2004

Página12 - 22 de febrero de 2004

 

El nombre de la bestia

Por José Pablo Feinmann

 

Con sólo veinticinco años, en 1843, con un contexto histórico que no podía sino dar de comer cotidianamente a sus deseos, con la revolución obrera de 1848 como borrasca de lo inminente, Marx publica en los Anales Franco Alemanes un texto sobre Hegel tramado por una prosa romántica en la que asoman palabras como “ignominia”, “pasión”, “corazón” y hasta “indignación” entendida como pathos esencial de la crítica, entendida, a la vez, en uno de sus aspectos centrales, como “denuncia”. El planteo era simple: para criticar revolucionariamente las ignominias de la Tierra, el hombre debía olvidar los consuelos que la religión ofrecía por medio del cielo. Este “cielo” de la Iglesia socorría los padecimientos humanos y los tornaba tolerables, condenando al hombre de la emancipación al quietismo, a la espera y la mansedumbre. Le robaba a la conciencia humana el pathos de la indignación” y la sumía en las brumas de la espera de la Promesa divina: habrá justicia, pero no en la Tierra. Marx quería la conciencia y la quería en tanto crítica, sólo la conciencia revelaba el único, verdadero escándalo: “Hay que hacer la opresión real aún más opresiva, agregándole la conciencia de la opresión”.

Página12 - 26 de diciembre de 2004

 

Dios

Por José Pablo Feinmann

 

Recuerdos de infancia. Mi infancia (que fue linda) se deslizó entre las sombras de un hecho asombroso. Era algo que no había hecho yo ni me había sucedido a mí, ya que eran pocas las cosas que me habían sucedido aún. Era algo que había sucedido mucho tiempo atrás y no a una persona, sino a un pueblo. La cuestión –en el aspecto que me incluía– radicaba en que ese pueblo era el mío, o yo pertenecía a él, o descendía de él. Era el pueblo judío. Que en mi barrio (Belgrano R), durante los años de mi infancia, los cincuenta eran, sin más, “los judíos”. Sé que esto lo narré en una novela, pero en la novela le acaece a Pablo Epstein, que no soy yo, que es un personaje de ficción al que le caen encima muchas de las cosas que a mí me cayeron durante, por decirlo así, “la vida”.