Revista Ñ - 21 de Enero de 2009

 

ENTREVISTA JOSE PABLO FEINMANN ESCRITOR

"Aramburu ya quería hacer un trato serio con el peronismo"

En pocas semanas publicará Timote, una novela para la polémica sobre el secuestro y asesinato de Aramburu en manos de Montoneros.

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TENSIÓN DRAMÁTICA. "Abal Medina se compromete más de lo conveniente con el hombre que va a matar."

 

La filosofía y el barro de la historia, un libraco de más de ochocientas páginas, editado por Planeta, ya vendió casi diez mil ejemplares. José Pablo Feinmann también está contento porque su ciclo de filosofía en televisión, que se emitió por el Canal Encuentro, tuvo muy buena recepción. Y ya grabó la continuación de las charlas que se reanudarán en marzo. "Voy a hablar nada menos que de Heidegger, Sartre, Foucault y los posmodernos".

Pero lo que ahora desvela al autor de Ultimos días de la víctima, es su nueva novela, Timote, que narra el secuestro y mu erte del teniente general Pedro Aramburu, que fue ejecutado en 1970 por la organización guerrillera peronista, Montoneros. El libro saldrá en los primeros días de marzo, publicado por Planeta. La primera tirada será de ocho mil ejemplares.

—¿Qué es Timote?

Es una novela que narra el secuestro y muerte de Aramburu, acción realizada por Montoneros, entonces bajo el mando de Fernando Abal Medina. Esencialmente, narra los diálogos entre Fernando y Aramburu, los dos católicos, en el pueblo de Timote, en la estancia "La Celma", que pertenecía a la familia de Gustavo Ramus, uno de los fundadores de Montoneros. Y muchos de esos diálogos giran en torno de Dios. Se preguntan si Dios los mira, si Dios los juzga, si Dios se interesa por las cuestiones de este mundo. Incluso cada uno de ellos, a su manera, hace sus oraciones, y después discuten sobre todo.

—¿Usted se basa en alguna documentación?

No hay documentación, es pura ficción. La única documentación es lo que dijo Firmenich a la revista "La Causa Peronista". Ni siquiera puedo tener en cuenta el testimonio de Norma Arrostito, pues ella negó haber participado en ese reportaje que publicó la revista montonera. La declaración de Firmenich me favorece, porque a él mucho no le van a creer. Lo que dice, además, es poco. El relato de Firmenich lo deja bien parado a Aramburu, y eso me vino muy bien porque yo retrato a un Aramburu muy digno.

—¿Por qué cree que el relato de Firmenich deja tan bien parado a Aramburu?

Por lo que se ve, se nota que lo respetaron. Lo dejan bien parado en cuanto a su dignidad, es un hombre que demuestra no haber tenido miedo. Creo que si Firmenich decía en ese relato que Aramburu tuvo miedo, hubiera resultado muy indignante para la parte de la sociedad que apoyaba al militar. Es muy cruel denigrar a alguien que está muerto. Lo que yo hago no es sólo mostrar que no tuvo miedo, sino que, además, tiene un alto nivel de discusión dialéctica, de enfrentamiento socrático dialéctico, digamos, con Abal Medina, que era un pibe muy joven, muy educado.

—¿Cuál es el escenario principal de la novela?

La estancia "La Celma", donde Aramburu es juzgado. Abal Medina, para su sorpresa, se compromete más de lo conveniente con el hombre al que va a matar, y esto para el que tiene que matar a alguien es muy difícil porque si vos hablás con tu víctima, lo mirás a los ojos, conocés sus ideas más profundas, después se hace muy dificultoso tener que matarlo.

—¿Qué participación tienen en la novela Firmenich y Ramus?

Están en un segundo plano porque el jefe ahí es Fernando Abal Medina: él es el que va a asumir la tarea de matar a Aramburu. Lo que se agita a lo largo de la novela, es la gran pregunta ¿ se trata de un asesinato o de un ajusticiamiento? Para Aramburu será un asesinato. Para Fernando se trata de justicia popular "porque el pueblo peronista quiere que usted muera". Abal le dice a Aramburu: "No se haga ilusiones. Mañana, cuando se enteren de su muerte, va a haber fiesta en todos los hogares pobres". Lo cual era bastante cierto. Popularmente, se festejó la muerte de Aramburu. A mí, en cambio, me preocupó muchísimo, pero yo no era obrero. Pero reconozco que hubo fiesta en los hogares pobres, bailaban en las calles. Pero Aramburu les dice: "¿De dónde sacaron que ustedes representan al pueblo? ¿Les dijeron en una asamblea vayan y maten a Aramburu?" En ese momento, Aramburu estaba en una jugada muy interesante: voltearlo a Onganía y abril el juego al peronismo. Y esto es lo que le reprocha Montoneros. Ellos le dicen: lo que usted quiere es un peronismo de traje y corbata, usted quiere integrar el peronismo al régimen. Lo que quiere Aramburu son elecciones con el peronismo. No te puedo decir si llegaba al extremo de aceptar la candidatura de Perón. Pero Aramburu, mucho más temprano que Lanusse, y antes de que la guerrilla tomara tanto vuelo, ya quería hacer un trato serio, abierto, con el peronismo. Y esto hubiera evitado mucha sangre porque entre el 70 y el 73, el desarrollo de la militancia y de la guerrilla fue muy grande.

—¿Qué opinión le merece hoy Aramburu, después de 39 años?

Para mí hay un Aramburu con una enorme responsabilidad histórica: haber firmado el decreto 4161, que prohibió al peronismo. Ni siquiera se podía pronunciar o escribir la palabra "Perón".Y Aramburu es uno de los responsables de la masacre de José León Suárez en 1956, así como del fusilamiento del general Juan José Valle en la vieja Penitenciaría de la calle Las Heras. Ese decreto, 4161, marcó una Argentina prohibida, sofocada, que finalmente estalló y se cobró su vida en ese oscuro lugar llamado Timote.