1999

Página12 - 6 de Febrero de 1999

 

El gran tema

Por José Pablo Feinmann

Si no tuviera, como tengo, un gran tema para esta nota, echaría mano a alguno de los infalibles recursos que tienen los columnistas cuando, sencillamente, no se les ocurre nada. Es decir, cuando no tienen, como yo tengo hoy, un gran tema. Estos infalibles recursos surgen del oficio, de los años, de los reflejos veloces, de una sagacidad que, al cabo, el columnista laboriosamente ha construido. El más infalible de esos recursos radica en numerar la nota. Tal cual; 1), 2), 3) 4) etcétera.

Página12 - 20 de Febrero de 1999

 

Sobre la honradez

Por José Pablo Feinmann

Días atrás estaba, como siempre, por aquí cerca, no muy lejos de mi casa: en Parque Centenario con Pasquini Durán y Horacio Embón. Se trataba de un ciclo de charlas o reportajes abiertos en los que se reúne cierta cantidad de gente, uno se sienta en un escenario, bajo una luz que le dificulta ver a esa gente que se ha reunido, y dice lo que mejor se le ocurre para extraer del oscuro mar de incertidumbres que lo traman algunas certezas, comunicables, si es posible, en un lenguaje llano, que se entienda, es decir, que no le añada a la gente una agresión más: la de no entender ni siquiera a aquellos de los que espera entender algo.

Página12 - 6 de Marzo de 1999

 

¿Y qué?

Por José Pablo Feinmann

Gilles Lipovetsky es un filósofo francés que se especializa en trazar brillantes diagnósticos sobre nuestro tiempo. Uno puede o no acordar con sus propuestas, pero sus señalamientos suelen ser impecables. O, al menos, los que se permite hacer, ya que no se mete con todo. Pero tiene un ojo especialmente certero para diagnosticar la cotidianeidad epocal. Uno de sus textos dice: "La seducción y lo efímero han llegado a convertirse en los principios organizativos de la vida moderna".

Página12 - 20 de Marzo de 1999

 

La política como guerra

Por José Pablo Feinmann

Menem ha decidido invadir Malvinas. Es decir, está tan desesperado, tan acorralado y tan henchido de soberbia como para patear cualquier tablero. Incluso el de la Constitución, que es el tablero sobre el que reposa, más que simbólicamente, la Argentina democrática. ¿Qué significa y qué tipo de acciones genera la desesperación en política?

Página12- 5 de Abril de 1999

 

La primera guerra del Siglo XXI

Por José Pablo Feinmann

El fin del siglo XX parecía culminar con una reflexión sobre el horror. Llevar a primer plano temas como Auschwitz, Hiroshima o Gulag expresaba el deseo de pensar, desde la racionalidad, las causas de esos desastres y la elaboración de las conductas que pudieran tender a evitarlos. Era admitir que este siglo había sido el más sanguinario de todos los atravesados por la raza humana –a causa de la utilización criminal de la alta tecnología– y era, también, reconocer que una reflexión profunda sobre las causas de la muerte alentaría la esperanza de iniciar el tercer milenio bajo los laboriosos imperativos de los derechos humanos, de la paz.

Página12 - 22 de Mayo de 1999

 

Corrupción y globalización

Por José Pablo Feinmann

Durante estos días tenemos otra vez sobre la mesa de los debates y las infinitas preocupaciones al tema recurrente de la corrupción. Todos sabemos que Erman González no es un jubilado más, que no habrá de quejarse, que no habrá de salir a peticionar los miércoles junto a viejitos desastrados que golpean puertas que nunca se abren. Erman es un jubilado de privilegio. Ocurre que es un jubilado que ha formado y forma parte de un gobierno que acostumbra otorgar privilegios a quienes lo sirven con inclaudicable efectividad. Esto no es nuevo. Cada vez es peor, pero no es nuevo. Una mirada hacia la tonalidad que los fines de siglo han tenido en la Argentina se vuelve, también, recurrente en estos días.

Página12  - 5 de Junio 1999

 

Otro invierno que pasar

Por José Pablo Feinmann

Hará un par de semanas (tal vez más, tal vez menos, a veces la memoria se oscurece cuando se trama con el dolor) murió un querido amigo, un tipo talentoso, una buena persona. Era asmático. Estaba en un bar, le dio un ataque, lo metieron en terapia intensiva y no despertó más. Cuando fui a su velorio y lo miré (no soy de mirar a los muertos, pero a este amigo lo miré sin merodeo alguno), era él. Era él, no su cadáver. Estaba tan sereno que pensé eso que se piensa: “Al fin descansa en paz”. O eso que se dice: “Parece dormido”.

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