DEBATE

JOSÉ PABLO FEINMANN, FILÓSOFO Y ESCRITOR

“El de Rucci es un asesinato contra la democracia”

La polémica desatada en torno del asesinato del ex secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, que desde varios sectores pretende ser considerado como crimen de lesa humanidad, es analizada por el autor de La sangre derramada en esta entrevista.

Por Carolina Keve

 

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La entrevista arranca por teléfono. 
Vio que ahora nuevamente se abrió la polémica en torno al asesinato de Rucci en manos de Montoneros…
Perplejo, José Pablo Feinmann, del otro lado de la línea pregunta:
¿Y quién afirma eso?
El periodista Ceferino Reato en su libro Operación Traviata.
Los Montoneros asumieron el asesinato, pero eso no es lo mismo que afirmar que lo hayan matado.
Reato asegura que tiene pruebas.
¿Cuáles?
Testimonios…
¿Más afirmaciones?

Ya sentados en un bar de Azcuénaga y Paraguay, Feinmann se dispone rápidamente a entrar de lleno en el tema.
Es necesario revisar las interpretaciones. Porque alrededor de la muerte de José Ignacio Rucci sólo hay eso, interpretaciones, pese a que, en el afán por la primera persona, se quiera una vez más hacer pasar a la historia por una sola verdad. ¿Qué se debate con la muerte de Rucci y por qué aparece hoy nuevamente ese debate? ¿Fueron los Montoneros?, ¿y en todo caso qué son los Montoneros?... Otra vez los setenta. Otra vez esa brecha entre verdad e interpretación, realidad y memoria.
Feinmann arranca. “El fusilamiento a Rucci fue el error político más grande que se podría haber cometido, fue un desastre”.
¿Por qué?
Ya había asumido Cámpora y la posición de la mayoría, incluyéndonos a nosotros, era que se debía acabar con la violencia.
¿Cuando dice “nosotros” se refiere a la Juventud Peronista?
Sí. Hace unos días me pasó que un periodista me estaba haciendo una entrevista y me pregunta cuántos años estuve en Montoneros. “Vos estás loco, yo nunca estuve”, le digo. Entonces me responde que el error venía de que le habían martillado la cabeza con que la JP era montonera. Ésa es una de las maniobras que está haciendo el establishment desde hace algunos años para demostrar que toda la juventud peronista fue partidaria de la violencia. Montoneros llega a dominar la JP a finales del 72, con Rodolfo Galimberti, cuando la Juventud se transforma en la Tendencia Revolucionaria del Movimiento Peronista. Es verdad que las condiciones estaban, y que muchos veían a los Montoneros románticamente, pero con este tipo de lecturas falsas se termina tergiversando todo. Se le quita a la izquierda peronista todo eso que tuvo de entusiasmo, de participación. Era una juventud que quería cambiar el país, y no necesariamente por las armas. Acá hay que hacer un corte.
¿A qué se refiere?
Cuando hay un movimiento popular que busca el poder, la violencia puede ser parte únicamente si se enfrenta a un régimen dictatorial. En democracia no hay posibilidad alguna aceptable de violencia. Mientras tuvimos a Onganía, Lanusse, Levingston, incluso a gobiernos democráticos como el de Frondizi o Illia, la violencia tuvo otro espesor, porque eran regímenes que desconocían al pueblo. No había elecciones libres porque ganaba el peronismo. Y esto hay que decirlo. La violencia en la Argentina es culpa del gorilismo, de los militares, de la Iglesia, del establishment y la Sociedad Rural, que durante 18 años proscribieron al pueblo. Sin la posibilidad de la vía democrática, no había otra salida. Los guerrilleros fueron hechos por la ilegalidad del antiperonismo. Si Perón hubiera vuelto no habría habido una guerrilla. Pero lo frenaron en el aeropuerto de El Galeno, en Brasil y  Perón no pudo llegar. Simplemente porque si se presentaba a elecciones, ganaba. Y Montoneros se plantea esto cuando triunfa Cámpora. A diferencia del ERP, que saca un comunicado informando que no van a matar a nadie del gobierno pero sí a empresarios y militares,  la organización empieza a hacer una política de superficie.
Nuevamente entonces la pregunta: si Montoneros mató a Rucci, ¿cuál es la explicación?
No lo sé, el asesinato de Rucci es un asesinato contra la democracia. El fusilamiento de Aramburu ocurre en medio de una dictadura, pero el asesinato de Rucci ocurre a dos días de que Perón ganara las elecciones con el 64 por ciento de los votos. En una entrevista con Felipe Pigna, Firmenich le plantea: “¿Pero cómo no íbamos a matar a Rucci si estaba en contra de Perón?”. Eso es casi canallesco. No sólo estaba con Perón sino que formaba parte del pacto social que Perón quería hacer. Estábamos en un momento donde Perón podría haber hecho un país, si los Montoneros hubieran entendido que tenían que retroceder. Incluso ya se había producido el golpe en Chile, sinceramente no sé qué mierda tenían en la cabeza. Lo que hay que remarcar es la línea que separa estos dos momentos. Hasta allí lo que tuvimos fue una guerrilla que se integró a este movimiento que busca la legalidad, que efectivamente se movía en la ilegalidad pero con un fin: que el pueblo pudiera nuevamente votar a su líder que, nos guste o no nos guste, era Perón. Y hay que señalar la ilegalidad que va del 55 al 73 pero en todas sus dimensiones.  Que ahí haya surgido la violencia es lógico, pero la lucha era contra gobiernos que le negaban su derecho al pueblo. Pensemos en el Cordobazo, con el que estoy plenamente de acuerdo. Ésas son las rebeliones que me gustan, hechas por un  pueblo,  por las bases, por los sindicatos. Pero la violencia individualista de un grupo privilegiado, no.
