1998

Página12 - Junio 1998

 

La culpa no es del futbol

Por José Pablo Feinmann

El 28 de febrero de 1994, en la isla de Capri, Jacques Derrida, Gianni Vattimo y algunos otros pensadores de fuste se reunieron para dialogar sobre un fenómeno que no estaba en discusión: el retorno de las religiones. Insisto: la cuestión no era averiguar si habían o no retornado las religiones. Esto era un hecho: sí, habían retornado. La cuestión era preguntarse por qué. De modo que aquí puede encuadrarse --en una primera y superficial mirada-- la cuestión de las calles y veredas desiertas de la Argentina cuando juega la selección. Si Nietzsche dijo: "Dios ha muerto", no importa: existe el fútbol. Si Fukuyama dijo: "La Historia llegó a su fin", no importa: el fútbol sigue.

Página12 - 18 de Mayo 1998

 

Al Garete

Por José Pablo Feinmann

Sólo unos días atrás se murió Jean-François Lyotard. Había nacido en Francia en 1924 y en 1979 publicó el libro que lo haría célebre: La condición postmoderna. Su tesis más atractiva era la de la muerte de los grandes relatos. Lyotard apuntaba sobre todo al marxismo, pero también se refería a la Ilustración, el idealismo alemán y el positivismo. Los grandes relatos eran narraciones de legitimización de la historia: siempre apuntaban a encontrarle un sentido lineal, finalista y con variados matices de satisfactoria resolución.

Página12 - 10 de Junio 1998

 

Zona de detención

Por José Pablo Feinmann


Quienes habitamos este país durante los años de la dictadura teníamos incorporado un acto cotidiano: buscar los documentos antes de salir a la calle. Es decir, verificar si los teníamos. No salir sin ellos. Podíamos ser detenidos por cualquier circunstancia. Por cualquier arbitrio. Podíamos atravesar la zona tenebrosa, kafkiana de la “averiguación de antecedentes”.

Página12 - 1998

 

"Titanic"

Por José Pablo Feinmann

El capitalismo es una filosofía política y económica del Progreso. Si, en Marx, la Historia progresa por medio de sus contradicciones dialécticas, si esas contradicciones aseguran su resolución progresiva (en tanto cada nueva forma contiene a la anterior y la supera negándola hasta llegar a ese final feliz que es la superación de los antagonismos, la sociedad genérica, sin clases, sin dominación, sin oprimidos ni opresores), en el capitalismo, por el contrario, la fe en el Progreso se alimenta de la fe en la ciencia, en la tecnología.

Página12 - Junio 1998

 

Vecinos y travestis

Por José P. Feinmann

Para toda conciencia progre el antagonismo vecinos-travestis está resuelto desde el inicio. Ya existe una serie de señalamientos político-culturales que lleva al progre a tomar partido por los travestis. Ante todo, porque los vecinos representan la imagen de la seguridad, de la propiedad privada, de la familia establecida, burguesa y "normal". Y son los que, siempre, terminan llamando a la policía. El travesti, por el contrario, es la imagen de la libertad de elección (nadie nace travesti; el travesti se hace), de lo felliniano, de lo pintoresco, de lo transgresor y hasta de la debilidad de la carencia de bienes y de protecciones judiciales y policiales. La cana quiere a los buenos vecinos y desdeña a los travestis.

Página12 - 13 de Junio 1998

 

Reflexiones Florentinas

Por José Pablo Feinmann

T.gif (67 bytes) Entre las ilustres tumbas que cobija la iglesia florentina de Santa Croce está la de Galileo Galilei. Galileo nació en 1564 y murió en 1642. Fue --en el más profundo sentido de la palabra-- un hombre renacentista. Tanto, que su osadía late en la filosofía cartesiana y aun en los laberintos gnoseológicos kantianos. Galileo representa, para siempre, la figura del hombre de ciencia que se enfrenta al mundo de las sombras del dogmatismo. Es un progresista. Incluso su abjuración esboza su grandeza. Porque la abjuración de Galileo, antes que expresar su cobardía, ha permanecido como el símbolo del poder dogmático, inquisitorial.

Página12 - Agosto 1998

 

Cuestiones con el público

Por José Pablo Feinmann

Nos hemos acostumbrado a decir que --contrariamente a lo que decía Sarmiento-- las ideas sí se matan. Se matan y mueren. No sólo mueren las ideas sino quienes las tienen. En este país, desde ciertas esencias tan inverificables como el ser nacional o el estilo de vida, se han matado tantas ideas que pareciera se ha incurrido alevosamente en el miedo a pensar. Entre los círculos intelectuales se postula que ya no hay polémicas. Desde los círculos del espectáculo se dice que la gente no quiere cosas difíciles sino entretenidas, pasatistas, livianas. Se ha delineado, incluso, a un personaje como Doña Rosa que representaría el paradigma del espectador argentino: una señora que ama lo simple, que no quiere esforzarse, que quiere siempre entretenerse, ganar premios y --aunque no los gane-- jugar.

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