Comunicación y golpes de Estado: la autocracia al poder

Comunicación y golpes de Estado: la autocracia al poder

Juan Carlos Bergonzi
Revista de la Facultad 12, 2006

 

Las rupturas al orden institucional, por conducto del golpe de Estado en la Argentina fueron prologadas por visibles intervenciones de los medios de comunicación social. La secuencia de las interrupciones constitucionales se inicia, en el siglo XX, con la destitución de Hipólito
Yrigoyen. La modalidad golpista se constituyó en un fatal remedio para resolver crisis y emergencias en la Nación.
Uno de los golpes de Estado, que revela una marcada intervención comunicativa, fue el que concluyó con el derrocamiento del presidente radical Arturo U. Illia en 1966. El análisis político-comunicativo de esa destitución revela aspectos que fueron, en la década de 1960, novedosos en materia de operaciones mediáticas destinadas a alterar el estado de derecho, e instalar dictaduras.
Se inició entonces una nueva era dentro del periodismo argentino.
En un marco político denominado “golpe de Estado permanente”, y con un contexto internacional propicio, la caída de un presidente tuvo su resonancia mayor en la utilización de medios impresos con fuerte llegada a sectores medios de la sociedad nacional.

 

Communication and military coups:


The disruption of institutional order after the military coup in Argentina continued by means of the intervention of the mass media. The sequence of institutional interruptions started in the 20th century with Hipólito Yrigoyen´s deposition. This methodology of obtaining
power became a fatal remedy to solve crisis and problems in the nation.
The coup that reveals a significant communicative intervention was the one that ended up in the deposition of the radical president Arturo Illia in 1966. The politicalcommunicational analysis of this deposition reveals aspects that were, in the sixties, novel as to media operations oriented to altering the government of laws and imposing dictatorships. This marked the beginning of a new era in Argentinean journalism.
Within the political framework of "permanent coup" and with an adequate international context, the fall of a president had its impact in the press which middle class society had access to.

 

Golpismo. Comunicación. Historia.


El derrocamiento del presidente Illia, el 28 de junio de 1966, significó, desde la perspectiva de la comunicación social, un momento de cambio en la historia del periodismo argentino. Los golpes de Estado desde aquel que concluyó con el gobierno constitucional de Hipólito
Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930, fueron prologados por despliegues informativos de gran magnitud. 1
Conviene aquí formular una advertencia: los golpes de Estado registran su génesis a fin de la tercera década del siglo XIX con el derrocamiento del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego, fusilado posteriormente por el general Lavalle. Esto ocurrió en diciembre de 1828 y la decisión de atentar contra el gobierno popular de Dorrego estuvo influenciada por conspicuos
miembros de la oligarquía bonaerense.
Para los mensajes persuasivos al rebelde Lavalle se utilizaron cartas, no públicas, redactadas por hombres de leyes que aconsejaron fusilar al mandatario destituido. No hubo ni juicio ni posibilidad de defensa para el vencido. Los corresponsales sugirieron la muerte del derrotado
con frases tales como “prescinda del corazón en este caso”, “nada queda en la República para un hombre de corazón”; “un hombre de genio”, debe tener “la firmeza necesaria para prescindir de los sentimientos y considerar, obrando en política, todos los actos, de cualesquiera naturaleza que sean, como medios o desvían de un fin”. (El fin justifica los medios).
El golpe de diciembre de 1829 se había consumado. A los autores de esas misivas que penetraron en la febril mente de Lavalle, la historia nacional los nombra con respeto. En ese entonces la Argentina comenzaba a formarse. 2 La definición de este golpe, su triunfo definitivo,
se logró con la muerte por la pena capital de un gobernante. Los preludios comunicativos fueron epístolas firmadas con un solo y permeable destinatario apto para soluciones alejadas de las prescripciones establecidas en las normas.
Este episodio resuena como un anticipo de programación de los golpes de Estado en Argentina, según el historiador y sociólogo francés Alain Rouquié.3 A lo largo de los últimos setenta años de vida nacional, los quiebres al orden institucional han contado con la opinión complaciente de gran parte de la sociedad civil. 4 La posibilidad de deponer al gobierno sin derramar sangre, mediante la Asamblea Legislativa, la Corte Suprema de Justicia, o un llamado anticipado a elecciones nacionales no se ha considerado con la suficiente madurez
cívica. La deposición del poder político: “el punto clave” dentro del carácter de la democracia, como señala Karl Popper5 al reflexionar sobre las enseñanzas que dejó al mundo el siglo XX.
Comentamos este hecho del siglo XIX para configurar una idea de los ciclos de la historia y sus repeticiones, cursos y recursos, corsi e ricorsi de los que habló Giambattista Vico.
Pasada la euforia de la destitución, los golpistas muestran sus intenciones íntimas, no confesadas, que los llevaron a tomar decisiones que produjeron heridas profundas y secuelas en el sistema democrático y, naturalmente, en el cuerpo social.
Grandes sectores de la sociedad admitieron el discurso rupturista y, atribulados por el desencanto de las frágiles democracias, abierta o implícitamente, otorgaron avales a los cambios autoritarios creyendo en lo irremediable de las circunstancias.
La mirada sobre la expulsión del Presidente Illia, hace cuarenta años, revela, tal vez, uno de los casos arquetípicos de combinación de factores, todos ellos atravesados por el sostenido protagonismo militar de esa época.
La enfermiza vinculación de sectores económicos, sindicales, partidarios, decididos a no facilitar la construcción democrática en la década de 1960, creó un estado de ansiedad y de revancha, ambiente adecuado para aplicar una salida no convencional.
Analizar la interrupción a la presidencia Illia, transcurridas cuatro décadas, exige un esfuerzo para dimensionar,en el contexto de los sesenta, el porqué de la conspiración y la participación planificada de ciertas organizaciones de comunicación social.
De acuerdo con Alain Rouquié, un grupo de oficiales del ejército encargó, en medio de un marco político que denominó “golpe de Estado permanente”, la fundación de una revista. Tratarían, a través de un medio moderno y atractivo, de crear una imagen de elegidos
con nuevas ideas sobre qué hacer en la Argentina, a menos de diez años del cruento derrocamiento de Juan Domingo Perón.
Los oficiales pertenecientes al sector “azul” habían disputado con los “colorados” la supremacía política dentro del “partido militar” en sucesivos enfrentamientos.
Unos se inclinaban por una aparente constitucionalidad. Los segundos, por una irreductible negación al levantamiento de la proscripción del justicialismo. 6 La actuación equívoca de la dirigencia política, los pactos electorales como el de Perón con Arturo Frondizi,
la influencia y participación del radicalismo en uno y otro sector militar fueron variables, entre otras, que permitirían impulsar un proyecto “refundacional” para la República. El peronismo proscripto desde 1955 y el vínculo de la clase obrera con el líder fundacional en el exilio, no representaron barreras culturales o políticas a considerar por los estrategas del nuevo modelo de república.
Los civiles, en este programa de sepultar el modelo de consensos, de libre elección de autoridades de gobierno, fueron visibles en la integración de los sucesivos gabinetes del oscuro general que ocupó el cargo de presidente de la Nación, por la autoproclamada “revolución
argentina”. Una dictadura por tiempo indeterminado, como señala Tulio Halperín Donghi en La larga agonía de la Argentina peronista.7

