las revistas ocurrieron bajo condiciones socio-políticas semejantes: en momentos de crisis, desaparición y prohibición: la prohibición del peronismo en 1956, primero y luego en 1976. Este hacerdecir se construye e instituye en elemento de identidad que llena el vacío dejado por la prohibición. Entonces, la irracionalidad de los homicidios suprimida en el plano consciente, es rechazada en el plano pulsional.
Los intelectuales involucrados en las revistas, nacidos durante el período de proscripción del primer peronismo, y en principio antiperonistas como Walsh, luego se hacen peronistas, apoyando así las revindicaciones sociales de los sectores populares.
Este tratamiento del homicidio político pone en evidencia el estrecho lazo que existe entre el peronismo y el suceso. Para ciertos sectores
sociales argentinos, particularmente los militares, el peronismo es visto como un fenómeno irracional, un tipo de culto religioso. El epígrafe de William Cooke al comienzo de nuestro trabajo así lo ilustra. El misticismo que el peronismo genera deberá ser tenido en cuenta para un
estudio de la conciencia colectiva. En los sucesivos períodos de gobierno peronista fue y es aún posible encontrar en las casas de trabajadores
peronistas fotos de Evita y de Perón colocadas junto a otros santos sobre el pequeño oratorio familiar. Era también frecuente escuchar en las
manifestaciones populares estribillos del tipo: "Mañana es San Perón, que trabaje el patrón."11 La evolución política de la Argentina contemporánea depende en gran medida de las transformaciones del peronismo, y este régimen ha permanecido siempre muy cerca de las demandas sociales de los sectores populares.
José Pablo Feinman en La astucia de la razón (1990) reflexiona sobre este fenómeno a partir de la posición peronista de William Cooke, quien confirma los vínculos del peronismo con el suceso al afirmar que para los sectores militares el peronismo es un hecho maldito e irracional.
Operación masacre y las revistas mencionadas se inscriben en este fondo de batalla interna en torno al peronismo. Esta práctica cultural al adoptar rasgos del suceso comunica a la historia sus muertos sacrificiales y gloriosos.

 

Notas
1 Noé Jitrik, Las armas y las razones. Ensayos sobre el peronismo, el exilio, la literatura (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1984) 193.
2 Rodolfo Walsh, Operación masacre (Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1984). Las citas que aparecen en el artículo corresponden a esta edición.
3 Roland Barthes, "Estructura del suceso," Ensayos críticos (Barcelona: Seix Barral, 1966) 225-236.
4 Michel Sailhan, "Series noires," Autrement, faits divers 98 (avril,1988): 69-87.
5 Propósitos publica la denuncia de Livraga el 23 de diciembre de 1956; Revolución nacional, y Mayoría publican entre el 27 de mayo y el 29 de julio de 1957 nueve artículos breves de Walsh. Para un estudio detallado de este aspecto véase Rita De Grandis, "Le rapport á l'institution. Un exemple argentin. Stratégies de fictionalisation," Imprévue, y "La escritura del acontecimiento. Implicaciones discursivas," Nuevo texto crítico (en prensa).
6 Enriqueta Ribé, "Barranca Yaco, literatura, acontecimiento e historia," Revista de Letras 2 (septiembre, 1990) 38-42.
7 Peter Waldmann, "Anomia social y violencia," Argentina hoy, comp. Alain Rouquié (México: Siglo XXI, 1982) 206-249.
8 Tomás Eloy Martínez, "La necrofilia argentina," Fin de Siglo (noviembre, 19925-9).
9 Ángel Rama, "La narrativa en el conflicto de las culturas," Argentina hoy, comp. Alain Rouquié (México, Siglo XXI, 1982) 249-279.
10 Michel Foucault, Moi, Fierre Riviére, ayant égorgé ma mere, ma soeur et monfrére, (París: Gallimard/Julliard, 1973).
11 Jean Touchard, La République Argentine (Paris: Presses Universitaires de France, 1949) 56.

 

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