Revista Ñ - 13 de Marzo de 2010

 

Los nombres de la masa

Multitud hipermediática, lejos de las pasiones urgentes que caracterizaron al "pueblo", la "gente" es la figura imaginaria que representa el sueño de una multitud homogénea.

Por: Julián Gorodischer
Entrevista-amob
“La gente” es puro presente que se desarrolla en una coyuntura particular.

Con la gente no se jode." Lo dejaron escrito sobre la persiana baja del local de Edesur de un barrio. ¿La gente? Es una suma de individualidades en conflicto que nace y muere apaciguada; es un grupo acotado de personas –con acotación a distrito–, que mantiene activo el ciclo de la compra: garantiza el intercambio de productos y servicios. Es, siempre, un modo productivo de la masa, que mantiene estable la cadena de consumo. Es una teleplatea, referida menos por los diarios que por las pantallas. "Firme junto al pueblo" reivindica, en cambio, Crónica a una multitud más aureada.

Después de un período de condensación de angustia, nunca euforia –porque para acompañar el triunfo deportivo está "la hinchada": masa crispada–, la gente se enoja, y suenan cacerolas. Compañeros, camaradas habían nacido para dejar la vida en la batalla. De la gente eso no se espera: reacciona a la protesta en situaciones extremas, alertada por SMS. Cuando se produce una alteración inhabitual trascendental en el orden del aprovisionamiento o gasto, entonces la gente estalla.

Casada con una coyuntura específica, devenida puro presente, agarrada a un disparador contextual puntual, la gente ignora si tendrá otra oportunidad de protestar. Aunque probablemente, la haya. En una fase previa al estallido, en estado de incomodidad ordinaria, la gente se limita a la intervención de sus componentes individuales: eleva quejas a defensorías, inocua aunque movilizada; a lo sumo, llega a la pintada. En situaciones de máximo estrés, la gente hace valer sus derechos de "cliente", y es replicada con respeto por voceros y gobernantes.

¿Con qué atributos definirla? Se reivindica como usuaria calificada de servicios públicos y privados. Sobre esa base, es referida como votante. Desde el blog de PRO –filial San Nicolás, provincia de Buenos Aires–, se opone gente a "las barras": su contracara. "Pedro tiene dignidad, Pedro está pensando su voto... Con la gente no se jode." (Rechazó –se afirma– una prebenda para asistir al acto del PJ).

Para insertarse con paciencia en el proceso de trámites y gestiones, se la construyó paciente, respetuosa de la trama burocrática en defensorías. La gente es una multitud desconcentrada (desconcertada), cautamente irritada; sus detractores la acusan de irregular y calculadora: "...solamente si les tocan el bolsillo gritan".

La gente ha sido vaciada de retóricas militantes; se confirma funcional al fin de todo gran relato, acotada a la escala de consorcio o, a lo sumo, del barrio.

¿Y el pueblo dónde?

"Todavía se escucha en las manifestaciones políticas de ciudades latinoamericanas: 'Si éste no es el pueblo, ¿el pueblo dónde está?' Esta fórmula resultaba verosímil en los años 70 cuando las dictaduras militares suprimieron los partidos, sindicatos y movimientos estudiantiles... el agotamiento de las formas tradicionales de representación y la absorción de la esfera pública por los medios masivos volvieron dudosa aquella proclama", escribió Néstor García Canclini, en Consumidores y ciudadanos.

Se renueva el stock de derechos y obligaciones disponibles por la organización colectiva de personas. La gente tiene derecho a una información clara, gratuita y oportuna –promocionan los instructivos de defensoría.

Cada vez que la gente compra un bien o contrata un servicio, le deben suministrar información cierta y detallada. La gente se realiza como sujeto colectivo virtuoso que exige facturas de compra y garantías que acompañan a los productos adquiridos, y averigua varias vías para canalizar una denuncia o un reclamo siempre por fuera del sistema judicial/ policial de coerciones posibles.

Si la gente deja una seña o solicita un recibo, que necesitará en caso de denuncia o reclamo, es porque previamente luchó obsesivamente por comprobantes de las operaciones que realiza; no firma documentos que no entiende ni aquéllos a los que le detecta una extraña separación entre renglones. Es desconfiada, levemente paranoica luego de ser azuzada por las consignas de las especialistas que arengan: "Tenés derecho a dar de baja un servicio por el mismo medio que lo contrataste". La gente reacciona.

Raíces

¿Dónde rastrear un origen para la palabra que nombra hoy a las mayorías? "La importancia política y cultural de la revista Gente es inconmensurable –advirtió José Pablo Feinmann–. Acaso hoy atraviese una etapa de oscurecimiento, de inevitable decadencia, pero nada asegura que no retorne a sus mejores momentos, sobre todo cuando la sociedad y su dirigencia la requieran y la aceptan como una esencia de la patria, de vidriera nacional, de espacio insoslayable donde reposan el ser y el sentido... ¿Farandulización de la existencia?, ¿identificación entre sociedad y 'sociedad del espectáculo'?".

Yendo más atrás, hasta la crónica de variedades de Juan José de Soiza Reilly (en recomendable antología que acaba de editar Vanina Escales): "Gentes –escribió el autor de El alma de los perros–... atribuyen a su dinero o su apellido el valor que tienen las multas en las comisarías". Salir en busca del inicio de la identificación de derecho cívico y derecho de consumidor –en tanto ideal universal de realización– exige, quizás, considerar cómo ha influido la oferta creciente de publicidad y productos.

"La principal atracción de la vida de consumo –escribió Zygmunt Bauman en Vida de consumo– es la oferta de una multitud de nuevos comienzos y resurrecciones (oportunidades de volver a nacer)". La inclusión de esa ilusión de individuo autónomo en la realidad colectiva de la decepción y el tedio se produce fatalmente en algún momento: "La estrategia de vida de un consumidor hecho y derecho –sigue Bauman– viene envuelta en visiones de un nuevo amanecer. Para utilizar una metáfora del joven Marx, esas visiones vuelan hacia el fuego como la mariposa, y no hacia el resplandor del sol universal."

Uno de los últimos matices de significación que incorporó la gente cuestiona, sin embargo, los alcances de su "nosotros inclusivo". Desde los estantes de Autoayuda, Gente tóxica, del pastor Bernardo Stamateas, lidera ventas con su propuesta exclusionista. Gente, es también, y por qué no (quizás augurio de su próxima escisión definitiva) un "otros" –plantea el best- séller. "Personas equivocadas que permanentemente evalúan qué dijiste, qué hiciste y por qué. Personas tóxicas que potencian nuestras debilidades, nos llenan de cargas y de frustraciones. ¡No permitas que nadie tenga el control de tus sueños!".

La gente da testimonio constantemente de sus rellenos múltiples: heterodoxa, permeable, versátil o –según el cristal– también hipócrita y acomodaticia. Hasta la gente referida por el pastor Stamateas puede de pronto positivizarse en un conjunto amigable al roce: "Conéctate con la gente correcta –el pronombre neutro deshace divisiones nacionales–; pero no valores ninguna de aquellas palabras o sugerencias que provienen de los tóxicos".

Calma, moderación y retraimiento. Alcance comunal y ruido acompasado a una hora acordada de antemano. "Le pedimos a la gente –decía Rodríguez Larreta, la pasada tormenta– que no cruce las calles ante eventuales anegamientos porque corre riesgo de recibir una descarga eléctrica o de caer en una alcantarilla...". Aun la más callada, licuada, de las masividades disponibles se merece un sino trágico.