 

-------------------------------------------------

1 Véase a Bergonzi, Juan Carlos (2000) Golpe de Estado y Comunicación Social. La mirada del diario La Nación frente a la ruptura institucional de 1976. Tesis de Maestría en Facultad de Ciencias de la Comunicación. Universidad Autónoma de Barcelona. España.

2 Feinmann, José Pablo (1999) La sangre derramada. Ensayo sobre la violencia política. Buenos Aires. Espasa Calpe/Ariel. Pp.
166-69. Terragno, Rodolfo (1985) Memorias del presente. Buenos Aires. Editorial Legasa.pp.287-289

3 Rouquié Alain (1982) Poder Militar y sociedad política en la Argentina.T. II . 1943-1973. Buenos Aires. Emecé. Pp. 244

4 El golpe de Estado en Brasil, en 1964, que destituyó al presidente Jao Goulart y en 1966, al presidente Arturo Illia en Argentina,
fueron inspirados en la teoría del “golpe de estado permanente” y en la sustitución de la democracia formal por la autocracia.
Recuérdese que en esa década la Alianza para el Progreso, surgida bajo la presidencia de John F. Kennedy no facilitó el desarrollo
de las autonomías en América del Sur.

5 Popper, Karl (1998) La lección de este siglo. Con dos charlas sobre la libertad y el estado democrático. Buenos Aires. Temas Grupo Editorial, pp. 109.

6 Se denomina Justicialismo a la doctrina sustentada por el Partido Peronista o el Movimiento Nacional Justicialista como se denominó
luego de su caída en 1955. El Peronismo o Justicialismo suelen utilizarse como sinónimos. El Peronismo asumió el gobierno constitucional en la Argentina en 1946 y su gestión llegó hasta  1955. Modificó radicalmente el panorama político del país dando voz y voto a los sectores
populares que no habían tenido representación de sus intereses.  No obstante haber desarrollado una política económica con fuerte
influencia del Estado no logró transformar la estructura económica de la Nación. Véase Garvie, Alejandro (2002) La Economía
Peronista. 1946-1955: los límites de la voluntad.. Buenos Aires. Longseller.

7 Halperín Donghi, Tulio ( 1994) La larga agonía de la Argentina peronista. Buenos Aires. Espasa Calpe. Ariel. P.94

 

Bajar nota completa archivo pdf