Bueno, uno de los grandes problemas de Montoneros consistió en cómo fue perdiendo su base social.  ¿A qué se debe?
El ERP siempre estuvo a favor de la violencia sin masas, pero Montoneros intentó una política de masas, porque por algo se hicieron peronistas. Por supuesto que se divorciaron, porque nunca llegaron a entenderlo, nunca entendieron al pueblo peronista. El pueblo peronista era un hijo del estado de bienestar, era un pueblo no combativo, que no adhería a la violencia, que tenía un buen trabajo, un buen salario y vacaciones. Pero Montoneros seguía con el berretín de la revolución de una vanguardia iluminada.
En una entrevista reciente, el ex dirigente montonero Roberto Perdía afirmó que la decadencia de Montoneros comenzó con la masacre de Ezeiza…
No, para mí fue con el asesinato a Rucci, Ojo, hay que aclarar. Montoneros no va a Ezeiza para hacer un enfrentamiento armado. Va, eso sí, a copar el acto, que no es lo mismo que participar.  Pero no fue el responsable de la masacre, la responsabilidad fue de los del palco, del coronel Osinde y sus muchachos. De lo cual creo que es inevitable pensar que Perón tuvo algún conocimiento, pero ése es otro tema. Igualmente, yo creo que fracasan con el asesinato a Rucci. Rucci tenía más masas que Montoneros. Rucci manejaba los sindicatos y los obreros adherían a los sindicatos. La guerrilla nunca concitó al movimiento obrero. Después de la muerte de Rucci, hay una división y hay muchos disidentes. Recordemos a la JP Lealtad, que aparece en medio de la lucha entre Perón y Firmenich, aunque no sirvió para nada porque no había nadie a quien serle leal. Perón estaba ya con López Rega y el comisario Villar, ¿a quién ibas a ofrecer tu lealtad? El proyecto de la Triple A por ese entonces estaba más que adivinado, estaba casi pensado. Porque Perón no se salva de esta historia, o me van a decir que no sabía quién era Villar cuando lo pone como jefe de Policía. Villar venía de la Escuela de las Américas, así que imaginate qué clase de tipo nos puso, un “matazurdos”. Hay un enorme grado de responsabilidad de Perón.
¿Es correcto afirmar que el terrorismo de Estado empezó con el peronismo?
Esa afirmación tiene un piso de verdad, las bandas de la Triple A salían del Ministerio de Bienestar Social. Y no eran cosas que no se sabían. En un número de El caudillo, en 1974, apareció la siguiente frase: “En el sepelio de Perón lo vimos a Ortega Peña, para quien ya tenemos reservada nuestra bala”.  Eso se publicó en la Argentina del 74 y no pasó nada, se  estaba anunciando una muerte en una revista. Y los tipos de la Triple A después pasaron a formar parte de los grupos de tareas. Ahora, ojo con las malas interpretaciones y ojo con los dos demonios. Porque en ningún caso se aplica. La Triple A formaba parte del Estado y no puede de ningún modo parangonarse con una organización de la sociedad civil. La función del Estado es impartir la Justicia. En este sentido, Montoneros nunca pudo haber cometido un delito de lesa humanidad. No sé cómo quieren probarlo. Además, otra cosa que tenemos que tomar en cuenta, Montoneros habrá matado gente pero nunca torturó. El nivel de bestialidad que después asume la dictadura de los milicos no tuvo antecedentes. No obstante, ahora vienen a hablar de delitos de lesa humanidad, y lo peor es que van a hacer todo lo posible por probarlo para echarle mierda al Gobierno, porque detrás de toda esta polémica está eso.
Retomo una pregunta que usted ha formulado alguna vez: ¿qué quiere la derecha argentina cuando le pide autocrítica a la izquierda peronista?
Bueno, yo por ejemplo formo parte de la izquierda peronista y en mi libro La sangre derramada hice tremendas autocríticas, que me valieron un montón de insultos. ¿Qué más quieren entonces? ¿Por qué no toman todas las críticas que se hicieron sectores de la izquierda o no le piden a Mariano Grondona que haga su autocrítica de cuando escribió en Carta política un artículo titulado “Meditación del elegido”, donde planteaba que había que apoyar a López Rega porque estaba haciendo lo que nadie se animaba a hacer? Lo que pasó en los setenta no se puede extender a todos por igual. Ahí hubo decisiones y decisiones tomadas por Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía. Ahora ponen todo en la misma bolsa porque quieren confundir. O, ¿por qué acaso nosotros estamos acá hablando de la muerte de Rucci? Porque es otra de las cosas que quieren tirarle al Gobierno. Hay un afán por determinar que en este Gobierno hay Montoneros asesinos…Y, claro, ya se terminó lo del campo y no queda más que hablar o de la valija o de Rucci. Lo peor de todo es la memoria que queda. Pensemos, estuvo el Holocausto y se condenó judicial y culturalmente a los culpables. Acá tuvimos la represión y, sin embargo, parece que insistimos en demostrar que en vez de treinta mil desaparecidos hubo treinta mil asesinos… No, perdón, Montoneros.

