Sudestada Nº 36

 

José Pablo Feinmann: "¿Cómo puede ser que el filósofo más importante del siglo XX haya sido nazi?"

Por Maximiliano Martínez, Martín Latorraca
Fotos Romina Quintana

¿Quién se acuerda de los ideólogos de los asesinos? ¿Qué libros leían los genocidas? ¿Qué grises páginas se transforman en historia sangrienta, con el tiempo? Un polémico José Pablo Feinmann conversó con Sudestada acerca del desafío de crear una ficción basándose en los lazos entre el filósofo Martin Heidegger y el nazismo.


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La violencia a lo largo de la historia. El nazismo como el desenlace más trágico de esa constante. El poder, que para llegar a constituirse ejerce, de una u otra manera, violencia. Todos puntos incómodos que deben repensarse constantemente para buscar una alternativa de cambio posible en el mundo capitalista. Para este análisis Sudestada compartió una extensa charla con el ensayista y novelista José Pablo Feinmann, que prepara su nueva novela, El desierto crece, sobre la relación del filósofo Martin Heidegger con el nazismo.

Como filósofo ¿qué es lo que te apasiona de este tema?

Tiene para mí la enorme pasión de la relación del intelectual con el poder. También es curioso que la novela me haya surgido simultáneamente en el 2003, cuando a raíz de una nota mía Un flaco como cualquier otro, me llama el vocero de Kirchner para decirme que quería hablar conmigo porque quedó muy contento con esa nota. Claro, ni él era Hitler ni yo Heidegger; ni él era Rosas ni yo Alberdi. Hay otras relaciones importantes, digamos, Lugones-Uriburu, Jauretche-Perón, aunque Perón nunca tuvo a nadie debido a su tremenda soberbia. Se creía efectivamente Dios, jugaba a ser Dios, entonces para qué iba a necesitar un intelectual a su lado. El origen es que por primera vez tengo una relación con el poder, ahí veo yo la simultaneidad de un hecho de mi vida y un hecho literario. En lo personal, plantee una relación de entera libertad, si no voy a dejar de ser quien soy y de ser quien a él le gustó leer. Eso no le pasó a Heidegger. Entonces surge la gran pregunta del siglo XX, la gran pregunta de la filosofía: ¿cómo puede ser que el más importante filósofo del siglo XX haya sido nazi? Es un tema infinito, que me reventó la cabeza. Esto ensayísticamente se trató, filosóficamente se discute, pero en una novela no voy a tener por qué jugarme tanto en lo conceptual. Pero como la cuestión me parece tan infinitamente compleja, creo que es más rico abrirse hacia el relato que quedarse en documentos y fechas. Por otro lado, cuando hace unos años Gallup hizo una encuesta a nivel mundial y preguntó quién era el hombre del siglo, salió Hitler. Entonces tenemos dos elementos: el político del siglo es Hitler y el filósofo es Heidegger. Entonces, ¿qué juicio nos merece el siglo XX y cuál la condición humana? Más aún cuando el siglo XXI pareciera ahondar las cuotas de horror.

¿Por qué pensás que se llegó a algo tan demencial como el nazismo?

Eso lo pensé siempre muchísimo. Te lo resumo en cinco puntos. Primero: Alemania pierde la Primera Guerra Mundial y, según los nacionalistas, se rinde sin luchar por la cobardía de los socialdemócratas, los políticos y los mercaderes judíos. Segundo: hay que recuperar el orgullo alemán humillado por el Tratado de Versalles. Tercero: para eso hay que darle a Alemania un lugar en la centralidad del mundo. Cuarto: somos los únicos que podemos darle un sentido a la lucha de occidente contra el bolchevismo. Porque el nazismo es la reacción del capitalismo frente a la revolución rusa. Y quinto: Alemania ha sido conducida a la ruina de las clases medias por la voracidad de los mercaderes judíos que con su inteligencia diabólica tan superior a la del inocente ciudadano alemán, se han robado toda la riqueza del país. Y les agrego un punto extra: hace falta un Fuhrër que rescate a Alemania de este abismo.

Fíjense que el nazi es un racismo muy especial, que no desdeña a aquellos a los cuales decide eliminar, es decir, los sudafricanos desdeñan a los negros. Los nazis dicen “tenemos que eliminar a los judíos porque intelectualmente son superiores, por eso son tan peligrosos”. Es como cuando los regímenes de derecha salen a matar ideólogos, como cuando Videla sale a matar seres demoníacos, pero infinitamente inteligentes.

Hablando de Argentina, ¿por qué marcás que nuestra historia surge como ficción y está permanente atravesada por la violencia?

La historia, o ficción argentina podemos decir, sin exagerar, surge con el Plan de operaciones de Mariano Moreno, que es un gran texto literario, pero a la vez muy sanguinario. Hay un momento en el que Moreno dice “a muchos asustarán mis voces tan semejantes a la de los caribes y a la de los caníbales, pero para construir un Estado hay que derramar ríos de sangre”. Es un texto jacobino y sanguinario. Después, el texto literario clásico es El matadero, que recién se publica en 1874, pero que Echeverría escribe en la década del ’30 contra Rosas y donde el elemento sobresaliente es la sangre. La primera novela argentina es La novia del hereje de Vicente Fidel López, pero que no vale mucho. Luego, Sarmiento publica el Facundo; o sea todos textos sobre la violencia. Después en Borges y Bioy Casares está La fiesta del monstruo, que es una parodia antiperonista de El matadero. Nos puede llevar horas hablar de textos sanguinarios, En la sangre, de Cambaceres que termina con un harakiri del protagonista; aunque yo creo que el texto que más influye es el Facundo. Es una teorización del exterminio del gauchaje: “el gaucho pertenece a la naturaleza, no al espíritu; el gaucho no es humano, es lícito matarlo”...

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº 36