 

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Los días previos al golpe
En Los días previos -un artículo publicado en Página/12 en marzo de 2006-, José Pablo Feinmann ilustraba el momento con la nostalgia y melancolía de un proyecto que no fue, pero también pintando el debate que se abría entonces entre la opción de la política y la opción de las armas. Aquí recuerda: “Sería agosto del 75. López Rega se había ido, lo había rajado Lorenzo Miguel y creíamos en una posibilidad de volver a hacer política. Ahí teníamos dos alternativas: o la política o los caños. En ese momento, pensamos que se había frenado la matanza. Y decidimos reunirnos. Horacio González entonces dijo de hacer un asado en la Unidad Básica de Flores,  que manejaba él. Era una noche de primavera y caminabas por la calle y ya sentías el olor de esa choriceada y pensabas entonces que todo podía ser posible de vuelta. Que volvía el debate, la discusión, pero no la muerte.Me acuerdo que Horacio había puesto un cartel en la puerta que decía: “La patria es un miedo que nos gusta’. Él se la atribuyó a Leopoldo Marechal pero estoy seguro de que era de él. Y después vino un grupo folclórico a tocar que se llamaban Los de Hoy. ‘Porque hoy estamos, mañana no sabemos’, nos dijeron. Creo que eso sintetizó de la mejor manera el clima de la época.
Fue un momento, pequeño. Después fue la caída de Isabel, volvieron los crímenes y volvió la muerte, pero otra muerte. Era ya la estrategia de los militares para dar un golpe”.

 

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Nuevo libro
José Pablo Feinmann acaba de publicar La filosofía y el barro de la historia, editado por Planeta, un recorrido por los principales exponentes del pensamiento occidental con un claro objetivo: comprender la historia desde el espacio de la construcción ideológica. Como afirma en el prólogo el filósofo italiano Franco Volpi, se trata de un intenso diálogo en el cual su autor “nos entrena a pensar, a plantear problemas, a poner en cuestión y a averiguar la consistencia de las convicciones según las cuales vivimos”.

 

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